Ambiente en la calle Ernestina de Champourcin

Sin perder el buen humor

Todas las tardes, tras el homenaje a los sanitarios, la música o los monólogos se adueñan de la calle Ernestina de Champourcin

27.03.2020 | 01:25
Aplausos desde una ventana en el confinamiento. Foto: Jorge Muñoz

vitoria – Todas las tardes, cuando ya se ha puesto el sol y el reloj marca las 20.00 horas, miles de gasteiztarras salen a sus ventanas, balcones y terrazas para dedicar un cálido aplauso de agradecimiento al personal sanitario que estos días está luchando contra el covid-19. En muchos casos, además, enfermando y peleando por su propia vida. Un momento emocionante y solemne a partes iguales que sirve al mismo tiempo para poner en contacto a las comunidades de vecinos de la ciudad, aisladas en sus casas en estos largos días de cuarentena y deseosas también de romper la rutina por unos minutos. Una experiencia que se extiende más allá de ese homenaje diario y en no pocos rincones de la capital alavesa, donde se da rienda suelta a la improvisación y al buen humor. Desde casa, claro.

"La gente sale a la ventana y busca un ratito para encontrarse con el otro y darse ánimos, que últimamente son necesarios. Nunca había visto a la gente de Vitoria así", apunta en declaraciones a este periódico un residente de la calle Ernestina de Champourcin, en pleno barrio de Lakua, donde la música, los cuentos o los monólogos de película brotan a diario desde los balcones, aproximadamente, entre las 20.05 y las 20.30 horas. "Ni un minuto más, porque lo peor que puede pasar es que esto sea largo. Como suele decirse, lo bueno, si breve, dos veces bueno", puntualiza. Este vecino prefiere guardar el anonimato, porque aunque pueda considerársele el impulsor de este modesto aunque variado espectáculo de entretenimiento, quiere remarcar que él no es el protagonista. "No es cosa mía, sino de todos", insiste varias veces.

Este gasteiztarra reconoce que comenzó con este ritual, coincidiendo con el inicio de la cuarentena hace ya casi dos semanas, "por hacer un poco el tonto". El primer día se le ocurrió pinchar el himno de Euskadi, ese Gora ta gora Euskadi aintza ta aintza... Pero reconoce que "no tuvo demasiado efecto". Así que comenzó a buscar "otro tipo de cosas", alternativas a la música y también con la implicación y las aportaciones del resto de su comunidad y de otros portales cercanos. Cuando le da por ahí, también se anima a contar cuentos desde el balcón, relatos que los sábados por la tarde-noche suben de tono. "Así que nos ha dado por pegarle una vuelta. Solemos utilizar monólogos de películas, motivantes, como han podido ser ya los de Un domingo cualquiera, Braveheart o Enrique V. Y los combinamos con canciones. Ayer –por este pasado martes–, por ejemplo, pusimos Sigo siendo el rey ytuvo mucho éxito. Ni reggaeton, ni nada. Está visto que lo que más motiva son los corrillos mexicanos", apunta este vecino, que desde que comenzó el confinamiento ha empezado a trabajar fuera de casa sólo en días alternos.

También este pasado martes, coincidiendo con el cumpleaños de una joven vecina, la calle se arrancó con un animado Zorionak, zuri comunitario. Otra canción que, según este vecino, "tiene mucho éxito" entre los niños es Dance Monkey, de Tones and I. Más allá de circunstancias excepcionales, desde su ventana, y para abrir boca todos los días, suena el "no muy original" Good morning, Vietnam. "Pasan cosas curiosas. Unos se ríen, otros no... Un día, alguien dijo que no está bien poner música alegre estos días, porque estamos en medio de una tragedia, pero creo que es una forma de sobrellevar la situación. Cuando murió la enfermera de Bizkaia, por ejemplo, le dedicamos una canción y el tono fue distinto", expone.

respetar el confinamiento Este vecino cambia el tono cuando salta a la conversación la falta de solidaridad de muchos vecinos estos días, que se saltan el obligado –y necesario– confinamiento para, por ejemplo, pasear a sus perros "insistentemente". "Hay gente que tiene la obsesión de salir con el perro a todas horas. Y mis hijos sufren, se molestan, porque hay gente fuera y ellos no pueden salir. A mí también me molesta mucho. Veo a los niños y no entiendo cómo no les dejan salir al menos media hora a la semana", protesta.

Aunque tampoco cuando se dan estos casos este vecino pierde la gracia que le caracteriza. "Antes pensaba en llamar a la Policía, pero he decidido darle una vuelta y ahora me lo paso mucho mejor. A los que salen muchas veces al día, que no son la mayoría pero los hay, les pongo un pasodoble torero en el altavoz. Cuando pisan la calle y pones esto, es infalible. Entre oír esa música y que algún vecino les dice que se vayan para casa... Por lo menos, se ponen un poco en evidencia", describe. Entre su arsenal futuro, este vecino se reserva ya dos coplas para este tipo de casos, La violetera y El relicario. Seguro que son mano de santo.

"La gente sale a la ventana y busca un ratito para encontrarse con el otro y darse ánimos, que últimamente son necesarios"