Detrás del personaje Colette Gomette está la actriz, bailarina y pedagoga francesa Hélène Gustin. A Anna de Lirium le da vida la artista austriaca Tanja Simma. Ambas se vuelven a unir hoy para adueñarse del escenario del Arrazpi Berri con el montaje The One & the one.

Toda la cultura se ha visto afectada en estos dos años y medio por la situación sanitaria. ¿Cómo lo han vivido en lo profesional?

Como le pasó a todo el mundo, nuestro camino también se detuvo. Pero quisimos mantenernos positivas y aprovechamos este período extraño para dar un paso atrás y mirar de nuevo el montaje para mejorarlo, especialmente lo que tiene que ver con la precisión del tiempo, el manejo del enfoque y con las emociones fuertes.

¿Cómo está siendo volver a actuar en distintos países casi con normalidad?

¡Es un gran placer y muy conmovedor! Volvemos a tener contratos en el exterior. La alegría de actuar nuevamente frente al público es fuerte, como un salvavidas. La gente necesita ver y conocer clowns en este momento para olvidar las grandes dificultades que tenemos que soportar en la actualidad.

¿Qué se va a poder encontrar el público de Araia en este espectáculo?

H. G.: ¡Risa y luminosidad! Es otra forma de ver la vida, recuperando la ingenuidad que teníamos cuando éramos niños. El público suele quedar atrapado por el viaje emocional de nuestras clowns. Por un breve momento, la gente deja todas sus preocupaciones fuera del teatro. La nueva amistad entre Anna y Colette es turbulenta y el público, sobre todo, ríe mientras pasa por distintas emociones como la alegría, el miedo, la esperanza, la felicidad, la tristeza... La gente se identifica con las clown, tengan la edad que tengan.

T. S.: Planteamos una mirada muy intensa a los seres humanos con mucho humor y ternura. Usamos situaciones muy simples para jugar con las luchas en una amistad o relación. Es elemental y puro.

Una artista de Francia y una artista de Austria que se conocen en Brasil. ¿Fue el destino? ¿Cómo recuerda aquel encuentro?

H. G.: Cuando vi a Tanja por primera vez, me impresionó. E inmediatamente pensé que me gustaría actuar a su lado. La diferencia de tamaño de nuestros dos cuerpos ya era divertida y prometedora. También nos gustaba el hecho de venir de dos países diferentes. En cierto modo tiene un significado político. ¡Somos orgullosamente un dúo europeo!

T. S.: Fue el destino. Pasamos mucho tiempo juntas allí y cuando ella regresó a Francia antes de que yo me marchara de Brasil sentí que se formaba un agujero dentro de mí. Me di cuenta de que a partir de ese instante tenía una hermana y sabía que teníamos que buscar formas de encontrarnos de nuevo. Y lo hicimos.

Hay diferentes tipos de clown. ¿Cómo son ustedes dos?

H. G.: Venimos más del teatro que del circo. Trabajamos mucho el personaje de nuestro clown. Se vuelven muy entrañables. El público se encariña con ellas. Nuestro espectáculo es poético. Abre puertas. Damos al público diversión y poesía. Buscamos la sinceridad extrema. Credibilidad. Fantasía. Risas. Aquí y ahora.

T. S.: Algunas personas dicen que somos como Laurel & Hardy femeninas y, por supuesto, nos sentimos muy honradas cuando la gente dice eso. Y quizás haya algo de verdad en cuanto a la relación entre los personajes y también la amistad y complicidad que tenemos.

¿Qué han aprendido la una de la otra en este tiempo?

H. G.: Conocernos fue un período maravilloso. Hubo unas cuantas crisis de risa. ¡Yo descubrí que tengo reacciones francesas y Tanja austriacas! Tanja aportó su ternura al espectáculo y a la relación de nuestras dos clowns. Yo tuve que buscar el lado desagradable de Colette frente a la muy amable y tierna Anna.

T. S.: Ambas nos tuvimos que trasladar a otro lugar, por así decirlo, buscar en otros sitios y a mí me llevó mi tiempo. Mi lado tierno es mucho más grande en este dúo que en mi solo o con compañeros anteriores, y mi lado social se hace más evidente cuando estoy cerca de Hélène. Hemos aprendido mucho la una de la otra, sobre todo a comprender y defender que nuestras diferencias son nuestra mayor fortaleza. Hélène, además, tiene una gran pasión por la escritura de un espectáculo y he aprendido mucho de ella en este sentido.

Se pueden decir muchas cosas sin palabras, pero hacer todo un espectáculo, siempre parece imposible. ¿Dónde está el truco o el secreto? ¿Cómo se hace?

H. G.: Chaplin, Laurel & Hardy, Grock, entre otros, son nuestros maestros. Cuando trabajas en esto aprendes que con mover solo una parte de tu cuerpo se pueden modificar las emociones. Es un idioma. En realidad, todos hacemos esto de una manera sutil en la vida. Los hombros bajan con el engaño por ejemplo. ¡Podemos decir tantas cosas con el cuerpo y tan sutiles y profundas! En nuestro espectáculo, las situaciones son muy simples, con muy pocos accesorios. Dos sillas: una grande y una pequeña, ¿quién se sienta en cuál?

T. S.: Los payasos hablan un idioma universal: todo el mundo puede relacionarse con eso. Creo que llegamos a la gente a un nivel muy esencial: el nivel antes de que aprendiéramos a hablar, el nivel en el que interactuamos antes de ser socializados y culturizados.

Con este espectáculo, las dos han actuado en países muy diferentes. ¿En cada lugar, el público es diferente, o más o menos todo el mundo reacciona de la misma manera a los distintos momentos del espectáculo?

H. G.: La risa es universal y en este sentido el público es básicamente el mismo. La gente se ríe inmediatamente en algunos países (en América del Sur, por ejemplo), y es más difícil en otros (¡el público francés es más duro, más crítico!).

T. S.: En Austria y en Francia, el público es similar, y primero espera para ver si les gusta o no, pero sí es que sí, está al 100%. En algunos países lleva un poco más de tiempo y en otros el público está más preparado para disfrutar desde el principio. A nosotras nos gustan mucho los países latinos (risas).

En esta época de comunicación ‘online’ y de vídeos de 20 segundos, ¿será posible seguir desarrollando el teatro y el clown en la intimidad de un espacio, en contacto con el público?

H. G.: Sí, por supuesto. ¿Crees que puedes vivir sin agua? ¿Sin conocer gente, quedándote detrás de una pantalla? Eso no es humano. El ser humano es un animal social. La risa es social. Creo que todavía necesitamos y más que nunca, espacios, teatros, festivales donde podamos intercambiar, conocer gente, compartir las risas, los pensamientos, tocarnos físicamente… Este mundo de pantallas nunca reemplazará a la vida. Y si un día no podemos actuar más en los teatros, lo haremos en las calles.

T. S.: El clown no puede existir sin una audiencia real. Es muy importante ver y sentir a la gente real y viceversa. Nosotras trabajamos mucho con las emociones y esto no es posible a través de vídeos y pantallas. Afortunadamente, también después del covid, el público está comenzando a entender esto.