Mens sana in corpore confinado

20.03.2020 | 03:20
El estadounidense Caeleb Dressel, durante el último Campeonato del Mundo de Natación. Foto: Afp

La ausencia de competición y el aislamiento provocado por la pandemia de coronavirus obliga a los deportistas a redefinir objetivos y a fortalecer el aspecto psicológico ante la incertidumbre

La identidad de los deportistas de élite encierra el peso de un currículum. Los resultados, las marcas, las victorias, las conquistas, las derrotas, los éxitos o los fracasos componen y trazan en buena medida su yo ante el mundo. A ojos de la sociedad, los deportistas, los héroes modernos, no dejan de ser un palmarés. Tachonados a una vida bastante alejada de los ciudadanos comunes, atados a la consecución de logros como hilo argumental de sus biografías, la imposibilidad de competir y el aislamiento obligado para contener el coronavirus, exige a los deportistas la adecuación y redefinición de sus objetivos, un trabajo psicológico extra.

"Con el aislamiento, todos los deportistas están en las misma condiciones. Así que los que mejor se adapten, los que mejor se den un espacio, acepten la situación y no gasten energías en luchas contra fantasmas saldrán mejor parados. Tiene que saber salir de un estado de exigencia para entrar en uno de aceptación y mayor compromiso. Deberán dejarse estar y no luchar contra una situación que es incontrolable", advierte el psicólogo deportivo Carlos Ramírez ante un escenario impredecible e inaudito. El especialista entiende que los deportistas, aislados al igual que el resto de la población, deben trabajar su mente, adaptándola a las nuevas circunstancias, en las que prevalece la incertidumbre.

"Una cosa importante sería el trabajo que hay que hacer para redefinir objetivos, una de las prácticas comunes en la psicología deportiva para los deportistas de élite", describe el terapeuta, que subraya que los objetivos anteriores, ya caducados, necesitan una revisión conceptual. "Los objetivos en esta situación de reclusión y aislamiento, pasan a ser distintos. Por ejemplo, mantenerse sano y todos los pasos que has de dar cada día para conseguirlo es un objetivo". Sugiere Ramírez que hay "mantenerse en estado de observación, para estar preparado cuando aparezcan las condiciones optimas de entrenamiento y poder dar el 100% de nuevo".

Frente a un escenario inopinado –"porque no existe ningún tipo de investigación y estudio sobre personas en situación de aislamiento y menos en deportistas", destaca Ramírez–, y donde lo definitivo deja de cobrar sentido dada la velocidad de mutación para combatir la pandemia, fortalecer la psique se antoja imprescindible en estos tiempos convulsos: "La salud psicológica es muy importante, por eso también es importante saber fortalecerla. Darle muchas vueltas a la cabeza a algo eleva el nivel de estrés y a través de los corticoídes se puede resentir uno fisiológicamente, puede dañar el sistema inmunológico y causar lesiones".

Aunque el hartazgo generado por el aislamiento puede provocar la necesidad de sobre entrenar para combatir el confinamiento, Ramírez desaconseja tomar esa opción. "Otro aspecto importante es no sobre entrenar. Si hay menos opciones de entrenar en lugares apropiados, no hay que meterse demasiada caña porque puede derivar en que haya más lesiones", razona el psicólogo, que entiende que "en casos así, la psicología deportiva tiene que ofrecer espacios para ventilar todo lo emocional, como el duelo que supone perder la forma física o haber perdido la posibilidad de mostrar el nivel que tiene cada uno porque no lo va a poder mostrar".

En esa mudanza de retos, lo inmediato carece de sentido porque no habrá competiciones durante semanas, Ramírez aboga por una visión a largo plazo para observar la línea del horizonte. "Es interesante recordar que en este momento de zozobra, de confusión para toda la población, incidan en una visión a largo plazo. La psicología deportiva trabaja mucho en esa dirección: ver algo que me motiva más allá del corto o del medio plazo. Sería mirar más a qué dirección tomo, a qué tipo de deportista quiero ser dentro de 2, 4 o 10 años", considera el terapeuta, que recomienda "retomar ese objetivo más global, ese sueño, que no se ve tan amenazado por los resultados a corto plazo. Se trata de una motivación para saber hasta dónde quiero ir".

CONEXIÓN SOCIAL Con la idea de reajustar los fines, Ramírez hace hincapié en mantener la conexión social, un aspecto prioritario para mantener "sano al sistema nervioso y a la fisiología del organismo". A pesar de que el aislamiento dificulta esa cercanía, hay que lograr "mantener espacios de intimidad, de poder poner palabras y verbalizar lo que uno va experimentando con personas de confianza. Se sabe que eso regula el organismo y regula la fisiología, el sistema inmune". Las nuevas tecnologías aproximan a las personas. "Hay que tener relaciones de confianza y que lo predominante no sea la exigencia, sino relaciones que fomenten la conexión, el respeto, el valorar a las personas por encima de los resultados para poder regularse emocionalmente".

Disponer las herramientas necesarias para manejarse ante la cascada de emociones que conlleva la incertidumbre y el sentimiento de perdida, sirven a modo de antídoto ante una torbellino emocional. "Esta situación supone un duelo para toda la sociedad en general. Supone la pérdida de libertad, de poder estar con las personas que queremos, la pérdida económica y en el caso de los deportistas, el duelo que supone no poder competir y renunciar a unos sueños", describe Ramírez. "Es entonces cuando aparecen un montón de emociones: el miedo, la angustia y también a la incertidumbre, que genera mucho estrés", argumenta el especialista, que concluye: "ese es el desafío que tenemos por delante: poder vivir en la incertidumbre. Es a lo que nos tenemos que enfrentar todos". No es un asunto menor. Mens sana in corpore confinado.

"Los que mejor acepten la situación y no gasten energías en luchas contra fantasmas saldrán mejor parados"

"La salud psicológica es muy importante, por eso también es importante saber fortalecerla"

Carlos Ramírez

Psicólogo deportivo