Toni Comín Diputado del parlamento europeo y ex conseller del Govern de Carles Puigdemont

"Si alguien tiene la ilusión de que el juez belga acabará extraditándonos, creo que se llevará un disgusto"

07.03.2021 | 01:54
Toni Comín repasa el momento judicial y político del independentismo catalán, y el suyo personal tras tres años y medio en Bélgica. Foto: Cedida

El Parlamento Europeo decide mañana lunes si levanta la inmunidad de Carles Puigdemont, Toni Comín y Clara Ponsatí. Comín se muestra muy tranquilo.

Vitoria – Dice que la nostalgia del exiliado es como la humedad en la madera. Resta importancia a la decisión del pleno de este lunes, y transmite plena confianza en la justicia belga. Su evolución en Lovaina le llevó de ERC a JuntsXCat. Fue conseller de Salud, y ahora es eurodiputado y vicepresident del denominado Consell per la República. Apuesta tras el 14-F por sintetizar una hoja de ruta con Esquerra "para culminar el proceso de independencia". Y añade: "El día que España desdramatice esa posibilidad se hará un gran favor a sí misma, porque habrá recuperado la confianza en ella que ahora no tiene".

A escasas horas de ese pleno en el Parlamento Europeo, ¿los nervios son inevitables?

–No, no, lo digo sinceramente. Nervios no, porque nosotros desde el principio veíamos muy difícil por la aritmética parlamentaria ganar esta votación, y al mismo tiempo luchamos como leones hasta el último segundo para intentar obtener el mejor resultado posible. Siempre hemos dicho que si se produce una victoria será un milagro, pero no es lo mismo un voto más que un voto menos. Cada voto es políticamente muy importante. En la Comisión de Asuntos Jurídicos el suplicatorio solo consiguió un 60% de apoyos. Vamos a ver qué pasa en el pleno. Así que no hay nervios en el sentido de estar preocupados por si vamos a ganar o perder.

Dan por hecho entonces el levantamiento de la inmunidad.

–Siempre hemos visto muy difícil ganar esta votación. La primera entrevista que me hicieron como eurodiputado y me lo preguntaron ya fui muy claro al respecto. Pero que nadie se piense que estamos dando esta batalla por perdida. Si en se votase en función de principios jurídicos, arrasaríamos. El problema es que básicamente los tres grandes grupos se están dejando arrastrar por sus respectivas delegaciones españolas, haciendo por así decirlo un favor a España. El suplicatorio no se abordará jurídicamente, sino políticamente. Una prueba más, yo creo, de que hay persecución política.

Esas alianzas vuelven a erosionar aquella expectativa de que viniese una solución de Europa.

–Nunca he pensado que nos iba a resolver el conflicto político entre Catalunya y España.

Pero eso flotó en el ambiente, que podía hacer de intermediaria.

–Algunos no lo compartíamos porque ya conocíamos un poco la naturaleza de la Unión Europea. No encontrará ninguna declaración mía fiando a Europa el conflicto. Lo que sí me escandalizó fue el silencio el 1 de octubre. Y el silencio de ahora, ante la deriva autoritaria de España, lo estoy denunciando cada día en el Parlamento. Nosotros estamos exigiendo a Europa un giro rotundo en el caso español, porque contradice los principios europeos, el alma profunda europea, permitir que haya un Estado cargándose de manera descarada los principios del Estado de Derecho. Europa no se puede permitir una Turquía dentro, y algunas cosas que están pasando en España ahora mismo en nuestro entorno solo ocurren en Turquía. Como ha dicho un opinador de Newsweek esta misma semana, la gran amenaza para Europa no son ni Hungría ni Polonia, es España.

Suponiendo que eso fuese cierto, si hay indultos España se visualizaría incluso generosa.

–Si hubiese indultos, que me gustará verlos, hemos dicho siempre que es totalmente insuficiente, porque la solución, la única reparación real, es la amnistía.

¿No es una cuestión de matices?

