Trampolín sin muelles

Suspendidas por el covid-19 algunas de las mejores carreras del calendario aficionado que servían para medir la valía de los ciclistas, el salto al profesionalismo se complica este curso

27.03.2020 | 23:03
Iñigo Elosegui, ahora en el Movistar, ganó la edición del año pasado del Memorial Balenziaga. Foto: J. Colmenero

gasteiz – El histórico de la Subida a Gorla y el palmarés del Memorial Valenciaga dan sentido en sí mismo al ciclismo aficionado. Entre los podios de ambas pruebas, dos de las más prestigiosas del calendario amateur, se apilan un buen puñado de nombres ilustres del profesionalismo. Gorla, que tenía que disputarse mañana, y el Valenciaga, que debía celebrarse el próximo domingo, eran la aduana al profesionalismo, el salvoconducto al sueño de muchos amateurs. En Gorla vencieron Mikel Landa, Alberto Contador, Purito Rodríguez, Carlos Sastre, Omar Fraile o tiempo atrás, Julián Gorospe. En las calles de Eibar levantaron los brazos Óscar Freire, tres veces campeón del Mundo, Purito, Mikel Nieve o Iñigo Elosegui, su último conquistador, entre otros. Richard Carapaz, actual campeón del Giro, fue segundo en la edición de 2016. Iban Mayo logró la tercera plaza en 1999. La subida a Gorla y el Memorial Valenciaga trascienden.

"Quien anda en Gorla y en el Valenciaga y hace algo más, prácticamente tiene asegurado el salto al profesionalismo, pero este año no se corren por el coronavirus, así que perdemos esos referentes que servían para calibrar y examinar", subraya David Etxebarria, director del Grupo Eulen. "Son dos carreras muy importantes, cuentan mucho. La participación suele ser del más alto nivel y eso, quieras o no, marca. Los que destacan en Gorla y en el Valenciaga, que tienen mucho prestigio, son chavales a seguir, que tienen muchas opciones de ser profesionales", apunta Rubén Pérez, director del Cafés Baqué, el equipo más longevo del campo amateur.

La pandemia del coronavirus, inclemente, voraz y expansionista, ha borrado el ánimo de la Subida a Gorla y la sonrisa del Memorial Valenciaga. Tras la irrupción del covid-19 con su retorcido colmillo, siempre dispuesto a hacer presa, nada se muestra en el escaparate. Roto. Solo queda el confinamiento. Gente en las casas. Ciclistas sin carreras. "Este año va a ser muy complicado para todos. Es difícil que algún aficionado pueda subir", sugieren Etxebarria y Pérez respecto al desarrollo de un categoría que sirve de banco de pruebas y escuela para alcanzar el profesionalismo.

"El problema es que se trata de un temporada en la que, de momento, se perderán varios meses de competición. ¿Cómo se valora entonces el rendimiento de los ciclistas?", lanza Rubén Pérez, convencido de que la actual será una campaña de transición. La pérdida de puntos cardinales, de referentes como los de Gorla o el Valenciaga o la incógnita sobre la Vuelta a Bidasoa y la Vuelta a Navarra, ambas previstas para mayo, reducen la capacidad de maniobra. "Lo gordo del mundo amateur queda descartado. La consecuencia directa de ello es que pasará menos gente y más que nunca se estará a expensas de cómo se desarrolle la temporada en profesionales. Será muy complicado encontrar huecos arriba", analiza Etxebarria. "Si lo piensas detenidamente, salvo casos excepcionales, retiradas o asuntos personales, ¿cómo le dices a un corredor profesional que no tiene sitio para el próximo año si no ha podido correr prácticamente? Así que los aficionados lo tendrán peor", desliza Pérez, que asume que si de por sí abrir la puerta del profesionalismo es un asunto complejo donde intervienen numerosas variables, para el curso entrante dar con la combinación para girar el pomo es una tarea que adquiere mayor complejidad.

"HA CAMBIADO TODO" Con los ci-mientos del mundo tambaleándose y en medio de un paisaje cambiante al minuto, esquilmadas varias citas ineludibles del WorldTour, derribado el Giro y a expensas de recomponer el puzzle si el coronavirus ofrece una tregua, se propaga un ambiente de incertidumbre y provisionalidad en todos y cada uno de los vericuetos de la vida. "Nadie estaba preparado para esto", coinciden ambos técnicos, conscientes de que la parálisis del ciclismo en todo el recorrido de la cadena, provocará unos efectos que nadie es capaz de calibrar con nitidez.

"Ha cambiado todo. Los chavales no pueden salir a entrenar, así que los planes de antes no sirven de nada. En nuestro caso les pedimos tranquilidad y que no sobreentrenen. El objetivo es que pierdan lo menos posible", relata el técnico del Grupo Eulen, que estima que "la precariedad en el entrenamiento es otra variable a tener en cuenta". "Esta situación nos hará ver quién ha hecho mejor los deberes. En nuestro caso les hemos pedido que vigilen la dieta y que tengan cuidado con la cantidad de rodillo que hagan porque también te puedes pasar de rosca", destaca Rubén Pérez.

A la espera de que amaine la tempestad desatada por el coronavirus, tanto el director del Grupo Eulen como el técnico del Cafés Baqué apuntan a que la excepcionalidad de este curso se notará también en la temporada venidera. Serán los daños colaterales. "Habrá que adaptarse. Seguro que muchos ciclistas al no poder dejarse ver este año, tratarán de empezar el siguiente más fuerte y todo se acelerará", estima David Etxebarria. Para Rubén Pérez lo que es seguro es que "no existe ninguna certeza, pero esto dejará secuelas. Habrá que esperar y ver qué se puede hacer".