Julen Madariaga: "ETA o la izquierda abertzale tienen algo que decir al enemigo español y al francés, pero también a la sociedad vasca"

06.04.2021 | 10:30
Julen Madariaga

Escrito "en los últimos 12 o 14 meses", Iulen Madariaga acaba de presentar su autobiografía, Egiari zor (Erein). Al término del acto, en el soto de la biblioteca municipal de Donostia, uno de los fundadores de ETA explicó en junio de 2014, en una conversación en un euskera que mezcla guiños a su origen vizcaino y su residencia en Iparralde, cómo fueron aquellos años, cómo evolucionó la organización armada, cómo salió de ella y cuestiones actuales como la del desarme y Después de que casi todos los fundadores de ETA "salvo Txillardegi, se fueran sin dejar nada escrito de aquello",Iulen Madariaga (Bilbao, 1932) presenta su autobiografía la revisión crítica del pasado.

Uno se enfrenta al papel en blanco, empieza a escribir sobre su trayectoria y ¿qué ocurre?

–La primera cuestión era hacer historia. Cómo y cuándo empezamos, las primeras reuniones, las primeras decisiones... Paramí, ETA y EKIN no se pueden separar. Hubo aquella trifulca con el PNV y se dijo que hala, borrón y cuenta nueva. Que íbamos a quitar todos los nombres que teníamos, también por cuestiones de seguridad, y que buscaríamos otro nombre. Era ETA. En todos los lados ya aparece cómo elegimos el nombre y demás. Me pongo con esa historia, en qué casas nos fuimos reuniendo, en la de Benito (del Valle), luego en la de mis padres...

¿Qué supone ETA en su trayectoria?

–Como he contado durante la presentación, tenía pensado ya un nombre, ETA eta biok (ETA y yo). Con eso lo digo todo. Sin poder separar, pongamos, desde los 20-21 años hasta ahora. Pero luego el secretario que me ha ayudado con el libro, Xan, vino con el título Egiari zor y dije, ¡hostia!

¿La ETA que hemos ido viendo es la que se imaginaron?

–No. De salida, teníamos previstas tres fases, tres etapas. La primera era la cultural; la segunda, la política; y la tercera, si tenía que ser y no estaba entre los primeros elementos, la del uso de la violencia ante y contra el enemigo. La primera la desarrollamos durante un tiempo antes de pasar a la segunda pero, ¿qué nos pasó? Que no imaginábamos que el enemigo iba a responder tan rápido y con tanta violencia. Esto provocó que las etapas las quemáramos más rápido. Fue más rápido de lo que esperábamos.

¿Tenía sentido continuar con esa fase armada tras la muerte de Francisco Franco?

–No sé si saben, pero ETA hizo por aquella época la que creo que es única encuesta entre todos-todos sus miembros. No recuerdo muy bien qué respuestas hubo por parte de otros miembros de ETA, pero de la mía me acuerdo vivamente: era necesario más que nunca mantener esa lucha, por si acaso.

En un momento dado, sale de esa militancia activa, de ese activismo. Ahora hay presos que salen de la cárcel y huidos que retornan ¿Cómo es el día siguiente a salir de ese activismo?

–Siempre he sido un hombre ocupado. Si no era con esto, con lo otro. Hay que vivir de algo y para eso hay que trabajar. Trabajar también para alimentar y mantener a la familia. Enseguida monté una industria en Iparralde. La aproveché para echar un cable. Por ejemplo, la mayoría de los trabajadores eran militantes de ETA.

Fue a mediados de los noventa cuando usted se desmarca no solo de la línea de ETA, sino de la de Herri Batasuna tras los asesinatos de Gregorio Ordóñez, Miguel Ángel Blanco o José Luis Caso.

–En el origen, fue especialmente difícil. Había cosas que no podía imaginar que ETA podía hacer.

¿A qué se refiere?

–Por ejemplo, que la víspera o dos días antes de una gran manifestación, pusiera un bombazo o matara a un simple teniente, a un coronel o a un guardia civil. Con aquello, la manifestación quedaba desconvocada. Recuerdo cómo en diciembre de 1998 iba a haber una manifestación espectacular, pero espectacular, y cómo en la víspera,¡damba!, sin avisar de nada a nadie. La marcha quedó desconvocada. Escribí un artículo que creo que se llamaba Yo también iba a ir o Yo también iba a estar. Algo así. Aquello se fue al carajo. Me resultaba tan difícil de entender... Yo pensaba que toda la izquierda abertzale estaba de acuerdo con aquella manifestación. ¿Cómo era posible que ETA...?

¿Cómo?

–Empecé a pensar que quizá había algún que otro topo. Sin que habláramos entre nosotros, Txillardegi escribió algo similar. Pensó en lo mismo. Aquí hay algo. No era posible que un miembro de ETA actuara así.