–Para nada, la amnistía resuelve la aspiración de muchas personas, los indultos solo de unas pocas. La amnistía anula los antecedentes penales, los indultos no. La amnistía reconoce de manera explícita que ha habido un error por parte del Estado, es una reparación plena. Los indultos no, son una medida de gracia, un acto de generosidad, pero no hay un reconocimiento de que ha habido un error grave por parte del Estado español, gravísimo. Lo han puesto de manifiesto los jueces europeos, porque nuestra salida tenía la voluntad de poner a España ante un espejo. Y España ha salido muy malparada. Jueces belgas y alemanes han dicho a España que no se comporta como un Estado de Derecho. Sería un error, incluso en el caso de que hubiese una ley de amnistía, pensar que el problema de España está resuelto. Una ley de amnistía o un indulto serían la prueba de que España tiene un problema grave con la judicatura, y que ha tenido que ser el legislativo o el Ejecutivo quienes tienen que reparar un error grave del Poder Judicial, que está haciendo unas condenas totalmente infundadas, condenando por sedición a una gente que no la ha cometido, vulnerando el derecho al juez natural. Lo que hay que asegurar es que en España el Poder Judicial no abusa del Código Penal y no genera víctimas injustas e inocentes.

Si mañana se levanta su inmunidad, ¿esto puede repercutir en la decisión final de la justicia belga?

–En nada. Lo único que hace la inmunidad por definición es darle al juez el derecho a juzgarnos. Y los propios eurodiputados españoles, para justificar que van a votar a favor del suplicatorio, utilizan el argumento de que ellos no entran en el fondo de la cuestión, que no están prejuzgando nuestra inocencia o culpabilidad. Si el Parlamento dice que no entra en el fondo de la cuestión, la consecuencia lógica es que esa decisión no tiene que influir, no puede hacerlo, en la decisión del juez belga. Por cierto, la decisión del juez belga sobre Lluís Puig es en este sentido inequívoca, firme, porque no ha habido recurso, y que todo el mundo entiende que de aplicación bastante inmediata para el resto. Con lo cual, hay poco margen de duda. Si alguien tiene la ilusión de que el juez belga en nuestro caso acabará extraditándonos, creo que se llevará un disgusto.

Puigdemont es la pieza codiciada del Estado, su quebradero de cabeza.

–¿Me dice que un juez belga se dejará comprar por el Estado español?

No, digo que las maniobras del Estado no se pararán aquí.

–Es no haber entendido lo que es un Estado de Derecho como el belga. En Bélgica hay división de poderes. De entrada, el Gobierno belga no se deja chantajear por el Gobierno español, pero aunque se dejase, a los jueces les daría lo mismo. La decisión del juez belga será la que él considere al margen de lo que diga su Gobierno. Y de hecho, el primer ministro belga ha dicho públicamente en sede parlamentaria que España es un problema comparable a Hungría y Polonia. No entender que para un juez es lo mismo Puigdemont que Puig, es no entender el Estado de Derecho.

Generaron polémica unas palabras de Pablo Iglesias que les reconocía como exiliados.

–Palabras que agradecí públicamente, creo que fue muy valiente por su parte. Me escandalizó que ciertas personas de la izquierda española, como la juez Carmena, discutiese esas palabras, porque es no haber entendido nada. En el origen del exilio republicano y el nuestro está lo mismo. Antes fusilaban a la gente y ahora no pueden hacerlo, pero es la misma cultura política franquista la que ha llevado al Tribunal Supremo a inventarse un delito de sedición que no existe. Es la voluntad de utilizar un Tribunal para vengarse contra alguien porque ha hecho algo que políticamente no te gusta, saltándose el Código Penal Español, que no condena la convocatoria de referéndums ilegales. Si a la señora Carmena le parece normal la sentencia del Tribunal Supremo español con mis colegas del Gobierno catalán, deja mucho que desear. Y los hijos y nietos de los exiliados republicanos en México hicieron un manifiesto muy bonito diciendo que efectivamente nuestro caso se puede comparar a sus abuelos. A iniciativa propia, catalanes en México de tercera generación diciendo que salvando el contexto histórico sí es comparable.

¿Cómo va pesando el tiempo en ese exilio, que dura ya tres años y medio?

–Nosotros tenemos varios motivos para que no nos venza la nostalgia. El principal enemigo íntimo del exiliado es la nostalgia. Es como la humedad, que va penetrando en la madera sin que te des cuenta, pero puede acabar podrida. Hay que luchar contra la humedad cada día.

¿Y eso como se hace?

