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Reclamados y valorados lejos de casa

El centro Conde Duque no sólo les ha abierto sus puertas. Les ha convertido, por lo menos durante un año, en cómplices de su desarrollo cultural. La compañía alavesa Sleepwalk Collective inicia un nuevo camino en Madrid.

Un reportaje de Carlos González. Fotografía Cedidas - Domingo, 7 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:05h

Iara Solano y Sammy Metcalfe en una charla en el centro cultural;en el exterior del Conde Duque;y en el laboratorio que están desarrollando.

Iara Solano y Sammy Metcalfe en una charla en el centro cultural;en el exterior del Conde Duque;y en el laboratorio que están desarrollando.

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Iara Solano y Sammy Metcalfe en una charla en el centro cultural;en el exterior del Conde Duque;y en el laboratorio que están desarrollando.

“No nos lo pensamos mucho antes de decir que sí a la oferta del Conde Duque” “Gasteiz es una ciudad fantástica para poder cuidar de los artistas, el problema es que no se hace” “Madrid está en un momento cultural muy interesante y eso es muy enriquecedor”

Tanto dentro como fuera del Estado -con giras regulares en Reino Unido pero también llevando algunas de sus piezas a otros países como Australia, por poner un ejemplo-, el camino escénico que desde hace más de una década desarrolla Sleepwalk Collective no ha parado, siempre teniendo a la capital alavesa como punto de referencia. “Estar en Vitoria durante estos años nos ha venido muy bien para asentar nuestra práctica;de hecho, tenemos muchísimo mejor entendimiento de nuestro trabajo gracias a esto”. Pero, sin abandonar del todo Álava y los proyectos que también aquí desarrollan como el inminente festival inTACTO, desde Madrid les ha llegado una oferta que Iara Solano y Sammy Metcalfe no podían rechazar, una propuesta para este curso, aunque con posibilidad de seguir otro más.

A finales del año pasado, el centro cultural Conde Duque, al igual que otros espacios creativos de la capital estatal dependientes de su Ayuntamiento, se sometió a un concurso público para elegir a su nueva dirección, una convocatoria de la que salió elegido el proyecto presentado por Isla Aguilar y Miguel Oyarzun, quienes, entre otras medidas, recogían la necesidad de contar con una serie de artistas asociados, seleccionados en base a diferentes criterios como la innovación en sus lenguajes artísticos, la calidad de su trabajo, la diversidad de sus prácticas… y también por su capacidad para aportar al presente y futuro de este emplazamiento. En esa lista de sólo siete nombres de creadores con los que contar estaba la referencia de la compañía alavesa.

“Miguel e Isla conocen nuestro trabajo porque fuimos a presentar The Sirens a un festival que ellos organizaban en Birmingan en 2011. De hecho, ganamos aquel certamen y gracias a ello obtuvimos un apoyo para hacer la siguiente pieza, El entretenimiento. Ocho años después, desde la confianza en nuestro trabajo, nos han dicho: nos interesa vuestra práctica artística y aquí tenéis una casa donde desarrollarla. Es más, nos han propuesto que podemos acompañar y proponer otras cosas para el proyecto. Desde ambas perspectivas, no nos lo hemos pensado mucho antes de decir que sí”, explica Solano.

Trabajo en cuatro áreas Desde mediados del pasado septiembre, Sleepwalk Collective se encuentra desarrollando en la capital estatal la propuesta que han diseñado para este curso en el Conde Duque, un proyecto con cuatro patas con el que responder al objetivo general del espacio cultural, que “quiere ser un lugar para el barrio, de retorno social, de calidad artística y de nuevos lenguajes”.

Dentro de esos cuatro caminos a recorrer, el primero de ellos es la puesta en marcha de un laboratorio de creación escénica en el que toman parte 16 personas de 18 a 25 años. “Es gente que está en ese punto de la carrera en el que la mayoría ha terminado una formación técnica pero no tiene las herramientas para poner en marcha su práctica dentro del ecosistema cultural y artístico. Nosotros los recogemos y lo que hacemos es crear una especie de compañía que a lo largo del curso va a desarrollar cuatro módulos especializados cada uno en una forma teatral diferente. Estamos trabajando como una compañía profesional para que ellos y ellas vayan viendo cómo es una producción y lo que es generar contenidos para cimentar la línea de un grupo. Lo que buscamos es que tengan las herramientas creativas y administrativas para poder gestionar su práctica artística”.

