as bodeguillas de Santa Cruz de Campezo están huérfanas este año de la algarabía de la preparación de los zurracapotes y de la alegría de aguardar la llegada de las cuadrillas tras el txupinazo. Como se repite de pueblo en pueblo, este año no toca. Al que viene, más y mejor.

Pero recordar la fiesta no hace daño a nadie y son muchas las personas que estos días rememoran que el primer fin de semana de septiembre son las fiestas patronales de esta localidad, una oportunidad para la convivencia y para la fiesta con las que retomar las actividades habituales que se repiten durante el otoño, el invierno y la primavera.

Y el primer recuerdo, que es imborrable, es el arranque de las fiestas patronales, con la plaza llena de vecinos, veraneantes y visitantes; con los chiquillos corriendo de corro en corro; el transporte especial del vehículo que se adaptó para la fiesta y la música de la txaranga. Todos a la espera del pregón que se pronuncia desde el balcón de la Casa Consistorial, que es donde también se ubica la Junta Administrativa.

Pronunciada la proclama de la fiesta y lanzados los correspondientes txupinazos y confetis, una marea humana comienza el recorrido encabezados por la txaranga y los cabezudos, una larga procesión que salta a los acordes de la música y se encamina a visitar las bodeguillas que han preparado las cuadrillas, grupos de amigos y familias para degustar un vaso de vino o txakoli, sidra o el tradicional zurracapote que se prepara con motivo de estos acontecimientos.

El primer punto de parada es siempre la zona de la gasolinera, donde está el bar Isabe y la primera bodeguilla en una lonja vecina. Allí las cuadrillas se hacen fotos, saludan a los sorprendidos automovilistas y degustan las primeras bebidas de esas fiestas. Tras el largo recorrido se regresa a la plaza, donde aguarda una orquesta para los primeros bailes y para la multitudinaria danza La Era. No dura mucho, pues a las diez de la noche suele salir el primer toro de fuego, en ese caso el infantil, cuyas carreras marcan la hora de ir a cenar para después regresar al baile.

Al día siguiente, que es el sábado, además de un parque infantil en el campo de fútbol Las Cruces se suele celebrar un pasacalles con la txaranga y un homenaje a la ikurriña a cargo del grupo de danzas Ioar. Por la tarde continúa el parque infantil y a las cinco, en el circuito Camino de Inta, se suele disfrutar con una exhibición de motocross. Los más tranquilos dedican esa tarde de fiesta a contemplar los partidos de pelota en el frontón municipal. La tarde-noche se reservan a las verbenas, el baile de La Era y los toros de fuego, el último a la una de la madrugada.

El domingo, además de la misa en honor de Nuestra Señora de Ibernalo en la ermita y la ofrenda floral, vecinos y visitantes disfrutan de un nuevo pasacalles y por la tarde se reserva tiempo para las vaquillas infantiles y para actividades culturales, como conciertos, recitales y representaciones de comedias.

El lunes, además de juegos infantiles, la tradición establece que se celebre el concurso de tortillas de patata y el almuerzo popular en la plaza así como una comida infantil en el txoko. Y la tarde dedica tiempo especialmente para los niños y la verbena de los adultos.

Finalmente, el martes suelen programarse juegos populares, música y un almuerzo en la plaza. Por la tarde se lleva a cabo el último encierro de vaquillas y la degustación de txistorra y se finaliza con una traca que pone término a las celebraciones. Las fiestas, sin embargo, se prolongan al miércoles con la comida y juegos de cuadrillas en la ermita. Incluso al domingo siguiente con la tradicional romería a Ibernalo. Este año, no toca.

Historia de nuestras fiestas

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