Festival Internacional de Teatro

"Es una gran responsabilidad abrir el Festival Internacional de Teatro"

La compañía alavesa de danza contemporánea Larrua estrena mañana en el Principal 'Ojo de buey', una mirada onírica al mundo rural

06.10.2020 | 00:22
Helena Wilhelmsson y Aritz López, ayer en el exterior del Principal

Vitoria – "Estamos agradecidos por el trabajo, porque no nos ha faltado a lo largo del verano y estamos pudiendo recuperar algunas cosas que se suspendieron a partir de marzo. Pero también tenemos una sensación de tristeza porque somos muy conscientes de que hay compañeros y compañeras que no están en la misma situación, y va a haber proyectos que se van a quedar en el camino". Entre esas dos caras de la misma moneda, la compañía alavesa de danza contemporánea Larrua afronta esta semana un reto doble. Por un lado, estrenar su nueva producción, Ojo de buey. Por otro, inaugurar con esta espectáculo la cuadragésimo quinta edición del Festival Internacional de Teatro de Gasteiz, una entrega marcada, como todo desde hace siete meses, por la presencia del covid-19.

La cita con el público se producirá mañana a partir de las 20.30 horas sobre las tablas del Principal, centenario teatro que todavía tiene entradas disponibles para la apertura del certamen, pudiéndose conseguir por entre 16 y 10 euros. "Es una gran responsabilidad abrir el Festival Internacional de Teatro. Tenemos muchas ganas y también algo de nervios. Además, cada actuación es, en este contexto, un ejercicio de compromiso y agradecimiento con el público", apuntan los bailarines Aritz López –cofundador del grupo junto a Jordi Vilaseca- y Helena Wilhelmsson, quienes tienen claro que ese mensaje tan reiterado desde este verano de que la cultura es segura no es solo un eslogan para quedar bien y salvar taquillas, sino una realidad asentada en el trabajo que está haciendo cada día el sector, tanto desde lo público como desde lo privado y asociativo.

Más allá de la pandemia y sus consecuencias, hay que poner el foco en Ojo de buey, en una coreografía de Vilaseca que nace como desarrollo ampliado de una pieza corta anterior, Idi begi. "Al trabajar con ella y estrenarla vimos que se nos quedaban muchas cosas en el tintero que queríamos tratar y desarrollar", apunta López, un hilo del que tirar este año para dar vida a un montaje de casi una hora de duración. En la propuesta primigenia, el grupo partía de las pruebas de arrastre de bueyes, las idi probak, para recrear el vínculo entre el animal y el humano, "su fisicalidad, la jerarquia y su lenguaje en la plaza", todo ello a través de la posición del primero. Desde ese punto de partida, ahora se va más allá para lanzar "una mirada onírica al mundo rural" y a "la capacidad que tenemos de tirar siempre adelante, algo que estamos volviendo a ver ahora de manera clara con todo lo que está pasando".

Como señala Wilhelmsson, "es una pieza con una gran fisicalidad poética" en la que hablar con el público a través del cuerpo de conceptos genéricos para el ser humano pero partiendo de lo cercano, de usos y costumbres propios, del agro vasco y sus manifestaciones culturales. Ella –y no es casual que sea una mujer puesto que hasta no hace mucho en las idi probak, ellas no podían participar- se convierte en la pastora, en el ser humano en teoría libre aunque no sea así. López y Vilaseca son quienes tiran, quienes son obligados a arrastrar, todo ello en un montaje sin escenografía, donde cobra un papel especial el diseño de iluminación realizado por el también alavés David Alkorta, y los sonidos que aportan tanto la música de Bach como las huellas auditivas de las propias pruebas de bueyes.

Estos y otros elementos se unen en una obra que ha ido tomando forma de manera definitiva a lo largo de este verano gracias a la residencia que Larrua ha hecho en algunos de los escenarios de la Red Municipal de Teatros de la capital alavesa. Una labor que se ha ido completando mientras la compañía atendía a los compromisos con sus otros espectáculos en cartel. "Tras estar tres meses parados por el confinamiento, por mucho que en casa hiciésemos por estar activos, volver a actuar fue todo un reto", recuerda López, que apunta que en las primeras actuaciones "imponía ver a todo el público con mascarilla y sentado pero separado entre sí; ahora nos hemos acostumbrado, pero...". Sea en unas condiciones o en otras, la realidad es que la danza ni quiere ni puede parar. Así volverá suceder mañana.