20 años del 11-sel día que cambió el mundo

102 minutos que lo transformaron todo

11.09.2021 | 00:42

Mientras George W. Bush asistía a una clase de lectura de segundo de primaria, 2.996 personas fallecían en Estados Unidos en el ataque más devastador desde Pearl Harbor

nueva york – Aquel martes 11 de septiembre de 2001, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, se encontraba en un aula de la escuela de primaria Emma E. Booker, de Sarasota, en Florida, frente a un grupo de niños y, a su lado, la maestra. Unos minutos antes, a las 8.46 de la mañana (14.46 hora de Euskadi) el vuelo 11 de American Airlines (que viajaba de Boston a Los Ángeles) con 92 personas a bordo había golpeado la torre norte del World Trade Center en la ciudad de Nueva York.

Antes de entrar en esa aula y seguir una clase de lectura, George W. Bush ya sabía que un avión se había estrellado contra las Torres Gemelas, tal y como relata en sus memorias: "En un primer momento supuse que se trataba de alguna avioneta que, por desgracia, se extravió. Entonces llamó Condi (Condoleezza Rice, secretaria de Seguridad Nacional de EE UU). Hablé con ella desde un teléfono seguro en una de las aulas que se había transformado en un centro de comunicaciones para el personal de la Casa Blanca que viajaba conmigo. Me dijo que el avión que acababa de estrellarse contra una de las Torres Gemelas del World Trade Center (WTC) no era un avión ligero. Era un reactor de pasajeros comercial". Bush recuerda que entonces pensó que "o ese avión debía de haber tenido el peor piloto del mundo o quizá había sufrido un infarto". Nada de eso.

Bush siguió con la visita. Saludó a la directora de la escuela y entró en la clase de segundo de primaria junto a su profesora, Sandra Kay Daniels. Daniels empezó la clase con un ejercicio de lectura. Transcurridos unos minutos, les dijo a los estudiantes que cogiesen sus libros de texto. A esa hora, las 9.03 de la mañana, el vuelo 175 de United Airlines (que viajaba de Boston a Los Ángeles) con 75 personas en su interior golpeaba la torre sur del World Trade Center en la ciudad de Nueva York.

Inmediatamente, el jefe de Gabinete de la Casa Blanca, Andrew Card, se acercó a George W. Bush que sostenía un libro de lectura en sus manos y le dio la noticia. No cabía duda. Estados Unidos estaba siendo atacada y allí estaba él, el presidente, el comandante en jefe de la nación poderosa más del mundo, delante de un grupo de niños. No dejó la clase. Cruzó la pierna y siguió escuchando el relato de 'La vaca' que la profesora contaba a sus alumnos como si fuera ajeno a lo que ocurría en Nueva York. Él lo justificó así: "Vi a los periodistas al fondo de la clase consultando la noticia en sus teléfonos móviles y buscas. Mi instinto se despertó. Sabía que mi reacción sería grabada y transmitida por todo el mundo. El país estaría en estado de choque; el presidente no podía estarlo. Si salía de pronto a toda prisa, asustaría a los niños y una oleada de pánico se propagaría por todo el país".

Siete minutos después Mientras el pánico se apoderaba del país con la gente lanzándose al vacío desde las torres gemelas en un intento inútil de escapar de esa gran bola de fuego, allí seguía él, con la mirada perdida, en la clase de segundo de primaria. Siete minutos después de que el jefe de Gabinete comunicara el segundo ataque contra las Torres Gemelas, el presidente dejó finalmente el aula y, tras ver por televisión la magnitud de lo sucedido, el servicio secreto ordenó llevar deprisa a George Bush al Air Force One.

Mientras la caravana de coches enfilaba por la carretera 41 de Florida, Condoleezza Rice le comunicó que se había estrellado un tercer avión, éste contra el Pentágono. Eran las 9.37 de la mañana cuando el vuelo 77 de American Airlines (que viajaba desde Dulles, Virginia, a Los Ángeles) con 64 personas a bordo golpeaba el edificio del Pentágono en Washington. En sus memorias, el presidente de Estados Unidos recuerda lo que pensó: "Me recosté en el asiento asimilando sus palabras. Mis pensamientos se aclararon. El primer avión podía haber sido un accidente. El segundo era claramente un ataque. El tercero era una declaración de guerra. Me hervía la sangre. Íbamos a encontrar a los que lo habían hecho y les íbamos a machacar". Estados Unidos había sufrido el atentado por sorpresa más devastador desde Pearl Harbor de 1941. Por primera vez desde la guerra de 1812, Washington había sido atacada. En una sola mañana, la finalidad de su presidencia había cambiado: "Proteger a nuestro pueblo y defender nuestra libertad, que se había visto agredida".

