Pandemia humana, alegría de los pavos

22.11.2020 | 01:10
Pandemia humana, alegría de los pavos

Si hay algo en Estados Unidos que está por encima de cualquier diferencia ideológica, eso es la fiesta del próximo jueves que se celebra desde que el país no era aún Estados Unidos: los famosos peregrinos llegados a las costas de Massachussets en el navío Mayflower celebraron en noviembre de 1621 que la mitad de quienes habían huído de la persecución religiosa en Inglaterra, estaban todavía vivos después de un año de penalidades sin cuento.

Aunque la fiesta originalmente no se celebró en las zonas sur del país y las fechas eran diversas según los estados en que se recordaba la llegada de los colonos a Cape Cod, a lo largo de los años la costumbre se fue extendiendo hasta que el presidente Lincoln declaró un Día Nacional de Acción de Gracias en 1863, en plena Guerra de Secesión, para "encomendar a Dios a quienes la guerra ha dejado húerfanos, viudas o víctimas" y para "curar las heridas de la nación".

En el más de medio siglo transcurrido, los menues se han unificado para tener al muy americano pavo como centro del festín y añadir postres que los primeros colonos no se podían permitir por la escasez de azúcar.

No es que a los norteamericanos les guste demasiado el pavo, un animal insípido y que requiere largo tiempo de cocción, pero esta ave ha tomado tal preponderancia que todos los años hay un indulto presidencial a dos pavos, que en vez de acabar asados, tienen garantizada una jubilación de lujo en alguna granja.

El único cambio sufrido por la festividad es el calendario: Lincoln colocó el Día de Acción de Gracias (Thanksgiving) en el último jueves de noviembre, pero el presidente Frank D. Roosevelt lo movió al cuarto jueves del mismo mes, pensando que al alejarlo un poco más de la Navidad habría más actividad comercial y con eso ayudaría a salir de la Gran Depresión. Y efectivamente, al jueves de Thanksgiving le sigue el Black Friday (viernes negro) el gran día de las rebajas que acostumbra a ser uno de los que más ventas registra.

La resistencia al pequeño cambio de fecha en aquellos años fue tan grande que la gente ya no hablaba de Thanksgiving sino de Franksgiving, lo que no impidió que en 1941 firmara la ley que lo fijaba para el cuarto jueves, que esta vez será el próximo 26.

El día del año en que se registran más viajes es el Thanksgiving, porque las familias se reúnen aunque hayan de atravesar el continente que es Estados Unidos. Es una fiesta semejante a nuestras Navidades para la reunión familiar y que, al no tener un contenido religioso sino patriótico, lo celebran de forma semejante gente de diversas creencias –o ninguna–.

Los norteamericanos bromean que es el único día del año en que "comen mejor que los franceses" y quizá no vayan muy acertados en lo de mejor pero desde luego comen más que cualquiera e incluso más de lo que son sus abundantes porciones regularmente.

Esta costumbre quedará rota este año: las dificultades para viajar, el temor a la pandemia y las repetidas advertencias de autoridades sanitarias y medios informativos reducirán las reuniones familiares y de amigos. Con los contagios al nivel más alto desde el principio de la plaga del covid-19, muchas reuniones serán digitales, en que cada uno comerá su pavo acompañado de los familiares con quienes convive y se saludarán en el internet con los restantes.

Una tradición, al sentarse a la mesa, es que cada comensal explique el motivo por el que se siente agradecido. Esta vez, quizá la razón principal es sobrevivir al virus y, más aún, si no hay víctimas en la familia.

Al renunciar a la pantagruélica comilona, seguramente reducirán la mortalidad también entre las aves, porque estos animales son muy grandes y difícilmente se lo puede liquidar un pequeño núcleo familiar, pero también quitarán a la población la alegría anual de reencontrarse con familiares y amigos.

La razón para tanta prudencia es la advertencia de que no hay prueba alguna que pueda garantizar que no habrán contagios: el tiempo de incubación es demasiado largo para que un PCR pueda dar garantías de que no hay infección, pues la persona puede tener el virus sin que la prueba lo detecte en la fase inicial, o puede contraerlo después del PCR y todavía no tener síntomas

Por otra parte, la proximidad de quienes festejan en familia, es un vehículo para las infecciones, especialmente porque nadie se sienta a comer con la mascarilla puesta.

Este es, además, un día para compartir muchas horas y discutir de todo, algo que puede ser especialmente acalorado en un año electoral como el que estamos viviendo, con una alta probabilidad de que dentro de la familia haya gente del bando de Trump y del bando de Biden.

El presidente Trump indultó a dos pavos en esta pasada semana, como hacen tradicionalmente los ocupantes de la Casa Blanca, pero la pandemia ya les ha traído un indulto a millares de sus congéneres, aunque sea tan solo para un año si, como muchos esperan, las vacunas permitirán un regreso a la normalidad.