¿Qué pasa con el Brexit?

Bruselas intenta que Londres deje de torpedear la negociación y evitar un previsible final abrupto de la relación comercial

07.09.2020 | 18:12
El negociador jefe de la UE con el Reino Unido, Michel Barnier

Boris Johnson siempre ha querido un Brexit sin acuerdo y así lo propugnó en el referéndum (en contra de su correligionario y primer ministro David Cameron). Lo volvió a proponer en su oposición interna a Theresa May y lo planteó en la campaña electoral en la que fue elegido primer ministro.

Una vez consumada la salida británica de la UE se deben pactar las futuras relaciones comerciales entre ambas partes. Pero ahí, el "gurú particular" del premier, Dominic Cummings, a quien Johnson sigue ciegamente, se decanta firmemente por una salida abrupta y sin acuerdo alguno.

DONDE DIJE DIGO...


Su compromiso de buscar un acuerdo antes de la salida definitiva del 1 de enero de 20021 le obligó a acercar posturas en temas de vital importancia como el irlandés. Aunque no se ha llegado a un acuerdo, sí se habían adoptado ciertos compromisos para impedir una frontera física entre irlandeses que, entre otras cosas, incumpliría el acuerdo de paz de Viernes Santo.

Se había pactado que las mercancías que llegasen a Irlanda del Norte fueran supervisadas previamente en Gran Bretaña, evitando así levantar una frontera para hacerlo. Pero ahora Johnson da marcha atrás. ¿Será estrategia negociadora?

LA ESTRATEGIA DE JOHNSON


Johnson siempre ha dicho que "Brexit means Brexit" (salir significa salir) y hasta ahora lo está llevando a rajatabla. El primer ministro británico siempre amenaza con una fecha final. Pero es que además, en vez de apurar las negociaciones a medida que se acerca la fecha (31 de diciembre) lo que hace es dilatarlas. Si no es por la pandemia es porque no avanzan. Retrasan las reuniones y cuando se celebran son improductivas. Sobre todo en los temas claves.

TEMAS CLAVES DE LA NEGOCIACIÓN


Al mencionado tema irlandés, la negociación suma el de la pesca, irrenunciable para Bruselas teniendo en cuenta que la flota del Cantábrico y francesa obtiene gran parte de sus capturas en el caladero británico.

Una de las cosas de las que se siente orgullosa la UE, y ha impulsado la unión de los 27 países, es haber alcanzado unos estándares de calidad únicos en el mundo. El sello de CE en cualquier producto otorga una gran seguridad al consumidor. Para obtener esa marca es necesario cumplir también otros estándares como son los medioambientales y los de la competencia. Es decir unas reglas justas entre competidores. Pero eso no le gusta a Boris Johnson y pide estar liberado de cumplirlos.

El primer ministro británico pretende acceder al mercado comunitario sin que le afecten las reglas que deben cumplir todas las empresas de la UE, con lo que se favorecería a las mercancías que lleguen del Reino Unido en detrimento de las comunitarias.

Tampoco acepta que los conflictos que se creen en el mercado comunitario sean resueltos por los tribunales de la UE. Ni siquiera aceptan el convenio europeo de Derechos Humanos.

POSTURA DE BRUSELAS


El jefe negociador comunitario, Michel Barnier, ha sacrificado sus aspiraciones a presidir la Comisión Europea para centrarse en esta negociación. Y ya debe de estar arrepintiéndose harto de la postura británica.

Barnier, impulsor de los acuerdos con Theresa May, exhibe a pesar de todo un optimismo más allá de lo antropológico. El francés proclama, al menos hacia afuera, que todavía hay margen para el acuerdo.

El francés siempre ha puesto como premisa básica de este proceso negociador la no renuncia posterior a los acuerdos ya alcanzados, por lo que el anuncio de Johnson supone un disparo a la línea de flotación de la negociación dirigido a hundir toda posibilidad de acuerdo.

El negociador europeo declaraba al final de cada ronda de negociación que "no hay avances", "no han querido abordar con seriedad las cuestiones fundalentales", "ha sido decepcionante" o "no han querido discutir el tema". Y pese a todo, Barnier acude con esperanza a la nueva ronda de negociación con los británicos aunque consciente de que, según sus palabras, "el tiempo apremia".