–Hay dos buenas razones. Una, política, nuestra situación aquí tiene una cierta épica, manteniendo la posición y en estado de combate permanente contra estos restos predemocráticos del Estado español, todavía muy dominantes. Con todas las victorias que hemos obtenido, judiciales y políticas. La segunda es familiar. Yo tengo una hija pequeña, una pareja, y me prometí que si ella cambiaba de ciudad, de colegio, de casa, de amigas, de lengua, porque está aquí conmigo en Flandes, lo que no iba a hacer es cambiar de padre. No podía ser que se encontrara un padre distinto que el que tenía en Barcelona. Me prometí que yo me mantendría igual. La voluntad de ser feliz la mantengo intacta. Y esto también me ayuda.

La incertidumbre forma parte de su gestión emocional.

–Aprendes a gestionar una incertidumbre descomunal. También es verdad que la covid nos ha igualado un poco, porque nosotros empezamos a vivir una parte de nuestra vida online. Las nuevas tecnologías nos permiten mantener la conexión con nuestro mundo anterior.

Un gran cambio respecto al pasado.

–Aquí sí, respecto al exilio de la República, sin duda. Salvando todas las distancias, la covid ha enfrentado al conjunto de la sociedad a vivir online una parte de las interacciones sociales. También hemos sentido que llevábamos un tiempo aprendiendo a gestionar una incertidumbre distinta, de otra naturaleza, pero incertidumbre.

Me imagino que también estará presente el recuerdo de su padre, Alfonso Comín, un militante antifranquista que pasó por prisión.

–Ah claro, mi compromiso político, ya antes de encontrarme en esta aventura tan bestia, siempre ha estado muy marcado por él. Para mí es el referente principal, con toda la humildad y modestia lo que siempre he querido es continuar el trabajo que él dejó a medias. Dedicó su vida al combate por la democracia y por la cultura en España. Una de las cosas que durante estos tres años de exilio me ha reconfortado es que mi madre tiene una conciencia muy aguda de la continuidad entre la lucha de mi padre a través del Partido Comunista y mi lucha a través de un movimiento por la independencia de Catalunya. Aunque mucha gente de la izquierda española no lo entienda.

De hecho el criterio de su madre determinó finalmente su partida al exilio. Un momento tremendo.

–Muy intenso, sí, mucho, de estos momentos que no se me olvidarán nunca. Además, estaba también mi hermano.

Hoy ya fallecido.

–Sí, fue una conversación que habíamos tenido con bastante antelación, con mi pareja, Sergi, mi madre y mi hermano. Yo quería prepararlos. Y ellos lo tenían muy claro. Pero en el momento de irse les quise hacer entender que aún estábamos a tiempo de replantear la decisión que había tomado, y me pidieron que no me replantease nada. 'La cárcel yo ya la he vivido una vez, no necesito vivirla de nuevo por motivos políticos', dijo mi madre.

En el inicio de su andadura política, usted apostó por el PSC.

–Como tanta gente. Hasta 2010, el independentismo era un 15% de la sociedad catalana, ahora es un 50%. En 2010 se entendió que la vía federal, del entendimiento con España, era una vía fracasada. Yo sigo siendo igual de izquierdas e igual de comprometido con el desarrollo democrático de España, porque creo firmemente, y en eso quizás soy una cierta excepción dentro del movimiento independentista, que la independencia de Catalunya puede ser una contribución decisiva para la democratización del Estado español.

Para eso no haría falta la independencia, solo un referéndum.

–Si España pactase un referéndum con Catalunya sería la prueba de que ha superado este nacionalismo autoritario.

Usted es amigo de Jaume Asens, hoy diputado en el Congreso por En Comú Podem, que le ayudó en su partida al exilio. ¿Cómo ve la evolución de Podemos?

