Una paliza en balde

La suspensión indefinida de la Euroliga obligó ayer al Baskonia a emprender con caras largas el camino de vuelta a casa tras un surrealista desplazamiento a Tel Aviv

13.03.2020 | 01:06
Jugadores y técnicos de la expedición azulgrana esperan el miércoles para entrar al hotel de Tel Aviv al lado del autobús que les trasladó desde el aeropuerto. Foto: Ynetnews

vitoria – La veda se abrió el miércoles a última hora de la noche con la suspensión de las dos próximas jornadas de la Liga ACB. Golpeada por el primer caso de positivo por coronavirus en un jugador, en concreto el pívot francés Rudy Gobert (Utah Jazz), la NBA anunció de madrugada la paralización de la mejor liga del mundo. Como no podía ser de otra manera y obligada por unos acontecimientos que se precipitaron de forma vertiginosa, ayer por la mañana le llegó el turno a la Euroliga.

La máxima competición continental también ha detenido su actividad de manera indefinida ante la imparable pandemia del coronavirus que ha desatado una crisis sin precedentes en todos los ámbitos de la sociedad. Casi el planeta entero y, por ende, una ciudad diminuta como Vitoria se quedan completamente huérfanos de baloncesto hasta nuevo aviso. Se trata de un mazazo muy complicado de digerir que ha sobrevenido al Baskonia justo en medio de la tormenta de tener que verse las caras con el Maccabi –algo más que un simple club de baloncesto– en el Menora Mivtachim Arena en una velada correspondiente a la jornada 29 de la fase regular.

Ni tuvo lugar finalmente la visita azulgrana a uno de los grandes santuarios del Viejo Continente ni tampoco el resto de encuentros programados entre ayer y hoy tras la drástica determinación de suspenderse la Euroliga y la Eurocopa. A la hora que estaba programado el salto inicial en las gradas completamente vacías del templo amarillo, concretamente las 20.05, el Baskonia ya descansaba en Vitoria tras una paliza en balde de prácticamente 7.000 kilómetros. Los que separan la capital alavesa de la cosmopolita Tel Aviv y recorridos en menos de 48 horas. La comodidad de haber fletado el club para esta ocasión un vuelo chárter desde Foronda no amortigua el estupor ni el enfado de la entidad azulgrana.

Sus jugadores y cuerpo técnico no dan crédito todavía al estrambótico episodio que han vivido en unos últimos días incomprensibles. Desde que la Euroliga autorizó su viaje a Israel y quedó cancelado definitivamente ayer un partido clave de cara a sus aspiraciones de alcanzar el Top 8, todo ha resultado un sinsentido para el que no abundan las explicaciones oficiales.

El Baskonia ha sido un sujeto sin voz ni voto mientras la Euroliga miraba hacia otro lado y sucumbía al poder del Maccabi, no solo el emblema de Israel sino también uno de los equipos con más influencia en los despachos del organismo presidido por Jordi Bertomeu con su presidente Simon Mizrahi a la cabeza. El gigante hebreo ha movido los hilos a su antojo alterando sobre la marcha las reglas que rodeaban la celebración del duelo ante los macabeos. Y todo ello según las propias necesidades deportivas dada su imprescindible sed de victoria para tratar de asegurarse, en dura pugna con el CSKA, la ventaja de campo en las eliminatorias previas a la Final a Cuatro de Colonia.

¿y ahora qué? Tras descartarse la opción de trasladar la visita azulgrana a un país neutral como Serbia, Grecia o incluso Chipre, el aforo del Menora Mivtachim Arena se redujo en primera instancia a 5.000 espectadores. Más tarde, a medida que llegaban noticias cada vez más desalentadoras sobre el evidente peligro de contagio del coronavirus, la cifra quedó en 2.000. Tan solo a menos de 24 horas del salto inicial se decretó la puerta cerrada en la medida más lógica con el objetivo de preservar la salud de todos los protagonistas.

El Maccabi negoció intensamente con el Ministerio de Salud del Gobierno israelí la concesión de un permiso especial que permitió al Baskonia saltarse el cierre de fronteras decretado para los restantes viajeros procedentes de zonas comprometidas. También se topó con la negativa de varios hoteles a acoger a los miembros de la expedición, los únicos huéspedes de un Port and Blue cerrado a cal y canto para el resto de personas. El Baskonia ha permanecido aislado en él, salvo para realizar el miércoles el entrenamiento habitual previo al día del choque en el Menora Mivtachim Arena.

Que el viaje a Tel Aviv no ha sido como otros hasta ahora en la Euroliga quedó patente desde el primero momento en que jugadores, técnicos y Félix Fernández, el directivo que siempre suele acompañar al equipo en todos los viajes por Europa, pusieron los pies en suelo hebreo. Tanto a la ida como a la vuelta, ni siquiera pasaron por la terminal del Aeropuerto Internacional de Ben-Gurión para evitar el contacto con el resto de pasajeros.

Un autobús les esperó a pie de pista para trasladarles directamente a su hotel de concentración, donde la expedición tuvo que recorrer varios metros a pie al no poder circular por la estrecha calle en la que se encontraba situado. Allí aguardaban varias cámaras de televisión agolpadas a la entrada del mismo para narrar todos los detalles de una llegada alavesa que ha levantado cierta polvareda. Tras tener noticia por la mañana de la suspensión de la Euroliga, el Baskonia emprendió rápidamente el camino de vuelta hacia Vitoria. La incógnita estriba a partir de ahora en saber cómo será el día a día de un equipo sin partidos a la vista tanto en la Liga ACB como la Euroliga.

El Maccabi ha movido los hilos a su antojo cambiando sobre la marcha las reglas que han rodeado la celebración del encuentro

Jugadores y técnicos han sentido la incomodidad de un viaje de 7.000 kilómetros que los rectores europeos debieron cancelar días atrás