Kepa Urigoitia Presidente del Colegio de médicos de Álava (Icoma)

"Habrá cosas que nunca sepamos, porque a la sanidad se le ha antepuesto la política en muchos casos"

06.06.2020 | 01:12
"Habrá cosas que nunca sepamos, porque a la sanidad se le ha antepuesto la política en muchos casos"

Urigoitia analiza el devenir de una crisis inédita y que ha evidenciado la necesidad de realizar "muchos cambios" en el sistema, empezando por el refuerzo de personal.

vitoria – "No estamos hablando de un magnífico sistema sanitario, sino de unos magníficos sanitarios que, a pesar de las estrecheces, están haciendo todo lo que pueden para que ese sistema salga adelante y lo haga con nota". El presidente de Icoma sintetiza en apenas una frase su sentir en torno a una gestión de la pandemia en la que, también, "se han desperdiciado muchos potenciales que podrían aportar" en favor de las iniciativas de corte político.

¿Cómo ha vivido estos ya casi tres meses de pandemia?

Ha sido una situación muy difícil, no vivida hasta ahora y no conocida ni por los más antiguos sanitarios. Que ha dejado una huella y que debe dejar un aprendizaje. Ya no sólo fue el desconocimiento de la enfermedad y su alta contagiosidad, sino que su aparición fue brusca y en un volumen importante de gente, lo cual podía colapsar los servicios sanitarios. Si a eso añadimos que los profesionales que han estado en primera línea se han encontrado, especialmente en los primeros momentos, con una escasez de medios de protección, todo ha sido mucho más complicado. Sobre todo, porque la gestión de esa escasez derivó en protocolos cambiantes, hasta el punto de que en determinados días, incluso en las Urgencias, a los profesionales se les dijo que no llevaran mascarillas porque se alarmaba a la población. Se ha hecho una gestión más que sanitaria, en base al stock. Si no hay más stockno hay más, pero siempre está la posibilidad de decir que esos medios faltan. Esa claridad no existió y se generó desconfianza. Y todo esto sin olvidar al miedo al contagio. A título personal y porque el contagio de un profesional puede implicar el contagio de un montón de pacientes y de su propia familia.

Con todo lo que ha pasado ya, ¿cuál es el sentir general dentro del colectivo de facultativos?

–El colectivo se ha sentido un poco desamparado. Ha estado desbordado, pero ha dado muestras de que el profesionalismo ha regido. Se ha demostrado claramente que los intereses de los pacientes han estado por encima de los personales, aun a riesgo de su propia salud y sus propias vidas. En la CAV no ha habido ningún médico en activo que haya muerto como consecuencia del covid, aunque jubilados sí los ha habido. Pero en el conjunto del Estado, y éstos son los últimos datos de la Organización médica colegial, han muerto por el covid 92 médicos en total, de ellos 62 en activo. Y un dato importante: esta pandemia se ha gestionado con esa mentalidad que ha regido en las últimas décadas, el hospitalocentrismo. Realmente, eso ha sido un error. Una de las lecciones de cara al futuro es que debiera haberse gestionado desde la atención primaria, porque no hubiéramos llegado a los colapsos que ha habido. Pero curiosamente, de esos 62 médicos en activo que han fallecido, 22 eran de atención primaria.

¿Esto se puede explicar por una mayor falta de medios de protección en los centros de salud?

–Bueno, si ha habido un problema de falta de material, los centros de salud lo han tenido mayor. La falta de medidas de protección se ha notado más ahí. Y también se ha notado más en unos sitios que en otros.

¿Sabe cuántos colegiados alaveses han sido positivos hasta ahora?

–Sumando la OSI Araba, la OSI Rioja y salud mental extrahospitalaria, sin contar los servicios centrales, han sido en total 105 los médicos con PCR positiva. Profesionales sanitarios en su conjunto han sido 497, a fecha de la semana pasada. Así que un 21% de los positivos confirmados han sido médicos. En todo Euskadi han sido 527.

El coronavirus tuvo precisamente en el HUA-Txagorritxu uno de sus focos primigenios a nivel local, justo lo que las autoridades sanitarias querían evitar. ¿Qué falló?

–(Se lo piensa). No es fácil. Al principio, las pruebas PCR no se las hacían a cualquiera, había que cumplir unos requisitos. En un momento concreto, e incluso fuera de protocolo, se decide hacerle la prueba a una persona que había estado fuera unos días y presentaba unos síntomas que no cuadraban. Gracias a eso, se detecta el positivo. Pero es que con anterioridad, no se hacía ninguna prueba, y sin embargo sí que había procesos que eran susceptibles. ¿Cuándo empezaron? Hablar del caso 0 es excesivamente simplista, porque hubo casos previos. Fue una actuación súper correcta, por decisión de un equipo. Si bien pudo darse algún contagio, evitó que hubiera muchísimos más. Si se hubiesen seguido los protocolos al pie de la letra, esa prueba no se habría realizado.

Y seguramente todo habría ido mucho peor.

–Hemos ido aprendiendo con el tiempo y todavía no sabemos muchísimas cosas del bichito de marras, pero hablar de un comienzo y sacar ese dedo acusador es una actitud simplista y excesivamente fácil. Porque lo que se está demostrando es que el virus tampoco empezó en China cuando se dijo que empezó. Habrá muchas cosas que no sepamos nunca, porque a la sanidad se le ha antepuesto la política en muchos casos.

¿A qué se refiere?