–Somos muy amigos desde hace muchos años y por suerte la amistad no está condicionada a la vida política de cada uno, como tantos otros amigos que tengo. A Podemos yo le reconozco una valentía importante, porque mantener sus posiciones en relación al conflicto catalán me parece muy meritorio, porque en España pierdes muchos votos cuando dices que los de Bélgica somos exiliados y que el referéndum es la solución. Podemos no está haciendo una gran bandera de esto, pero mantiene su propuesta, y por lo tanto reconoce que en la Constitución española se puede hacer un referéndum de independencia. Valoro mucho el esfuerzo de Podemos y de Jaume Asens en reformar el delito de sedición, y están insistiendo en el tema del indulto. Si acaso se pone de manifiesto que el peso de Podemos en este Gobierno es menor del que a algunos nos gustaría. A Podemos no se le puede reprochar falta de voluntad, que la tienen, sino de capacidad de influencia. A mí me gustaría de todas maneras que se manifestasen a favor de la ley de amnistía. Creo que es el paso que les falta. Sé que consideran que es un objetivo muy poco realista, y que la reforma de la sedición y el indulto sí son viables. Pero creo que sería valiente defenderla.

Si le pregunto si con el Gobierno español hay algún tipo de contacto, me lo va a negar por sistema.

–No la hay. Y si la hubiera también diría que no la hay, pero le aseguro que no la hay. Cosa que dice poco a favor del Gobierno.

¿Qué balance hace de los resultados del 14-F?

–Al independentismo se le había recriminado que no había superado nunca el 50% de los votos emitidos y ahora ya los ha superado, con lo cual la legitimidad queda triplemente confirmada para tirar adelante sus objetivos. No podemos aceptar que se convierta la Constitución en un muro, cuando en Canadá o en Reino Unido, donde hubieran podido hacer lo mismo si hubieran querido, entendieron que había que hacer una aproximación democrática al problema.

¿Cómo se debe articular el nuevo Ejecutivo?

–Estamos trabajando para conseguir un gobierno independentista con Esquerra, Junts, y eventualmente con la CUP. De entrada es discutir sobre la posibilidad de sintetizar la hoja de ruta que ha presentado Esquerra estas elecciones para culminar el proceso de independencia, y la hoja de ruta que ha presentado Junts per Catalunya para lo mismo. Yo estoy convencido de que se pueden sintetizar en una hoja común.

¿Para un referéndum pactado que el Estado no va a aceptar?

–Pues habrá que buscar otras vías pacíficas si no podemos hacerlo como nos gustaría.

El liderazgo corresponde a Esquerra, y eso parece indicar que va a modularse la hoja de ruta.

–Esquerra consiguió condicionar muchísimo la hoja de ruta en el anterior mandato. No hay una correlación directa entre tener la presidencia de la Generalitat y decidir la hoja de ruta del Gobierno, que se tiene que acordar, y si no se acuerda, no tendría sentido hacer un Govern. Estamos prácticamente en un empate, igual que en 2017, y por tanto hay que hacer una hoja de ruta coherente con este empate.

Mucha gente piensa que convertir el 1-O en un mandato en 2021 es una huida hacia delante.

–¿Quién dice que los mandatos caducan? Esto nosotros no lo compartimos. Niego la mayor, no es una huida hacia delante, consideramos que un mandato tan importante como este no caduca, y que tenemos la obligación de encontrar el camino para hacerlo efectivo.

La covid planea sobre la legislatura catalana. ¿En qué medida condiciona la negociación? ¿Si hay acuerdo será en clave progresista?

–Mucha gente que estamos en Junts seguimos siendo igual de izquierdas que antes de estar en Junts. Junts no es la derecha, es absurdo considerar que es más de derechas que el Partido Socialista, cuando los propios electores en el CEO consideran que Junts está a la izquierda del PSC. Junts ya no es, no tiene nada que ver con la derecha catalana, porque si lo fuese yo para empezar no estaría ahí. La salida de la crisis evidentemente tiene que ser en clave de redistribución y de cohesión electoral. Mírese el programa electoral de Junts, que apuesta por el refuerzo de la sanidad pública, y por una política de lucha contra la desigualdad y contra la pobreza. Y la crisis ha generado mucha pobreza y mucha más desigualdad. En parte la república tiene esta función, hacer de Catalunya un país con niveles de igualdad de oportunidades comparables al de los países más justos de Europa. La independencia no es un fin en sí mismo. Queremos salir de España para avanzar en democracia y justicia social.

"El principal enemigo íntimo del exiliado es la nostalgia, como la humedad que va penetrando en la madera"

"Esquerra y Junts estamos prácticamente en un empate, hay que hacer una hoja de ruta coherente con ello"