- Apenas faltaban un par de minutos para la diez de la mañana cuando el coche de Pere Pons, con guantes cubriendo sus manos y el rostro parcialmente oculto por una mascarilla, enfilaba el aparcamiento de la ciudad deportiva alavesista. Parada en la entrada para someterse a un examen de temperatura por parte de un empleado del club, que le desinfectaba las manos, le daba una botella de agua personalizada y le señalaba la zona en la que debía estacionar su vehículo, acotada y manteniendo las distancias. El centrocampista catalán salía de su coche ya vestido con la equipación para el entrenamiento y, tras abrir el maletero y calzarse junto al mismo las botas de fútbol, ponía rumbo al césped para iniciar su sesión de trabajo. Acompañado en todo momento, aunque manteniendo las distancias de seguridad, por un componente del cuerpo técnico -Asier Garitano y sus colaboradores cercanos llevaban ya una hora en la instalación preparando los circuitos y el poco material que se iba a utilizar-, fue recorriendo todo el trazado de ejercicios físicos y con balón en un periplo en el que empleó tres cuartos de hora y al que se fueron incorporando nuevos compañeros cada vez que el gerundense quemaba una etapa. Tras abandonar el terreno de juego, cambiarse en una pequeña carpa habilitada para el efecto y entregar su ropa usada en una bolsa hermética para su desinfección, a las 10.52 horas Pons enfilaba la carretera de vuelta hacia Vitoria, finiquitando de esta manera el primer día de la primera fase de la nueva normalidad que también va a afectar al mundo del fútbol y en la que ayer le tocó estrenarse a toda la plantilla del Glorioso.

La secuencia protagonizada por Pons fue la primera de una serie prácticamente idéntica de 29 futbolistas, los 24 del primer equipo y los cinco del filial -Antonio Perera, que pasó las pruebas, no se ejercitó ayer- que tendrá Garitano a sus órdenes en este reinicio del trabajo, que se extendió hasta que de las dos de la tarde el último jugador abandonó el recinto. La ciudad deportiva se dividió en dos zonas de trabajo y en ellas, alternativamente, se fueron repartiendo los jugadores, que iban llegando de forma escalonada a la instalación. En el aparcamiento de la zona superior, los destinados a ejercitarse en el campo Javier Berasaluce; el resto, se dirigieron al parking del nivel inferior y trabajaron en el campo principal, el Juan Arregui, y también en el espacio anexo al mismo detrás de la grada portátil. Una rutina física con poco balón, con la excepción de los guardametas que realizaron un trabajo más específico de portería con Juan Miguel San Román. Y cada vez que uno acababa, tocaba desinfectar el material.

La nueva normalidad del fútbol viene claramente marcada por el protocolo de LaLiga, que un observador del propio organismo se encarga de vigilar en primera persona. Quien no está debidamente acreditado, no tiene acceso al recinto. Y los horarios hay que cumplirlos al milímetro, como bien pudieron comprobar tanto Martin Aguirregabiria como Tomás Pina, obligados a esperar a que llegase su turno de entrada al haber adelantado unos minutos su llegada.

Esa obligación de distanciamiento provocó que la romería de ida hacia Ibaia se extendiese durante más de dos horas (a las diez llegó el primero y a las 12.20 lo hizo el último), lo mismo que sucedió en el camino de regreso de los jugadores a sus domicilios, que concluyó cerca de las dos. Reconocer a cada uno que iba llegando se hacía difícil por culpa de las mascarillas -Manu García bajó la ventanilla para, embozado, charlar con el par de periodistas que allí estaban de guardia siguiendo el entrenamiento desde el exterior del recinto-, ya que la insistencia de la patronal en extremar las medidas de seguridad ha sido muy clara. Higiene (desinfectantes, guantes y bolsas de plástico son también parte de los nuevos elementos indispensables), distanciamiento (las pocas conversaciones fueron desde muchos metros, como la que mantuvo Sergio Fernández con Joselu) y precaución (tras cambiarse en una pequeña carpa, los jugadores devolvían la ropa usada para su lavado) son las claves en la nueva normalidad futbolística.

45

La plantilla del Deportivo Alavés al completo regresó ayer a las instalaciones de Ibaia para su primer entrenamiento en dos meses, aunque los jugadores tuvieron que ejercitarse de manera individual en una sesión que alcanzó los 45 minutos de duración.

La plantilla del Deportivo Alavés regresó ayer a los entrenamientos y el plan de trabajo de la presente semana estará compuesto de seis sesiones desde ayer lunes hasta el sábado, con el domingo como día de descanso.

Cada futbolista, con excepción de los porteros, realizó un circuito basado en el trabajo físico y un poco de balón que duró 45 minutos

Pere Pons fue el encargado de abrir este nuevo período marcado por las medidas de protección exhaustivas y el trabajo individualizado