Efi Cubero despliega una poética desde la expansión silenciosa, atravesando los sentidos con una escritura que no se impone desde el estruendo, sino desde la sedimentación pausada de la memoria, con grietas donde asoma la luz de lo primario. Rizoma proyecta una antología cautivadora; como la raíz que la define, se extiende en múltiples direcciones, dibujando una cartografía de lo habitado y permanente. El poemario traza un territorio en tránsito, arraigo y deriva consciente.

Tradición francesa y esencia mediterránea

Pincelada con la tradición francesa de principios del siglo XX, la poeta retorna a la palabra su condición de revelación y misterio. Se palpan en sus versos los ecos de Baudelaire, donde brota una conciencia nacida de la herida: Sé que busco un sentido entre las pautas… Tras esta antigua sed nunca saciada/de palabras con alma/que no llenan el vaso/del dolor de la luz que las contiene.

Efi Cubero Cedida

La autora enriquece esa estirpe simbolista con una corporeidad telúrica profundamente mediterránea: la alquimia de los aromas de la miel, la jara, la retama… configurando una imaginería donde la naturaleza es la respiración misma del poema

Restituye a Mallarmé, no en la búsqueda de nombrar el mundo, sino ambiciosa, yendo más allá, con el propósito de sugerir su temblor esencial: Tan solo queda lo incomunicable/Esta forma de ser de la palabra/que tan bien conocemos/cuando regresa al tiempo del silencio. La autora enriquece esa estirpe simbolista con una corporeidad telúrica profundamente mediterránea: la alquimia de los aromas de la miel, la jara, la retama… configurando una imaginería donde la naturaleza es la respiración misma del poema.

Portada de 'Rizoma', libro de poemas de Efi Cubero

POESÍA

‘RiIZOMA’

Autor: Efi Cubero. 

Editorial: Mahalta Ediciones.

Páginas: 371

Una delicadeza que no renuncia a la hondura

La escritura de Cubero se nos antoja nacida desde una serenidad conquistada, ausente de impostación y excesos ornamentales. Incluso cuando el verso alcanza altas cotas de elaboración formal (Abrazo, un soneto perfecto) o en la precisión desnuda de los haikus (Tarde/Ya era la tarde/Tan solo era la tarde/Pero ardía), permanece en ella intacta una delicadeza que no renuncia a la hondura. El poema avanza como el agua: erosiona y sedimenta al mismo tiempo, dejando huella, modelando despaciosamente la conciencia del lector.

El silencio, el frío y la revelación interior

Rizoma participa de lo que podría llamarse una poesía total, integrando pensamiento, emoción, paisaje y memoria sin fracturarlos. El cálamo de Cubero, herramienta fáunica, botánica y sanadora como su etimología, no escribe únicamente desde la realidad, sino de la escucha de ésta, donde emerge una ética del silencio. La poeta comprende que toda palabra verdadera nace de una renuncia, de un espacio vacío donde lo indecible permanece latiendo. De ahí la importancia del blanco, de las pausas. Sorprende la sensible presencia del frío en sus versos, tornándose no solo símbolo de pureza o de clausura, siendo además delicada suspensión del tiempo, memoria congelada, conciencia de la fragilidad de la existencia. Frente a los olivares, raíces de lo terrestre y lo cálido, la nieve introduce un camino hacia lo intangible, hacia una forma de soledad escogida donde la identidad se desnuda. La blancura nevada funciona como un espacio de revelación interior, aludiendo al sujeto poético que escucha el rumor de lo perdido y la persistencia de lo inherente.

Cubero entiende al poeta como incordiador que desestabiliza las inercias colectivas para devolverle al lenguaje su verdad crítica

Resistencia ética frente al ruido

Esa tensión entre arraigo y desposesión serpentea en cada verso, construyendo una poética del umbral: entre el sosiego y el impulso, entre la permanencia y lo transitorio, entre la universalidad y la conciencia de lo extraño. Hay en Rizoma una lucidez madura cuya fuerza reside en la contención, en la capacidad de nombrar lo mínimo (rumores, aromas, tactos) y desvelarlos como signo de una experiencia universal.

La cercanía con Goytisolo se percibe en esa voluntad de resistencia ética que recorre el poemario. Cubero entiende al poeta como incordiador que desestabiliza las inercias colectivas para devolverle al lenguaje su verdad crítica. La subversión no se expresa desde la estridencia, sino desde una suerte de insumisión serena. Sus poemas interrogan el ruido mediante el silencio, respondiendo al vértigo con lentitud contemplativa.

Un legado de madurez y verdad perdurable

Ejemplo de la mejor poesía contemporánea, Rizoma no ofrece respuestas cerradas, sino una búsqueda de la autenticidad. Cada poema parece preguntarse qué permanece cuando todo lo accesorio desaparece. Y acaso ahí resida la grandeza de lo sembrado, en la capacidad para convertir la experiencia íntima en inspiración colectiva. Las raíces que se expanden bajo la tierra son también las de una memoria universal de una humanidad que necesita refugiarse en la palabra para comprender su propia intemperie.

En tiempos de superficialidad e inmediatez, propone otra temporalidad, la de la contemplación lúcida, con una poesía que no teme la complejidad de lo inconfortable ni la soledad escogida, sabedora que únicamente desde ésta puede alcanzarse una verdad perdurable. Estamos ante un legado de madurez y revelación, donde la naturaleza y la memoria dialogan con la conciencia del tiempo, donde el agua erosiona las máscaras y donde la palabra, lejos de agotarse, enfoca la luz.