Cuando el virus desmorona tu vida con 13 años

Inés Battauz sufre a diario dolores de cabeza, mareos, taquicardias o pérdidas de memoria desde que el 17 de marzo de 2021 diese positivo en coronavirus y le derivase en un covid persistente a los 13 años

27.09.2021 | 13:05
Inés Battauz y su madre, María Zucco, posan en el paseo Sarasate de Pamplona

A la entrevista Inés Battauz, pamplonesa de 13 años, acude con dolor de cabeza, dificultad para respirar y malestar general. No obstante, que se encuentra "bien" para hablar de su situación teniendo en cuenta la retahíla de síntomas que padece desde marzo de este año cuando se contagió de covid-19.

Casi a diario Inés sufre dolor de cabeza intenso, mareos, náuseas, taquicardias, dolor en el pecho, disnea, dolor muscular y de articulaciones, cambios en la temperatura corporal, erupciones en las manos, gran agotamiento al mínimo esfuerzo físico o mental, malestar general, dificultades de atención, concentración, memoria y niebla mental. Las secuelas las enumera su madre, María Zucco, que acompaña a su hija que con solo 13 años está viviendo un auténtico infierno por culpa del covid persistente.

Su voz apagada denota cansancio y resignación. Son ya 6 meses en los que los dolores, algunos de ellos insoportables, acompañan a Inés. Medio año que para una adolescente de 13 años es toda una vida. Una vida que ahora se ha parado por culpa de los síntomas que persisten y para los que los pediatras y especialistas no encuentran solución, "es algo nuevo que todavía tenemos que investigar", les dicen los facultativos que han probado sin éxito varios tratamientos.

"Mi vida está paralizada. No estoy yendo al colegio porque no tengo fuerzas y me cuesta mucho seguir las clases on line porque el covid me ha afectado a la capacidad de concentración y también tengo pérdidas de memoria. No tengo ganas de nada, a veces ni de hacer videollamadas con mis amigas y solo salgo de casa para ir al hospital", relata Inés que hace un esfuerzo por mantener la esperanza: "Nunca he pensado que no me vaya a curar, pienso que sí; aunque sé que va a ser largo y está siendo muy duro. Pero de momento lo llevo bien, aunque ya llevo 6 meses soportando mucho dolor que no se va".

Empeoran los síntomas y aparecen otros nuevos

Todo empezó el 17 de marzo de 2021. Inés no fue a clase en el colegio Carmelitas en el que cursaba 2º de ESO porque se encontraba mal, algo de dolor muscular, de cabeza y malestar general. Aunque no tenía fiebre, fue a hacerse una PCR y dio positivo. "Fue la única de la familia que se contagió, los demás nos libramos. Tuvo síntomas leves y lo pasó en casa, pensábamos que a los días lo superaría, como la mayoría, pero no ha sido así", comenta María.

Los síntomas que el coronavirus le provocó a Inés no es que no desaparecieran, sino que se fueron incrementando con el paso del tiempo. "A las semanas empecé a tener un dolor de cabeza que a veces era insoportable, no se me iba con nada. He ido muchas veces a urgencias para que me diesen algo para calmar el dolor. Me dolía muchísimo", comenta Inés con desazón.

Los síntomas persistían y además aparecieron otros nuevos pese a que la joven ya daba negativo en las pruebas que le realizaban. Vista su situación, dejó de acudir a clase en el tramo final del curso, que siguió de forma on line. "Sacó las asignaturas como pudo y esperábamos que con el verano se relajase y fuese a mejor. Pero ocurrió todo lo contrario, en junio empeoró mucho", relata su madre. Los médicos han probado con Inés varios tipos de medicación: corticoides, opiáceos, antiinflamatorios... Sin embargo, ninguno ha podido paliar el infierno en el que Inés lleva inmersa seis meses. "En verano empecé ya con pérdidas de memoria fuertes. Estuve unos días ingresada y me preguntaban que había comido hacía unas horas y no me acordaba. También me empezó un dolor en el pecho que no se me iba con la medicación".

"Estando sentada en casa hay veces que ha llegado a tener las pulsaciones a 160, que es lo que se tiene cuando se hace deporte", apunta María, que explica que le están haciendo miles de pruebas a Inés y que no descartan que esto le pueda venir de un problema autoinmune, que la covid-19 ha sacado a la luz.

Entre tanto, la vacunación iba avanzando y en agosto se empezó a vacunar a menores de edad. Las dudas rondaban la cabeza de los padres de Inés, pues no sabían si era mejor vacunarla o no. Tras consultar con los médicos, decidieron inocularle la dosis contra la covid-19: "A Inés le hicieron la ELISA y salió que no tenía anticuerpos, entonces decidimos que lo mejor era que tuviese algo de protección, por si acaso".

Sin embargo, la vacuna incrementó los síntomas y tuvo que interrumpir la rehabilitación que estaba haciendo en Navarrabiomed. "La rehabilitación eran ejercicios muy simples, cosas que antes hacía fácilmente, pero ahora no puedo", se resigna la adolescente.

Sin poder seguir las clases y con constantes visitas al médico

Inés habla y aparenta tener más de 13 años. Relata lo que le ocurre con una madurez y una precisión impropias de su edad. Pero la realidad es que la covid ha paralizado su vida en medio de la pubertad, una etapa de cambios, de aprendizaje y de evolución que en su caso se está viendo alterada por el virus.

Este curso ni siquiera ha pisado el colegio, ha dejado las clases de baile y ahora solo ve a sus amigas por videollamada. "Sus amigas se preocupan mucho y un día quedó con ellas. Volvió con un chute importante de energía, pero también muy cansada y le entró un dolor de cabeza terrible", apunta María, que puntualiza las palabras de su hija cuando a ésta le cuesta recordar.

Precisamente la capacidad de atención y las nieblas mentales están suponiendo una barrera muy grande en el día a día de Inés: "Estoy muy agradecida al colegio, porque me están poniendo todo muy fácil y se están adaptando a mi situación. Las clases las sigo por ordenador pero no soy capaz de aguantar una hora seguida de clase; me cuesta mucho retener lo que dicen los profesores y luego hay cosas que dicen que a los pocos minutos no las recuerdo".

Esta semana Inés ha tenido cinco visitas al médico. Bromea con que ya le conocen de sobra en el hospital. Su recuperación está todavía en un mar de incógnitas e incertidumbre, pero no pierde la esperanza: "Ahora tengo la vida paralizada, pero no pienso que no vaya a curarme, sé que sí, aunque va a ser largo. Tengo ganas de volver a hacer vida normal, de volver a bailar; no pido más", sentencia Inés.

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