El PNV recibe el plácet de Urkullu y hará oficial hoy su candidatura en la ejecutiva

El EBB lo propondrá como aspirante a lehendakari para que la Asamblea Nacional lo ratifique el 7 de marzo

13.01.2020 | 06:23
El lehendakari, Iñigo Urkullu, flanqueado por el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, y la presidenta de la ejecutiva vizcaína, Itxaso Atutxa.

Bilbao - La figura de Iñigo Urkullu es ahora mismo un valor incuestionable dentro del PNV. El actual lehendakari, que ha ganado dos veces las elecciones autonómicas y mueve una cantidad de voto importante en un territorio clave como Araba, volverá a ser propuesto hoy como candidato por parte de la ejecutiva jeltzale con vistas a los comicios que tendrán lugar en junio u octubre. El presidente de la ejecutiva del PNV, Andoni Ortuzar, ha hablado ya con Urkullu y ha recibido su plácet. Dentro de la ejecutiva, la unidad en torno a su candidatura es total. La reunión del EBB que se celebrará hoy como cada lunes en Sabin Etxea servirá para hacer oficial a nivel interno un desenlace que ya está apalabrado entre las dos partes, pero que no se ha solemnizado en público por el respeto del partido a los procesos internos. Aprovechando que la Asamblea Nacional se reunirá el miércoles, se abrirá oficialmente el proceso para la designación del lehendakari, la presidencia del Parlamento Vasco y las listas para esos comicios. La documentación se remitirá a las organizaciones municipales, y la aprobación final por parte de las bases llegará el 7 de marzo en una Asamblea Nacional. Con este calendario, el PNV tendría toda la maquinaria electoral lista por si el lehendakari decidiera situar la cita con las urnas en junio y no esperar hasta octubre.

Ortuzar ya dejó caer en la entrevista publicada ayer por este periódico que había hablado con Urkullu y solo faltaba solemnizar su proclamación en la ejecutiva de hoy. El cartel de Urkullu, asociado a una imagen de estabilidad y gestión, permite al PNV atrapar voto más allá de sus propias filas y de ámbitos abertzales, y lo sitúa en la centralidad política. Siempre se ha situado en torno a los 400.000 votos, cerca del techo del PNV. En 2012, logró 384.766 papeletas y 27 escaños. En 2016, aumentó su representación hasta los 28 asientos y 398.168 votos. En todo este tiempo ha resistido el empuje de EH Bildu (incluso aumentando la distancia en escaños) y la irrupción de Podemos.

De manera indirecta, la victoria en las municipales también lo ha reforzado. Urkullu se ha movilizado especialmente para arropar al alcalde de Gasteiz, Gorka Urtaran, consciente de que su figura mueve mucho voto en Araba. Ha hecho campaña y su tirón ha reforzado la candidatura de Urtaran. La constatación de su aceptación en Araba provocó que el PNV lo situara como cabeza de lista por ese territorio y no por Bizkaia en las autonómicas de 2016, para maximizar este efecto y, de paso, escenificar un alto grado de compromiso con ese herrialde en paralelo a otras medidas que se tomaron como renovar el canon de capitalidad para Gasteiz.

Araba es un territorio decisivo porque su nivel de población es bajo, pero se reparten los mismos escaños que en Bizkaia y Gipuzkoa, un total de 25, de manera que cualquier fluctuación por pequeña que sea en Araba se traduce rápidamente en un escaño arriba o abajo. Es un territorio, además, más volátil electoralmente y es especialmente complicado para los jeltzales, aunque su presencia se ha ido consolidando. Una muestra de la incidencia que tiene la figura de Urkullu se aprecia en que el PP lo ha fijado también como rival a batir. Al hilo de la sentencia del caso De Miguel, aunque el partido queda exonerado por no haberse beneficiado de ni un céntimo de esa trama, el PP ha señalado directamente al lehendakari por haber sido el presidente del PNV cuando se conoció el caso. En aquel momento, pidió el carné de partido a los acusados y exhibió tolerancia cero, de manera que el PNV entiende que las críticas no tienen recorrido y tampoco le han ocasionado un gran perjuicio político.

A la espera de esta confirmación, el lehendakari ha jugado al despiste para evitar un pronunciamiento categórico en público que se interprete como una vulneración de los procesos internos del PNV. No obstante, su entorno también confirma que no existen razones políticas ni personales que lo animen a dar un paso atrás y retirarse. Urkullu, que intenta conciliar al máximo su vida institucional y familiar, confesó en los primeros compases de su mandato lo difícil que le resultó en los inicios comunicar su decisión de optar a la Lehendakari-tza a sus allegados, pero ha llovido desde 2012 y su trayectoria institucional está consolidada y es habitual verlo además en compañía de su esposa en algunos actos.

A la espera de que todo el proceso interno acabe el 7 de marzo, Urkullu se dispone a repetir como candidato en las elecciones tras un final de legislatura que se prevé plácido, con los Presupuestos aprobados tras el acuerdo con Elkarrekin Podemos. Es probable que el partido morado se desmarque en algunos asuntos para preservar cierto perfil, aunque no se prevén grandes convulsiones para el lehendakari. La principal patata caliente ahora mismo es la reforma de la renta de garantía de ingresos, porque todo lo referido al nuevo estatus de autogobierno va a quedar para la siguiente legislatura. Es un foco de conflicto y seguirá coleando con las comparecencias de los juristas, pero no va a llegar a su fase final y resolutiva estos meses.

Listas En las elecciones de 2016, las listas por Bizkaia las encabezó el consejero Josu Erkoreka, y el cartel guipuzcoano lo lideró Joseba Egibar. La presidencia del Parlamento recayó en Bakartxo Tejeria, también guipuzcoana, de manera que su papel institucional es asimismo una forma de cuidar el equilibrio territorial para el PNV y de mimar la presencia de Gipuzkoa. La tercera en la lista por ese territorio fue Arantxa Tapia, una consejera todoterreno que se encarga de un departamento amplísimo con las infraestructuras y la promoción económica a su cargo. Otro de los puntales del PNV en la actividad parlamentaria, Iñigo Iturrate, fue número dos por Bizkaia.

Proponer a Urkullu para un tercer mandato no supondría un problema, porque la idea de los dos mandatos no está grabada en piedra como límite insoslayable para el PNV, sino que las asambleas han dado luz verde a nivel orgánico y en cargos internos a otros candidatos que han encadenado años a sus espaldas.