Llodio recupera su txarriboda en un primaveral día de San Blas

El grupo Tologorri gana el concurso de txarripatas

02.02.2020 | 06:21

Llodio - El reloj recién marcaba las once de la mañana de ayer cuando la plaza Aldai de Llodio vio entrar, a bordo de un camión-grúa, a Terencio XII: el enorme cerdo (si es hembra se le pone Tomasa, igual que los gigantes de fiestas) que protagonizó la Feria de San Blas de Laudio, que cumplía su vigésimo sexta edición. Mucho antes de que el txarri -criado en el caserío Ostenko por la familia Orueta-Respaldiza y sacrificado a puerta cerrada- llegara al recinto ferial para convertirse en el centro de atención, éste ya se encontraba abarrotado de personas dispuestas a disfrutar de una de las costumbres más típicas del caserío vasco: la txarriboda.

De hecho, la jornada amaneció primaveral y, tras varios años de ausencia por inclemencias meteorológicas, por fin el público pudo disfrutar en pleno centro urbano del trabajo de quemado, raspado y limpieza del animal. "Al no tener ya la carpa paralela, teníamos cierto miedo, pero hemos tenido suerte con el clima. Hace un día más de primavera que de invierno y la gente está más a gusto viendo los puestos, sin necesidad de paragüas; y ya lo de poder volver a hacer la txarriboda, ha sido una doble suerte. ¡Y menudo ejemplar, es muy grande!, aunque yo no sé cuanto pesará, nunca juego, me parece muy difícil", explicó Txus Corredor, portavoz de la asociación Kukutxe San Blas, organizadora del evento, en relación a la peso-quiniela. Un juego de gran aceptación que consiste en adivinar el peso del animal en canal (el récord lo marcó, en 2006, Terencio III que alcanzó los 448 kilogramos) y que tuvo lugar después de la rifa que marcó el fin de fiesta pasadas las ocho de la tarde. "Por cada apuesta se paga un euro y quien más se acerque a la cifra sin pasarse se lleva toda la recaudación", informó.

La feria también englobó en su franja vespertina dantzas con Itxarkundia, degustación de castañas y romería, que dieron continuidad a las exhibiciones matinales de deporte rural que llevaron a cabo varios harrijasotzailes. Los herri kirolak, las danzas de otro grupo local (Untzueta) y las voces de Los Arlotes entretuvieron al personal antes de que subiera al escenario la pareja de homenajeadas del día. Iratxe Larrazabal del caserío Markijana y Valentín Etxeguren de la casa Soloburu de Gardea recibieron emocionados placas con una foto de su baserri de recuerdo, txapela, pañuelo y un ramo de flores, en reconocimiento a toda una vida dedicada al duro trabajo del caserío y a la salvaguarda de las costumbres y tradiciones. "Con ellos ya son 48 los baserritarras que llevamos homenajeando. Para eso surgió esta fiesta, para que no olvidemos el pasado rural de nuestro pueblo y el duro trabajo que, aun hoy, realizan nuestros baserritarras", subrayaron desde Kukutxe.

Tampoco faltaron a la cita los miembros de la Academia del cerdo Txarriduna de Bilbao, que se encarga desde hace más de dos décadas de otro de los principales atractivos de la feria: el concurso gastronómico de txarripatas o manos de cerdo en salsa vizcaína. Ayer se presentaron 30 cazuelas, entre las que se impuso la del grupo Tologorri de Amurrio, seguida del Txoko Labelko de Arrankudiaga. "El nivel ya no tiene nada que ver con cuando empezó este concurso, ha subido mucho, no solo ya en forma de presentar, sino en la elaboración de las salsas que es el todo en este plato", aseguraron desde Txarriduna.

Morcillas y varas En la feria tampoco faltó la exhibición de elaboración de morcillas que llevaron a cabo Luisa Nogales y Esther Iturribarria, o el concurso de varas de avellano, en el que volvió a arrasar con sus palos Emilio Irazola y Edurne Álava de Okondo. "Hemos vuelto a copar los primeros puestos tanto en vara individual como en lote de tres, aunque hemos dejado el de segunda mejor vara para Iñaki Tera", señaló socarrón Irazola, en referencia a un amigo de Zaldibar. "El secreto está en saber encontrar un buen palo de avellano blanco en el monte, cortarlo y enderezarlo hasta darle forma. Un trabajo que lleva no menos de tres meses y que de 50, para concurso, te sirve uno", apuntó. En cuanto a medidas, "lo ideal es que llegue hasta el sobaco", aclaró.

En las cercanías, la txosna fue otra cita obligada para degustar un talo o un txakoli, mientras que en el céntrico puesto de cordones no daban a basto para atender a los clientes. "Por nuestra experiencia, sabemos que en un día como hoy se venderán en torno a 5.000, porque cada vez nos llega más gente", aseguró su encargada Marisa Eguia. Asimismo, la feria contó con un mercado paralelo de productos baserritarras y artesanos.