La segunda pata llegará en marzo, coincidiendo con el Brexit. Al fin y al cabo, las raíces de Sleepwalk Collective están en Londres. “Siempre hemos estado muy a caballo entre Euskadi y Reino Unido y nuestra práctica se ha alimentado siempre mucho de las estructuras de allí. El Brexit es como una ruptura de corazón para nosotros como compañía”. Así que han comisariado un ciclo para esa semana al que se ha invitado a varios creadores ingleses para que muestren sus últimos trabajos “por si acaso es la última vez en mucho tiempo que esos artistas pueden venir. No es broma. A nosotros, para la gira de invierno que estamos preparando por allí nos están pidiendo documentos que nunca nos habían solicitado antes”. Además, habrá mesas redondas y otro tipo de encuentros para “no celebrar el Brexit”.

En cuanto a las otras dos bases de su proyecto, una de ellas pasa por estrenar en el Estado la versión final de Domestica, una pieza que en sus inicios -hace cuatro años- se pudo ver en el Festival Internacional de Teatro de Vitoria pero que tras trabajarla en Reino Unido “ha cambiado muchísimo”. La otra tiene que ver con la vida interna del Conde Duque. “Esto es enorme, como el laberinto del Minotauro. Así que estamos creando una idea en torno al mito en el que nuestra Ariadna va a ser una especie de acompañante virtual que le entrega al visitante el ovillo de lana para no perderse. Nuestra idea es que la gente que esté de paso, se encuentre, comparta. Al final, aquí, ahora mismo, hay cuatro residencias escénicas, dos residencias de grupos de jazz, está nuestro laboratorio, otro de peques y otro de personas migrantes;hay espectáculos programados… es decir, hay un gran volumen de actividad y de personas. Así que queremos generar espacios donde nos podamos juntar aunque sea solo para ponernos cara”.

También en Vitoria La adaptación a Madrid ha sido rápida. “Tenemos la agenda llena. Esta ciudad está en un momento muy interesante desde un punto de vista cultural y eso es muy enriquecedor”, aunque eso no signifique que Sleepwalk Collective se haya despedido de Gasteiz. “El equilibrio de estar entre los dos lugares es positivo, aunque los viajes también cansan”, más allá de que en la capital estatal también estén en contacto con otras creadoras alavesas como Amaia Bono Jiménez -que está en una de las residencias de Conde Duque- y Ángela Millano -que está trabajando con el dramaturgo Pablo Fidalgo-. “En Vitoria hay cantera, gente muy válida que tristemente sigue marchándose”.

“Si sólo mirásemos por la compañía, hubiéramos hecho todas las maletas y tendría en Madrid todas mis cosas. Pero hay un nivel de compromiso que siento para con Vitoria y la gente que está allí, que no termino de deshacerme de la idea. Por eso estamos muy a tope, porque estamos manteniendo dos proyectos que necesitan de mucho cuidado aunque nos obligue a estar como de la ceca a la Meca. El curso que viene quizá haya que repensar si ya nos venimos a Madrid por completo”, apunta Solano, que tiene claro lo que el grupo espera sacar de esta experiencia lejos de casa: “estar aquí nos va a permitir que nuestra práctica crezca, ponernos a la altura. Para nosotros sería muy interesante poder entrar en otros circuitos. Aquí tenemos instalaciones para ello. Es más, desde la dirección del Conde Duque se ocupan y preocupan de que cuando los artistas asociados estamos mostrando nuestro trabajo, vengan a verlo profesionales internacionales que luego nos puedan ayudar a mover el trabajo”.

Esto contrasta con una capital alavesa en la que, salvo excepciones como la sala Baratza, “no hay programas en los que se cuide de la gente. Gasteiz es un sitio fantástico para poder cuidar de sus artistas, pero el problema es que no se hace. Pero claro, más a largo plazo que andar con la pelea del año a año. El pan para hoy no funciona, no es soportable. Así, a la práctica no la dejas volar. Vas como a salvarla, a producir para comer y tampoco te permites investigar, que es donde está la base de la evolución. Hay que darse tiempo para investigar y probar cosas, para luego poder estar también a la altura de las redes europeas y del resto del panorama internacional. Si solo nos permiten crear con condiciones raquíticas, al final la producción va a ser raquítica. Y eso hace que no puedas salir desde Vitoria. Si no se cuida y no se da tiempo para poder evolucionar, para entender tu práctica y mirarla desde lejos, se hacen cosas muy básicas que en Gasteiz se agotan muy rápido, siendo luego muy complicado encontrar otros escenarios donde enseñar un trabajo que no está a la altura”, dice Solano, al tiempo que reclama “confianza” por parte de las instituciones locales, que no necesitan “estar monitorizándolo todo”.

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