El Real Madrid pasa el rodillo en Las Palmas

5ª jornada el conjunto de laso se rehabilita con una convincente victoria ante el ‘granca’

12.10.2020 | 00:22
Wiley trata de arrebatar el balón a Thompkins. Foto: Efe

Gran Canaria65

Real Madrid90

GRAN CANARIA Ferrari (10), Dimsa (8), Okoye (12), Shurna (3), Costello (11) -quinteto inicial-, Albicy (5), Burjanadze (4), Wiley (10), Santana (-), Beirán (2) y Diop.

REAL MADRID Abalde (6), Campazzo (11), Laprovittola (13), Garuba (2), Tavares (15) -quinteto titular-, Alocén (-), Deck (14), Carroll (3), Tsalikis-Vouktsevits (2), Rudy Fernández (2), Llull (10) y Thompkins (12).

Parciales 12-18; 22-26; 11-20; 20-26.

Árbitros García González, Manuel y Lucas.

Pabellón Gran Canaria Arena.

las palmas – El Real Madrid se rehizo ayer de las recientes derrotas en la competición continental pasando el rodillo una semana más en la Liga Endesa, esta vez ante un Herbalife Gran Canaria (65-90) en situación inversa, invicto en Europa, pero ya estancado en la zona roja con un preocupante 1-3 de balance.

El gigante examarillo Eddy Tavares, con 15 puntos y 5 rebotes, y el argentino Facundo Campazzo, con 11 puntos y 8 asistencias, destacaron ante un conjunto canario que apenas pudo edulcorar la derrota con los puntos de Okoye (12) y el juego interior de Costello (otros 11 y 5 rebotes).

El conjunto blanco disipó todo atisbo de relajación, con Abalde y Laprovittola como protagonistas, aunque el balance defensivo de los isleños suponía todo un bálsamo para la pizarra de Porfi Fisac, que comenzó a apurar la segunda unidad en un primer cuarto de guarismos bajos. Las muñecas empezaron a carburar en ambos equipos. Costello y Albicy se animaron al recital, mientras Llull paladeó este improvisado concurso con dos triples casi consecutivos. Del 31-28 se pasó a un elocuente 34-42 en apenas dos minutos.

El 36% en tiros de campo estaba pasando factura a la plantilla local, y para más inri, el 0-14 de parcial permitió al Real Madrid poner tierra de por medio en la reanudación (36-50). Tavares fue un tormento en la pintura, mientras Campazzo destiló su mejor repertorio como director de orquesta.