–Un problema de este tipo, una pandemia, es un problema sanitario. Punto. Y ese problema sanitario requiere de una serie de medidas. ¿Quién las está tomando? Los políticos. Yo personalmente, y no soy original, creo que en muchísimos casos esas medidas no han sido meramente sanitarias. Sino que se han mezclado con unas decisiones políticas que no han beneficiado el devenir de la pandemia. Y hasta aquí puedo decir.

Se ha puesto también sobre la mesa que ya partíamos de un sistema mermado por los recortes.

–Llevamos mucho tiempo diciendo que ha habido una serie de recortes y siempre se ha interpretado esto como una queja más. Hemos reivindicado muchas cosas y seguiremos haciéndolo, pero muchas, muchas, muchas de ellas son por el beneficio de la asistencia y de la población. La principal, que falta personal. Ha quedado más que claro. Si ni en una situación normal el volumen de gente contratada era suficiente, mucho menos lo es para esto. Ha habido que echar mano de todo lo que había. De voluntarios, de gente recién licenciada, de gente de otros países a la que han homologado corriendo...

Con todo este contexto, ¿cómo valora la gestión que se ha realizado posteriormente?

–Se ha ido gestionando como se ha podido. Pero todo esto ha puesto en evidencia que la capacidad de adaptación de los sanitarios es muy importante y ha puesto también de manifiesto la necesidad del médico polivalente. Se ha demostrado algo que ya veníamos diciendo desde hace mucho tiempo. No estamos hablando de un magnífico sistema sanitario, sino de unos magníficos sanitarios que, a pesar de las estrecheces, están haciendo todo lo que pueden para que ese sistema salga adelante y lo haga con nota. Su capacidad de autogestión ha servido para dar salida a esta situación y a quienes les corresponda deberán tomar nota de ello.

La presión del covid-19 ha bajado, pero ahora toca dar salida a toda esa actividad que se ha retrasado durante la pandemia. ¿Qué le espera al sistema de salud a corto plazo?

–Nos vamos encontrar con unas listas de espera que han crecido, con revisiones pendientes... Vamos a tener una sobrecarga de todo lo retrasado y los médicos están agotados. Pero agotados. Física y emocionalmente. Por muy buena capacidad de gestión y por muy buena resiliencia que uno tenga, la situación ha sido muy, muy dura. Esa gente necesita descansar, porque estamos previendo que pueda haber una nueva oleada. Tendrá que estar en condiciones para afrontarla. Si no está en condiciones, no lo va a soportar. Y si no lo soporta, pagaremos todos.

Si se produce ese rebrote, y teniendo en cuenta las ampliaciones de espacios y de camas previstas que se han llevado a cabo, ¿cree que el sistema estaría más preparado?

–Hay que hacer muchos cambios. No vale con poner espacios de sucio y de limpio, unas tabicas y ya está. O damos más pasos hacia delante o no hacemos nada. El sistema requiere de una reforma que desde luego debe tener como base la atención primaria. Y esa autogestión y ese gobierno clínico tienen que ser una realidad. Porque el que responde, el que sabe realmente cómo están las cosas, es el profesional.

¿Qué más aspectos apostaría por corregir?

–Tienen que darse muchos más pasos en el ámbito sociosanitario. Hay que analizar qué carencias se han dado en el tema asistencial y en el preventivo, porque el número de muertos en las residencias habla por sí solo. No se puede permitir que esto vuelva a ocurrir otra vez. Algo ha fallado y eso requiere darle una vuelta. He echado también mucho en falta epidemiólogos reales, que en estos casos son absolutamente imprescindibles y han sido sustituidos por los políticos. Tampoco se ha contado con los veterinarios, que tienen mucho que decir cuando hablamos de enfermedades que se transmiten de animal a persona. Son los que más saben de todo esto y han sido absolutamente invisibles. La colaboración con los colegios de médicos también ha brillado por su ausencia. No se ha contado con nosotros para nada. Y no sólo aquí, sino en todo el país. Se han desperdiciado muchos potenciales que podrían aportar. No se trata de protagonismos, se trata de sumar. Y aquí vuelvo a lo mismo. Ha habido un desequilibrio entre lo sanitario y lo político.

En relación a la desescalada, ¿estamos yendo demasiado rápido?

–Yo me estoy llevando una decepción absoluta. La gente no sabe lo que ha tenido ni sabe lo que puede tener pasado mañana. Se ven unas alegrías, ni mascarillas, ni distancias, abrazos, las terrazas... Si la gente no colabora... ¿Qué nos va pedir que hagamos?

¿Se ha abierto demasiado la mano?

–Yo reconozco que es difícil acertar y tengo muy claro que esto va a tener que ir midiéndose sobre la marcha. Tampoco podemos quedarnos en casa, porque eso no va a hacer que el virus desaparezca ni va a solucionar el problema, más allá de que ganemos tiempo para que salgan tratamientos y la vacuna. Todo esto está poniendo también de relieve que tiene que haber un parámetro único para medir el número reproductivo básico (R0), y cuando menos, a nivel de país. Porque cada autonomía ha dado los datos como ha considerado.

"El colectivo se ha sentido un poco desamparado. Ha estado desbordado, pero ha dado muestras de que el profesionalismo ha regido"

"En Txagorritxu hubo una actuación súper correcta. Si bien pudo darse algún contagio, se evitó que hubiera muchísimos más"

"El sistema requiere de una reforma que debe tener como base la atención primaria y el gobierno clínico tiene que ser una realidad"

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