Desde aquel desmarque que protagonizó hasta que se aprueba Zutik Euskal Herria! pasan más de diez años. ¿Qué pensó cuando la izquierda abertzale hizo público este documento?

–Me parecía tan grave echar abajo una manifestación de aquel tipo, que no se estaban haciendo las cosas como antes, que empecé a ver a nuestra gente, después de ciertos comentarios, que no apoyaba a ETA con el mismo fervor. Esa actitud, ese biba zuek!. Se empezó a criticar y a alejar.

Hace casi tres años vivimos la Conferencia de Aiete y después está la situación actual. ¿Lo que está sucediendo se parece a la pista de aterrizaje "más digna posible" que pedía en una entrevista de hace cinco años?

–En un momento dado, me doy cuenta de que la violencia más que ayudar perjudicaba a nuestra causa. Que eso tenía que terminar. Como todos sabemos, primero ETA y luego Herri Batasuna, estaban a favor de la lucha armada. Cada vez hice con más fuerza contra eso. Fui uno de los primeros críticos y según eso he actuado.

¿Había imaginado alguna vez una entrega de armas tal y como la que vimos en enero?

–A decir verdad, no había pensado en tantos detalles. Me ha venido luego. Eso sí, esa entrega de armas jamás debe ser a Madrid o París si se quiere hacer con dignidad. Si están dentro de un gran grupo con testigos, con alguna comisión de la UE o de la ONU, de acuerdo.

Ante esta situación de bloqueo...

–Bloqueo por su parte, no por parte de los vascos.

Ante esta situación de bloqueo, ¿percibe riesgo de que se pudra la situación? Se habla de que existe un grupúsculo como Ibil que contemplaría una fase armada.

–Claro que hay riesgo. Es lo que quieren París y Madrid. El momento es muy delicado para nosotros, porque por un lado, se entiende eso, pero ¿cómo actuar para que no ocurra?

¿Cómo?

–Tengo dos cosas claras, no sé si correctamente o no. Por un lado, siguiendo el ejemplo de Catalunya, y algo menos Escocia y otro poco menos Flandes, un día tendremos que proclamar la independencia de manera unilateral. Sin preguntar nada ni a Madrid ni a París. Eso por un lado y por otro lado, políticamente e internamente, trabajar duro con Europa para lograr su apoyo.

Pero ¿cómo resolver, qué hacer con esas armas de ETA y con los presos?

–Hace poco escribí en un artículo que no ha habido en el mundo ni en la historia un conflicto serio o una guerra seria en el que se haya hecho la paz sin soltar los presos. Siempre se ha resuelto, de una manera o de otra, esta cuestión. Lo que está pasando ahora con España, y con el seguidismo total que hace Francia, chupando rueda que se suele decir, es insólito en todos los conflictos de la historia, incluso desde Persia y Grecia.

Hay gente que lo reclama y que dice que ETA se lo debe a la sociedad vasca. ¿Debe realizar una revisión ética de ETA?

–Creo que sí. Es cosa de ellos, pero tal vez ETA o la izquierda abertzale tienen algo que decir al enemigo español y al enemigo francés, pero también a la sociedad vasca. Por qué no vimos con claridad qué había que hacer en su momento, por qué hemos llevado a nuestro pueblo por este camino, provocando tanto sufrimiento. Hablo en general, sea ETA o los políticos de la izquierda abertzale. La pregunta es quién tiene que hacer autocrítica, si el enemigo o nosotros.

Cada uno tendrá su reflexión que hacer, ¿no?

–Sí, pero creo que primero aquellos. Mi posición es muy simple: ¿quién se ha metido en casa de quién? ¿Los vascos en Francia y España o los españoles y franceses en Euskal Herria? Por lo tanto, la autocrítica debe empezar por aquellos. Luego acordaremos que sí, que nosotros también hemos hecho sufrir, pero primero, aquellos.

La izquierda abertzale ostenta estos últimos tres años el mayor poder institucional de su historia. ¿Cumple sus expectativas?

–¿Por qué tres años?

Los de legislatura.

–Ah, sí, claro. Es muy poco tiempo y la liebre tendrá que salir por un lado o por otro. Rajoy y el otro pensaban que la cuestión va a reventar, que va a aparecer algo como Ibil, que es lo que quieren... Me parece que es muy peligrosa la cuestión. Es ahí donde la Comisión y el Parlamento Europeo pueden ayudar.

¿Cree factible la hipótesis de que ETA está esperando a las generales para ver si hay nuevo inquilino en La Moncloa?

–Si se hace alguna comisión internacional y como se hizo ante los verificadores una inutilización ante esos testigos, con cámaras y demás, debería hacerse cuanto antes.

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