ENER sangre rojiblanca corriendo por las venas tiene sus pros y sus contras. Lo mismo está a punto de darte un infarto en el lanzamiento de un penalti que meten un gol en una semifinal que resucita a los muertos. Sin llegar a esos extremos, lo cierto es que el Athletic, pero sobre todo el amor incondicional de su familia, propiciaron el despertar de un joven sumido en esa tierra de nadie que es el estado de coma.

Tras sufrir un traumatismo craneoencefálico en un accidente de moto, este joven de 18 años permaneció postrado en la cama de un hospital, en estado de coma, durante doce meses. "Fue dado de alta sin esperanza de recuperación", cuenta Jacinto Bátiz, el entonces jefe de la Unidad de Cuidados Paliativos del hospital San Juan de Dios de Santurtzi, donde fue ingresado el paciente. "Su familia le ponía la música que le gustaba y los partidos radiados del Athletic", recuerda. Y fue en uno de esos días de fútbol diferido a pie de cama cuando conectó con la vida, tras un año de absoluto silencio. "En una de las retransmisiones de un partido, Julen Guerrero marcó un gol y, con la apoteosis de los aficionados, el paciente gritó: Julen, gol", explica Bátiz. La cosa no quedó ahí. A partir de aquel día, "comenzó a tener contacto visual con su familia y con nosotros. Poco a poco fue recuperando el habla y se fue recuperando funcionalmente, de tal modo que pudo hacer una vida en silla de ruedas, pero disfrutando de su familia y amigos", relata.

Tras haber cuidado durante más de dos décadas a enfermos en estado de coma, Bátiz echa mano de un caso real para tratar de explicar qué se siente cuando uno está en esa especie de limbo. Al menos, qué experimentó uno de sus pacientes, que hace años permaneció varios días en coma por una complicación durante una operación. "Cuando despertó, me contó lo siguiente: No es fácil expresar la sensación tan confusa que sentí. Yo, en este trance, estaba completamente drogado, pero puedo recordar que sentí que me iba al otro lado. Me encomendé a Dios para que cuidara de mis seres queridos y noté una sensación de llamada amable a pasar una puerta que se prometía agradable. Ya no me acuerdo de más, pero estaba vivo", reproduce su relato.

No es lo habitual, pero se han dado casos como el de Terry Wallis, un paciente tetrapléjico estadounidense que volvió a hablar tras permanecer 19 años en coma. "Los medios dieron a conocer la noticia planteándonos cuestiones muy importantes. En primer lugar, para los familiares de estos enfermos y, en segundo lugar, para los profesionales que los cuidamos", rememora Bátiz. "Algunas personas se volverán a cuestionar el despertar de su familiar en coma, pese a que los médicos lo hayan desahuciado. Algunos médicos, como declaró el doctor James Zini, quien trató a Terry, pensamos que hay una gran lección que todos podemos aprender del caso: Nunca hay que perder las esperanzas de la vida porque no sabemos lo que nos aguarda".

La familia

"Las familias son quienes representan la voluntad del paciente. Cuando está diagnosticada una situación clínica de coma irreversible, la familia puede decidir mantenerle con el tratamiento todo el tiempo de su supervivencia espontánea o suspenderlo en algún momento de su curso para permitir que muera".

El paciente

"En la toma de decisión de un paciente en esta situación, además de contar con los aspectos médicos, se deberán tener muy presente las preferencias, los valores y las creencias del propio paciente y, en este caso, de sus allegados, si no disponemos del Documento de Voluntades Anticipadas. Este documento sería muy útil en estos casos".

Los médicos

"En nuestra Unidad antes de asumir los cuidados de un enfermo en coma irreversible nos entrevistamos con la familia y pactamos la adecuación del esfuerzo terapéutico. Un ejemplo podría ser no realizar una reanimación en el caso de una parada cardiorrespiratoria. Una información y comunicación adecuada, fluida y continua con la familia suele ayudar a evitar el encarnizamiento terapéutico".

Consenso

"La familia no quiere perder a su ser querido, pero tampoco desea tenerle con tratamientos inútiles, desproporcionados y que provoquen más sufrimiento que la propia situación clínica que padece. Puede producirse un consenso de criterios médicos-familiares, pero también una discordancia, incluso, entre los familiares".

Deontología

"Adecuar el esfuerzo terapéutico no es una medida eutanásica, sino una buena práctica recogida en el Código de Deontología Médica que estamos obligados a cumplir: El médico no deberá emprender o continuar acciones diagnósticas o terapéuticas sin esperanza de beneficios para el enfermo, inútiles u obstinadas. Ha de tener en cuenta la voluntad explícita del paciente a rechazar dicho tratamiento para prolongar su vida".

"Noté una sensación de llamada amable a pasar una puerta. No recuerdo más, pero estaba vivo, me contó un paciente"

"Un paciente tetrapléjico estadounidense volvió a hablar tras permanecer 19 años en coma"

Médico experto en cuidados paliativos