Jon Lasa Director de la Fundación Catedral Santa María

"El virus no nos ha doblegado, hemos seguido avanzando en todas nuestras áreas de actividad"

"Las instituciones, en estos momentos difíciles, están manteniendo su apoyo" y eso supone tener cimientos suficientes para que la labor de la Fundación Catedral Santa María, que dirige Jon Lasa, pueda seguir mirando al futuro

19.12.2020 | 23:24
Jon Lasa Director de la Fundación Catedral Santa María

Vitoria – Puede que llegue una época en la que, sobre todo los más pequeños, se hacen listas de deseos y posibles regalos. Pero Jon Lasa, como a buen seguro opina una gran mayoría, solo tiene una petición: salud. La crisis sanitaria generada por la aparición el pasado mes de marzo del covid-19 ha afectado a todos los ámbitos de la sociedad, incluida a la Catedral Santa María, que a lo largo de sus siglos de historia ha conocido muchos y variados problemas. Pero el templo, mientras sigue afianzando su recuperación y manteniendo sus puertas abiertas para todo aquel que quiera conocer su pasado y presente, mira también al futuro y lo hace con varias lecciones aprendidas a raíz del coronavirus. De hecho, Jon Lasa, máximo responsable de la Fundación Catedral Santa María, señala lo esencial que está siendo "ser flexibles e innovadores" para no caer en el tortuoso camino que está suponiendo 2020, aunque pone sobre todo el foco en la importancia y el futuro desarrollo de las herramientas digitales. "No solo en el ámbito pedagógico sino también en el cultural, creo que va a ser algo fundamental" y "un desafío".

Se va cerrando un 2020 muy complicado y extraño para todos los aspectos de la vida. ¿Cómo ha vivido este año la Catedral en los diferentes ámbitos?

–Es algo que nadie podía prever, que nos llegó a todos de sopetón. Nos ha obligado a tener una tremenda flexibilidad y a adaptarnos en cada momentos a las nuevas circunstancias. La verdad es que 2020 está siendo un año complicado, pero el virus no nos ha doblegado, no nos ha detenido, y hemos seguido avanzando en todas nuestras áreas de actividad.

Aunque en la actualidad, las obras de recuperación del templo están, en general, menos a la vista del público que en otras fases, lo cierto es que los trabajos no pueden parar. Sin embargo, ¿la pandemia ha ralentizado plazos o se han podido mantener los planes de principio de este año?

–Se ha ralentizado el final de alguna obra, como nos ha pasado con la restauración de la portada de Santa Ana. Es algo que estaba previsto para el pasado mes de agosto, pero hemos tenido que amoldar las labores, que concluirán en enero. También, la situación originada por la aparición del covid-19 nos ha retrasado algo la licitación de la última cubierta del transepto. De todas formas, también ha tenido una vertiente en positivo porque esta ralentización nos ha permitido liberar unos recursos que estaban presupuestados para obra y poder dedicarlos a lo que son las visitas y al albergue, que este año se han visto fuertemente afectadas por la pandemia y han sido deficitarias. Eso nos ha permitido traspasar partidas para evitar ese déficit que se ha producido en las visitas y el albergue.

Además, este año se han llevado a cabo las obras en el que será el nuevo espacio para usos educativos, que está situado en la calle Cuchillería 105.

–La obra está acabada. Nos falta lo que es el equipamiento interior. A pesar de la pandemia, seguimos realizando las actividades con escolares. Los talleres se han mantenido, sin perder de vista, claro, toda la normativa que está vigente. Para 2021 nos gustaría que el nuevo edificio estuviera ya en funcionamiento porque, como decía, solo falta equiparlo por dentro.

El 101...

–Sigue igual. Todos nuestros intentos de ponernos en contacto con la propietaria han sido infructuosos.

Sin salir de Cuchillería, otra de las reformas importantes que estaba prevista para esta temporada era la ampliación del albergue.

