Olympiacos 80 - 70 Kirolbet Baskonia

Tierra de frustraciones

El Baskonia cosecha un nuevo fiasco en la pista del Olympiacos en otro partido decepcionante que retrata todos los males de la temporada

31.01.2020 | 06:23

Una nueva frustración en El Pireo, donde los estrépitos se suceden uno tras otro en los últimos lustros. Ni siquiera la versión más terrenal y vulgar del Olympiacos hizo posible ayer el adiós a una de las rachas más fatídicas desde que el Baskonia compite en la Euroliga. La triste agonía del equipo vitoriano fuera de sus fronteras en la presente temporada vivió un nuevo capítulo en tierras griegas. Caída inapelable de principio a fin y otra oportunidad de oro que se escurre de las manos para tratar de colocar el aliento a los rivales directos en pos del Top 8, un objetivo al que toca aferrarse por una cuestión de matemáticas y no por las sensaciones que emitió un maratoniano azulgrana incapaz de encontrar alguna rendija por la que discutir la supremacía local.

Porque este Baskonia golpeado por las lesiones y con carencias terribles en algunas demarcaciones puede darse alguna alegría de vez en cuando. Sin embargo, cada vez que intenta asomar la cabeza vuelve a darse de bruces contra la cruel realidad de una plantilla con excesivos bultos sospechosos. Frente a un Olympiacos asequible por todos sus poros, perdió la batalla física y nunca albergó opciones reales de gloria. El partido se le indigestó de principio a fin, en parte por el desconcierto de un timón en el que Sergi García quedó nuevamente señalado y Christon necesita más tiempo para demostrar si posee buenas hechuras para capitanear con cierta solvencia al grupo. Si el generador de juego debe ser Shengelia, el problema es mayúsculo.
 



Apenas una mísera ventaja durante cuarenta minutos -el triple de Polonara que elevó el 20-21 al marcador- frente a un Olympiacos sostenido por el oficio de Spanoulis, el dinamismo de Rubit o la intimidación del recién llegado Ellis. El Baskonia volvió a ser un constante quiero y no puedo. Siempre a rebufo de un anfitrión que enarboló la bandera de un baloncesto físico y cerró todos los caminos hacia el aro a los hombres de Ivanovic.

El Olympiacos no es lo que era víctima de sus limitados medios económicos. El paso de los años ha reducido la magia de Spanoulis. Tampoco infunde el pavor de antaño la tradicional mística de La Paz y la Amistad, más desértica y gélida que nunca ayer desencantada con la incuestionable pérdida de competitividad de un clásico de la Euroliga en horas bajas. Eran muchos los ingredientes que alimentaban el optimismo antes del salto inicial, pero el Baskonia añadió un nuevo borrón a un nefasto expediente en una capital ateniense convertida en tierras de desencantos.

 

 

Un visitante desesperante El conjunto vitoriano se agarró con uñas y dientes al partido en una primera mitad donde el Olympiacos amagó en muchas fases con el despegue sin llegar a materializar su objetivo. Ivanovic apostó de inicio por Sergi García en lugar de un Christon que recibió el bautismo en el minuto 7. El estadounidense clausuró el cuarto inicial con un triple, pero su desconocimiento de los sistemas y de los compañeros afloró más de la cuenta. La ausencia de un base dominante y con tablas volvió a lastrar las evoluciones de un Baskonia en el que Janning dio otro día más la de arena con otra espantosa carta de lanzamiento y los pívots dejaron un poso de máxima amargura por su inoperancia a la hora de generar peligro bajo los tableros.

Spanoulis volvió a ser el factor diferencial con su astucia para leer los graves desajustes defensivos azulgranas, perforar el aro desde la larga distancia o provocar el lucimiento de sus compañeros. El liderazgo del Dios griego quedó más patente si cabe ante la ausencia de última hora de Printezis, que en el calentamiento vio agravadas sus molestias en las cosquillas. En su lugar surgió la omnipresente figura de Rubit, que amargó la existencia a Shengelia con su atleticismo y versatilidad.

El pésimo arranque del tercer cuarto constituyó un problema añadido en la visita a El Pireo, donde apenas Shengelia, Shields y Stauskas estuvieron a la altura de lo exigible. Sin rayar a un nivel espectacular, el Olympiacos abrió la primera brecha importante en el marcador (50-40). En cada intento de acercamiento, sin embargo, siempre se produjo un error infantil que dificultó más si cabe la tarea de meter el miedo en el cuerpo al anfitrión heleno. Pérdidas que no venían a cuento, faltas intrascendentes a muchos metros del aro que permitieron a los locales ir a la línea, tiros liberados repelidos por el aro... Un cóctel explosivo que desembocó en otro fiasco. El Baskonia conservó finalmente el average de la ida, pero ese no es ningún consuelo para un colectivo de nuevo empequeñecido, inoperante e incapaz de disipar las dudas a la espera de que Christon y Dragic suben algo el nivel.
 

 

las claves

La película de siempre El Baskonia reincidió en los errores que le lastran durante esta campaña. Volvió a ser un equipo incapaz de generar ventajas desde el puesto de base y su trío de 'cincos' firmó la enésima actuación desesperante favoreciendo la estabilidad de un Olympiacos que, sin rayar a un nivel excelso, manejó el encuentro con una autoridad desmedida.

Los destellos de Spanoulis El Dios griego ha perdido frescura en las piernas, pero todavía conserva una mente privilegiada para saber lo que necesita su equipo en cada momento. Los chispazos del genio nacido en Larissa desarbolaron a un Baskonia frágil y caótico.