La bodega-museo de Valdelana recrea al visitante con un 'viaje' a sus orígenes

Muestra más de 400 años de historia familiar en torno al vino y al viñedo Se trata de un homenaje a la cultura de los calados de Rioja Alavesa

22.08.2021 | 00:39

laguardia – Definida como Un viaje a nuestros orígenes, la bodega-museo Valdelana, enclavada en el cruce de caminos que llevan a Laguardia y Lapuebla, es el enclave físico de esta familia desde 1615. En ese lugar elaboran sus vinos desde hace más de 400 años y allí guardan la memoria de esa actividad, junto a numerosas piezas artísticas y culturales fruto de las inquietudes de Juanje Valdelana y de su extrema sensibilidad por la historia y el arte.

La bodega-museo cuenta con una residencia rural de gran calidad y una tienda exposición de sus vinos y aceites de oliva virgen, que también elaboran. Y en esa sala que recibe a los visitantes, usando un antiguo confesionario, se accede al calado, que es donde se guarda un mundo mágico que han dividido en cuatro partes: el museo etnológico, el museo del vino, el túnel de los sentidos y la zona de catas de vino y aceite.

A la entrada del museo etnográfico es donde se encuentra la Custodia, que es la pieza más importante por su valor documental ya que en el interior hay restos de cereales del Neolítico. A través del carbono-14 se ha determinado que esos restos proceden de ese período prehistórico "y para nosotros es muy importante porque eso demuestra que el hombre estuvo ya aquí hace 7.000 años", apunta Juanje Valdelana. Esos restos aparecieron al voltear la tierra, al prepararla para cultivarla, y se encontraba en el interior de una vasija de cerámica. Y es que la agricultura y la cerámica vinieron de la mano. Además, como cuentan, fue la mujer la que desarrolló la agricultura porque el hombre salía a cazar y la mujer domesticó a los animales y trabajaba la tierra.

Más al interior del calado, en otra sala, se explica a través de paneles cómo es la Sierra Cantabria, cómo se formó en el Jurásico y cuáles fueron los primeros visos de vida: una combinación de sulfato de hierro y el oxígeno que dio lugar a los primeros seres vivos, unas algas marinas; estas se convierten en trilobites y ammonites; el trilobite se convierte en pez volador y al salir del océano se convierte en reptil. Esa es la evolución de las especies, las que han vivido en Sierra Cantabria y se representa en fósiles procedentes de Urbasa, Codés y la cordillera Cantábrica.

El primer asentamiento de ese territorio es del Paleolítico y se muestran unos sílex de ese período, y al lado otras piezas del Neolítico, con empuñaduras de madera, muestran la evolución en la zona, piezas todas localizadas al trabajar en los viñedos propiedad de la bodega. Tras salir de esa sala prehistórica, se accede a la zona celtíbera, de los siglos VI al IX antes de nuestra Era. Se exponen molinos celtíberos sobre los que se está trabajando para averiguar la tribu (berones, pelendones, etc...) de procedencia.

La siguiente sala contiene elementos a partir del siglo I antes de nuestra Era: piezas romanas, molinos y hasta restos de una batalla. Creen que es así porque no es normal que aparezcan tantas puntas de flecha y de lanza junto con tanto colgante y tantas monedas y se achaca a que hubo un contacto físico y en la batalla todo esto se desprende. Otra sala está dedicada a la cristiandad.

Museo del vino Tras el repaso histórico se entra en las galerías dedicadas al mundo del vino. Cuatro antiguos depósitos se han dejado para mostrar los tipos de suelos de Rioja, los tipos de injertos, las variedades de uvas y las enfermedades de la vid. Junto a ellas un botellero de finales de 1800, de cuando llegó la filoxera, que han conservado tal cual.

Otras dos salas están dedicadas, una a la viticultura y otra a la enología. Además, recorriendo la sala se pueden seguir cronológicamente todos los pasos que se debían dar en las bodegas.

datos

1615

Año de origen de la familia de viticultores Valdelana.

1800

Año del que data un botellero de vino que se ha conservado tal cual con el paso de los años.

el vino

y los sentidos

Cuatro lagos. La bodega tenía cuatro lagos donde fermentaba la uva, y cada uno lo ha dedicado a un sentido. Está el de la vista y para ello hay cinco blancos, cinco rosados y cinco tintos y "mostramos cómo evolucionan cronológicamente, año a año". Está olfato, donde se puede aprender el por qué de los distintos olores. También explican en qué parte de la lengua, de la boca, están las papilas gustativas, para aprender a leer el vino. Y el tacto, ya que aunque las vinos no se tocan, sólo se paladean con la lengua y con los labios, ayuda a saber la temperatura de consumo.

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