–Teníamos ya un proyecto realizado para el albergue, pero la pandemia nos va a obligar a repensarlo, sobre todo en lo que tiene que ver con aforos, zonas comunes y demás. Por eso, vamos a esperar un poco. Queremos repensar la propuesta desde todas las lecciones que estamos aprendiendo a raíz de lo que estamos viviendo. Estaríamos hablando, por ejemplo, de que haya espacios más amplios, sobre todo en lo que respecta a las zonas comunes. Justo ahora estamos en ese proceso de reformular el proyecto.

¿Están sacando más lecciones, como dice, para el funcionamiento de la Catedral?

–Sí. Por ejemplo, en las visitas, lo presencial es indispensable e insustituible. Pero, aunque ya lo veníamos percibiendo desde tiempo atrás, toda esta situación nos ha hecho ver que todo lo que son los canales digitales o virtuales tienen una potencialidad y un desarrollo al que debemos prestar mucha atención. Mira, ahora nos estamos planteando hacer visitas a colegios, digamos, de Madrid vía digital, que era algo que antes no habíamos pensado porque estábamos en el día a día de lo presencial y eso colmaba todo. La situación que estamos viviendo, sin embargo, nos ha hecho constatar que en esa vía virtual tenemos un camino que hacer, que es algo que tenemos que potenciar junto, eso sí, con el trabajo en lo presencial, claro.

De marzo a junio la Catedral estuvo cerrada, más allá de que luego también ha habido, y se siguen produciendo, límites a la movilidad y al turismo. Como consecuencia de ello es evidente que los números del templo, que siempre son muy altos, se van a resentir en este 2020.

–Sí, sí, en el balance final se va a notar. La evolución de las visitas ha sido totalmente paralela a la evolución sanitaria de la pandemia. Enero y febrero fueron excepcionales. De marzo a junio, como decías, se dio el cierre por el estado de alarma. El verano, de nuevo abiertos, fue bastante bien para las condiciones en las que estábamos. En julio estuvimos en un 60% con respecto a 2019 y en agosto un 70%. Ahora, por supuesto, se ha notado el cierre perimetral. Vamos a terminar el año, más o menos, en un 40% con respecto al año pasado, pero lo considero meritorio. No podemos perder de vista el cierre durante dos meses y medio y otros dos meses y medio en el cierre perimetral. Lo que hemos tenido que hacer es un ejercicio tremendo de flexibilidad y adaptación. En los meses de cierre, nos volcamos en esos canales virtuales de los que estábamos hablando antes con los paseos virtuales, las redes sociales y demás. Además, en junio hicimos las visitas libres para después proponer también visitas guiadas con distintos aforos. Y ahora estamos compaginando la visita guiada con la libre con audioguía. Nos hemos ido adaptando y, además, a toda velocidad.

Durante el cierre perimetral, era el momento de los y las gasteiztarras...

–Sí. Y está teniendo mucho éxito todo lo que es la realidad virtual, que es lo más novedoso, lo que hemos presentado este otoño. Está gustando mucho esa experiencia con las gafas para adentrarse en nuestro pasado.

¿Notan miedo o precaución entre la gente que acude?

–Al principio, algo sí. Sobre todo en junio y principios de julio, justo después del confinamiento. Ahora, creo que el visitante ya percibe todas las medidas que se han adoptado y que seguimos reforzando. Quien venga puede sentirse aquí seguro y tranquilo, y para eso estamos trabajando cada día.

De todas formas, el calendario no se detiene y llega un 2021 que, en estos momentos, no presenta más que incertidumbres sobre lo que va a pasar. ¿Cómo se planifica nada con respecto al próximo año cuando no hay certezas de casi nada?

–Si me permites el símil marinero, cuando el mar está en calma puedes ir recto y rápido. Pero este año tenemos mala mar y estamos capeando el temporal. Pero nuestro fin es el mismo, llevar el barco a buen puerto y estoy convencido de que lo vamos a conseguir. Tenemos para ello una gran ventaja. Las instituciones, en estos momentos difíciles, están manteniendo su apoyo. De hecho, para 2021, los presupuestos recogen unas aportaciones iguales a las de años anteriores. A partir de ahí, habrá que ir viendo. Es cuestión de, como ha sucedido este año, ir jugando con la flexibilidad de la obra para poder cubrir el déficit de visitas.