El Air Force One se elevó rápidamente hasta los 45.000 pies, muy por encima de la altitud de crucero habitual. Aunque George W. Bush quería regresar a Washington, la secretaria de Seguridad Nacional fue tajante: La Casa Blanca podía ser el siguiente objetivo. El presidente llamó a su vicepresidente, Dick Cheney, y ordenó el envío de patrullas aéreas de combate —equipos de aviones de combate destinados a interceptar aviones que no respondían— para que sobrevolaran Washington y Nueva York. Y la orden fue taxativa: "Le dije a Dick que nuestros pilotos debían establecer contacto con los aviones sospechosos e intentar obligarles a aterrizar pacíficamente. Si eso fracasaba, tenían mi autorización para derribarlos. Los aviones secuestrados eran un arma de guerra. A pesar del precio atroz, eliminar uno podía salvar innumerables vidas en tierra. Acababa de tomar mi primera decisión como comandante en jefe en tiempo de guerra", se justifica Bush.

2.996 personas fallecidas. En ese momento, las 9.59 horas, la torre sur del WTC se derrumbaba en aproximadamente 10 segundos. El coste en vidas humanas ya era muy alto, altísimo, en concreto 2.996 personas, incluidos los 19 terroristas, además de más de 25.000 heridos. Apenas cuatro minutos después, su primera decisión como comandante en jefe en tiempo de guerra, tuvo su terrible consecuencia: A las 10.03, el vuelo 93 de United Airlines (que viajaba desde Newark, Nueva Jersey, a San Francisco) con 44 personas a bordo se estrellaba en un campo cerca de Shanksville, Pensilvania.

"¿Lo hemos derribado nosotros o se ha estrellado?", preguntó George W. Bush a Dick Cheney. Nadie lo sabía. El presidente reconoce que "sentí náuseas" y lo que es peor: ¿Había ordenado la muerte de esos estadounidenses inocentes? Según el terrorista de Al Qaeda capturado, Jálid Sheij Mohámed, el vuelo 93 tenía como objetivo el Capitolio.

102 minutos después de que el vuelo 11 de American Airlines se estrellara contra la torre norte del World Trade Centre, ésta también se vino abajo. Eran las 10.28 de la mañana. Después de llegar George Bush a Offutt, en Nebraska, donde se situó el centro de mando, una voz gritó a través del sistema de sonido: Señor presidente, un avión que no responde se acerca desde Madrid. ¿Tenemos autorización para derribarlo?. "Lo primero que pensé fue: ¿Cuándo va a terminar esto?", dice en el libro George W. Bush, antes de tomar una decisión. Y es que ¿cuáles serían las consecuencias diplomáticas de derribar un avión extranjero? No hubo que dar la orden de derribo. La voz del altavoz volvió a sonar: El vuelo de Madrid ha aterrizado en Lisboa, Portugal. "Gracias a Dios", pensó el entonces presidente. Era otro ejemplo de la niebla de la guerra.

Inmediatamente después se convocó de urgencia una reunión de seguridad nacional por videoconferencia. George W. Bush fue tajante: "Estamos en guerra contra el terrorismo. De aquí en adelante, esta es la nueva prioridad de nuestra Administración". El presidente se dirigió posteriormente a George Tenet, director de la CIA, para hacerle la pregunta que todo el mundo se hacía. "¿Quién ha hecho esto?". Tenet respondió con dos palabras: Al Qaeda.

8.46 horas - se estrella un avión contra la torre norte

9.03 - segundo avión contra la torre sur

Los empleados del WTC se lanzan al vacío

9.37 - Un avión se estrella contra el pentágono

9. 05 - Bush recibe la noticia

10:03 - Un avión se estrella en Pensilvania

10.28 - Cae la torre norte

9.59 - La torre sur del World Trade Center se derrumba en 10 segundos

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