50 años en la diana de ETA

23.01.2022 | 07:43
El inspector de Policía Eduardo Puelles, asesinado en 2009 con una bomba lapa en su vehículo, fue uno de los últimos agentes víctimas de ETA. Foto: Efe

El informe de Lakua sobre la violencia contra guardias civiles y policías recoge testimonios que ilustran con nitidez la situación de aislamiento de agentes y familiares

Cientos de agentes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional sufrieron el terrorismo de ETA durante cinco décadas, tanto en Euskadi como en el Estado, con el añadido de un vacío social y de un olvido institucional durante décadas que ahora se intenta solventar desde algunas administraciones. Es esa la intención del Gobierno Vasco, que con el estudio presentado el pasado viernes –realizado por la Universidad de Deusto y titulado Informe sobre la injusticia padecida por los integrantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, así como sus familiares, a consecuencia del terrorismo de ETA– trata de rescatar la memoria de estas víctimas, tal y como ha hecho anteriormente con otros colectivos que sufrieron la violencia del conflicto vasco.

El informe incluye una variedad de testimonios extensos de 14 entrevistados que sufrieron la violencia de ETA por pertenecer a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o por ser familiares de agentes. Son historias que ilustran con gran nitidez la situación que vivían estos cuerpos policiales en la CAV durante décadas en las que, a la presión de la organización armada, se sumaba una situación de reclusión en los cuarteles y de vivir ocultando su identidad y profesión. Así, el documento del Ejecutivo autonómico recoge que ETA amenazaba "todos los ámbitos de vida privada y familiar, contribuyendo mediante la intimidación colectiva a que quienes integraban el cuerpo, así como por extensión a sus familias, quedasen expuestos a una situación de aislamiento social".

Los datos son reveladores: ETA asesinó en este periodo a 207 guardias civiles y a 150 policías nacionales. Además 17 familiares de agentes perdieron la vida en atentados, entre ellos 13 menores de edad. A este respecto, este estudio recién publicado identifica hasta siete vulneraciones de derechos que se dieron sistemáticamente contra estos cuerpos policiales.

Entre ellas están el derecho a la integridad física y moral, a la vida, a la libertad y seguridad, a la circulación y a la libertad de residencia, a la educación, al libre desarrollo de la personalidad y a la dignidad de las personas. Por todo ello, el informe concluye que ETA condujo "a un deterioro grave de la convivencia democrática", cobrándose "un peaje en la integridad física y moral" de las personas afectadas, lo que "no tiene cabida en una sociedad democrática, puesto que supuso la vulneración sistemática de derechos fundamentales".

Los testimonios incluidos en el texto sirven de pilar de estas conclusiones. Aunque el informe evita dar nombres y apellidos de las personas entrevistadas, todas ellas son agentes heridos en atentados o familiares de víctimas. En sus historias se repite, entre otras cuestiones, la exclusión social que sufrían quienes vivían en los cuarteles. "Durante esos años contacto con la población vasca no había. Nosotros, o en mi caso por lo menos, estábamos encerrados en lo que era el cuartel", relata un guardia civil, mientras que otro asegura haber vivido como un "furtivo" en su época en Euskadi: "Tomábamos precauciones como no colgar la ropa cerca de la ventana para que no se vieran las insignias del uniforme. Nadie nos conocía en el bloque, teníamos que andar como furtivos. Cuando la gente se relacionaba con nosotros, siempre teníamos que mentir".

Por su parte, la hija de un asesinado relata el miedo diario que se respiraba entre los familiares de los agentes. "Como todo el mundo sabe, fueron los años de plomo, unos años muy duros. Y nosotros vivíamos en Rentería. Nuestro día a día era oír continuamente atentados". En dicho contexto, los miembros de las fuerzas de seguridad del Estado estaban acostumbrados a tomar diariamente medidas de protección: "Tienes una serie de códigos. Mi padre al accionar el coche siempre me mandaba 200 o 300 metros más allá para que si pasaba algo no estuviera cerca. Eso es muy duro".

supervivientes de atentados Varias de las personas que han prestado su testimonio a este documento del Gobierno Vasco son supervivientes de atentados de ETA, que les dejaron con graves secuelas físicas y mentales. Un Policía Nacional relata cómo un miembro de ETA le disparó dos tiros: "Uno me entró por aquí y otro por aquí (se señala la zona cervical y la zona dorsal). Caí al suelo... Estaba sangrando a borbotones y me pusieron en una camilla de reanimación".

Otro agente cuenta que fue herido de gravedad por tres impactos de bala. "Cuando caes sabes, sobre todo los que llevábamos ya tres años al frente de la lucha contra ETA, que la costumbre de ellos es, cuando estás herido en situación de indefensión, rematarte". Él, por suerte logró sobrevivir. Otros muchos no tuvieron la misma suerte, como un miembro de la Policía Nacional al que dispararon al salir de casa. Según relata su hijo, "pasó cuatro meses en coma antes de fallecer; esos cuatro meses de incertidumbre fueron horribles".

Al duelo por la muerte de los seres queridos hay que sumarle la indefensión y soledad que vivían las familias después de los atentados. "No te ayuda nadie y creces con ese vacío. En el caso de nuestra familia fue mi madre quien vivió las consecuencias de todo. Nos marchamos a Huelva, porque esa es otra, encima tienes que salir corriendo. Mi madre sufrió una depresión y murió como consecuencia de ello. La recuerdo siempre enferma y llorando, No quería vivir", cuenta la hija de un guardia civil asesinado.

retos para la convivencia De cara a la convivencia y, sobre todo a la memoria, las víctimas entrevistadas para este estudio coinciden en la necesidad de trasladar al ámbito educativo la historia del terrorismo en Euskadi a través de testimonios directos a estudiantes. "Me parece fundamental. Los objetivos que perseguíamos desde el principio eran que se conociera la realidad del colectivo de víctimas y que se conociera la realidad de lo que el terrorismo ha significado para este país, que las personas jóvenes afortunadamente no han conocido", concluye una víctima.

En los 14 testimonios del informe se repite, entre otras cuestiones, la exclusión social que sufrían quienes vivían en los cuarteles

La hija de un asesinado relata el miedo diario que se respiraba en las familias: "Nuestro día a día era oír continuamente atentados"

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