Sin embargo, en situaciones como las actuales es habitual que la sociedad y sus instituciones establezcan lo que se llama prioridades de gasto, que suele traducirse en que la cultura, y lo que con ella se relaciona, sufre y mucho. ¿Le preocupa que, como sucedió con la crisis económica de 2008, esto vuelva a repertirse tanto con respecto a la Catedral como con lo que tiene que ver con el patrimonio en general?

–En nuestro caso particular, como te comentaba, no. Las instituciones nos han mostrado su respaldo al proyecto. Creo, además, que ahora todo el mundo se da cuenta de que hay un aspecto tangible que tiene que ver con el empleo y la riqueza que genera la actividad cultural, y otro intangible que se refiere a que, sencillamente, la cultura para el ser humano es imprescindible. Esa doble importancia, cuantitativa y cualitativa, cada vez está más asumida.

Termina ahora el plan cuatrienal de actuaciones previstas hasta 2020 y, en teoría, debería empezar otro.

–Suelo decir a veces que cuando no hay evolución se hace revolución. Pero aquí hay una evolución y una transición continua y natural entre las grandes obras y las obras de mantenimiento. Vamos a seguir con esos trabajos, que ya nos son de la envergadura de antes como es lógico, pero que son muy necesarios. Y se mantendrán las visitas, la labor del albergue, la relación con nuestras catedrales europeas socias, el camino con la Universidad del País Vasco... Quizá, en los próximos años, lo que más se note sea una disminución de la obra y una potenciación de la actividad cultural.

Una actividad cultural que no se ha podido desarrollar en este tiempo.

–Hemos hecho lo que nos han permitido las circunstancias. Por ejemplo, el programa Abierto por Concierto tenía que haberse realizado con unos aforos que lo hacían imposible. Pero sí hemos podido acoger la Semana de Música Antigua, que nos dejó unas actuaciones, por cierto, maravillosas. Es evidente que nuestra confianza y esperanza está en que en 2021 podamos recuperar la normalidad en nuestra actividad cultural, pero el contexto dirá.

Lo que es claro es que cada paso que se da en este contexto de pandemia es como ir armando un puzle muy inestable. ¿Tiene que estar siendo una locura la gestión?

–Este está siendo un año muy, muy complicado. Es cierto que la Fundación es una organización pequeña y muy manejable y adaptable. Eso es un punto a favor. A nivel humano, como en tantos otros sitios, aquí también se ha instalado el teletrabajo. Ha sido una experiencia novedosa que ha funcionado bastante bien. Con todo, soy de los que opina que el trabajo presencial tiene muchos valores también. Hay que encontrar un equilibrio entre ambas fórmulas. Te decía antes que el reto es llevar el barco a puerto seguro. Bueno, y también que no se nos quede nadie por el camino, sean guías, operarios... El objetivo para 2021, en este sentido, es el mismo, que no se caiga nadie por la borda.

Ya que estamos en una época en la que se hacen muchas listas de deseos y regalos, ¿para la Catedral, qué pediría?

–Ante todo que haya salud para todo el equipo. Eso es lo primero y lo básico. A partir de ahí, nada más, porque sé que el equipo va a funcionar y tenemos los medios para ello.

¿Qué ha aprendido la Fundación de lo sucedido en estos meses?

–A ser muy flexibles, innovadores y a darle la importancia que merece al canal digital. No solo en el ámbito pedagógico sino también en el cultural, creo que va a ser una herramienta fundamental. Y va a ser un desafío para todo el sector cultural.

"Estamos repensando el proyecto de reforma del albergue desde todas las lecciones que hemos aprendido con la pandemia"

"La evolución de las visitas ha sido totalmente paralela a evolución sanitaria; vamos a terminar el año en un 40% con respecto al año pasado"

"Para 2021 nos gustaría que el nuevo edificio destinado a usos educativos estuviera en funcionamiento porque solo falta equiparlo por dentro"