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La última ‘playa’

El mítico campo de arena pone fin a casi 50 años de historia en el fútbol alavés

La última ‘playa’

vitoria - Nadie mejor que el hermano Ignacio Teixidor para conocer la historia deportiva del Colegio Marianistas. Por eso el encuentro previsto por DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA para abordar la desaparición de su histórico campo de fútbol de arena, el último de los de su especie en el fútbol alavés, no podía permitirse el lujo de prescindir de su figura en una inolvidable tarde de recuerdos y anécdotas en la que también participaron otros ilustres del deporte marianista. A saber: Jesús Alegría, exentrenador y exprofesor del colegio; Gonzalo de Arana, presidente de la AMPA, exalumno y exjugador; y Lutxo Osés, exentrenador y excoordinador de la sección de fútbol del club.Aunque todos ellos acumulan un buen número de vivencias y recuerdos de su particular relación con el campo de arena, es el hermano Teixi quien lleva la voz cantante del grupo. No en vano, es el más veterano de este particular sanedrín. Ha vivido desde hace décadas todo tipo de historias en este singular campo de tierra, al que hacía tiempo, asegura, le tenía que haber llegado la hora del cambio. Así y todo, está más que satisfecho de que por fin las obras hayan comenzado. “Eso sí, hasta que no vea los primeros tepes de hierba artifical puestos no me lo voy a creer”, bromea ante el resto.

Echando la vista atrás, recuerda este coordinador deportivo sus más de tres décadas de trabajo en pos de una marca, los Marias, que fuera un referente deportivo no solo en Vitoria sino en el resto del país. Una forma de vida en la que también participaron el resto de protagonistas de esta historia, quizá más en un segundo plano porque la ascendencia de Teixi era enorme. Hasta tal punto que Jesús Alegría lanza al aire una petición pública para nombrar al futuro campo de hierba artifical con el nombre de Campo Ignacio Teixidor. “Creo que es lo justo y lo menos que podemos hacer como agradecimiento a todo su trabajo y dedicación por el deporte en el colegio”, explica este antiguo profesor. El afectado trata de esquivar el protagonismos -“Hay cosas más importantes en el colegio”, se escuda-, sin embargo en el fondo muestra la ilusión de un niño por el gesto que sus compañeros de batallas quieren tener.

El campo en cuestión no cumple las medidas reglamentarias para la práctica del fútbol federado, motivo por el cual hace ya un tiempo que la Federación Alavesa le impidió disputar partidos en ese terreno. En consecuencia, el destierro a otros terrenos de Vitoria fue una constante, con la consiguiente pérdida de identidad como club. Vistas las circunstancias, el colegio ha intentado en innumerables ocasiones remodelar dicho carácter y, de paso, evitar que los chavales se marchen a otros clubs con campo reglamentario o se queden en el propio centro, aunque practicando otra modalidad deportiva. “El hecho de que hayamos tardado tantos años en hacer la reforma de girar el campo hasta lograr las medidas requeridas ha provocado que muchos jugadores se hayan ido o hayamos descendido incluso de categoría”, lamenta Lutxo Osés. Y es que en este campo han jugado equipos en las máximas categorías provinciales e incluso en la Regional Preferente, donde el propio Osés fue entrenador: “De no ser por aquel gran plantel no hubiéramos aguantado tantos años”.

Sin embargo, al final resultó inviable mantener todas las categorías y esquivar la realidad de la hierba artificial, porque no eran solo las medidas sino la calidad de la arena. El campo pasó de ser un referente en Vitoria a poco menos que una rémora con el paso del tiempo. Pasó de ser un campo considerado como “uno de los mejores” por su localización y calidad de arena a ser un barrizal donde resultaba muy difícil jugar. “Fueron muchos amagos de realizar las obras los que hicieron que poco a poco se fuera invirtiendo cada vez menos en el campo aunque no hay que olvidar que cuando la gente lo criticaba y lo comparaba con otros se olvida de que el nuestro es privado mientras que el de los demás es público”, defiende en este sentido Gonzalo de Arana.

A pesar de ello, el campo se ha ido arreglando con el paso de los años aunque únicamente en los alrededores. El rectángulo de juego se mantiene igual y lo único que ha cambiado es que antes se pintaban las líneas con cal líquida y ahora se hace con polvo, explica Teixi. También los banquillos han cambiado de forma sustancial. “Hemos pasado de ni tan siquiera tenerlos a construirlos en metal o incluso piedra. Cuando juegan hoy en día los chicos de fútbol 7 les ponemos bancos de madera pero así y todo prefieren sentarse en el suelo”, advierte con cierta incredulidad de Arana.

ÁNECDOTAS por doquier En cuanto al drenaje del terreno, todos los protagonistas aseguran que en los inicios era un campo que “chupaba bien el agua en uno de sus córners” y que “en todos sus años de vida no se ha inundado nunca”. La experiencia de Teixi , cómo no, le hace ir más allá en este sentido. “Después de una nevada el campo estaba ideal”. Quizá no tan buena salud presentaban los vestuarios del colegio, calificados por todos los usuarios de forma jocosa como “las catacumbas” debido a la oscuridad y profundidad en la que aún hoy siguen presentes. “Con la llegada del nuevo campo la idea es que los jugadores se cambien ya en el polideportivo del colegio”, se felicita Gonzalo de Arana mientras repasa junto al propio Teixi el album de fotos históricas que el colegio guarda como un tesoro. Entre esos recuerdos, se destaca un partido que se disputó en el colegio en la década de los 70. En aquel Marias jugaba el exjugador del Alavés Carlos Guevara, padre del actual jugador de la Real Sociedad B, Ander Guevara. “Fue un viernes y llenamos el colegio de papeles para que los alumnos y conocidos asistieran al partido. El campo se llenó por completo y fue uno de los recuerdos más bonitos”, reconocen los protagonostas con cierta nostalgia.

Aún con la llegada del nuevo verde será difícil que ese tipo de estampas se repitan. Gonzalo de Arana cree que “será extraño” pasear por los alrededores del campo y no acordarse de la arena, mientras que Osés se felicita al comprobar que los futuros futbolistas del colegio no se tendrán que ir a jugar a otros campos, como tuvo que hacer él mismo con un equipo de Liga Vasca en los 90. Es el fin de una época y el comienzo de otra. Un cambio inevitable pero necesario que cimentará sus futuros éxitos no en el nivel futbolístico de sus chavales sino en la calidad humana como grupo y como centro, la misma que hace casi 50 años llevan impulsando en Vitoria.