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La flota vasca, a sobrevivir al largo invierno

El prematuro cierre de la pesquería de bonito sitúa a la flota de bajura frente a un escenario complicado. Más de 150 embarcaciones tienen que diversificar sus objetivos

Ramón Basaldua - Domingo, 7 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Descarga de anchoa en el puerto de Bermeo.

Descarga de anchoa en el puerto de Bermeo. (Foto: Ramon Basaldua)

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Descarga de anchoa en el puerto de Bermeo.

bilbao- No hay peor escenario posible para un arrantzale que verse obligado a permanecer amarrado en puerto sin poder pescar. El cierre de la pesquería de atún blanco-bonito del norte el pasado 23 de agosto ha privado a la flota de bajura de dos meses de actividad rentable en aguas del Golfo de Bizkaia. Así, más de 150 embarcaciones con base en los puertos de Bizkaia y Gipuzkoa y sus más de 1.100 tripulantes tratan de “buscarse la vida” para hacer frente al largo invierno que les espera. “No nos queda otra que sobrevivir durante los próximos meses”, aseguran desde el puerto de Bermeo.

Con las pesquerías de bonito, atún rojo y anchoa cerradas a cal y canto por haberse cubierto la cuota de 2018 y con la sardina de la plataforma continental francesa aún sin aparecer, el abanico de opciones para mantener la actividad pesquera resulta realmente exiguo. Tras el cierre de la campaña de bonito se abrió la posibilidad de pescar patudo durante un mes pero la expedición de parte de la flota a las aguas donde habitualmente se localiza este túnido resultó infructuosa.

Las embarcaciones que faenan a la pesca de atún mediante el empleo de cañas y cebo vivo se han pertrechado para trabajar con red de cerco a la pesca de especies pelágicas como la sardina y chicharro. No obstante, desde la conclusión de la pesquería de túnidos, hace ya más de un mes, estos pesqueros no han obtenido rentabilidad alguna a su actividad ante la ausencia de cardúmenes en aguas del Golfo de Bizkaia. Esta situación ha llevado a cuatro pesqueros de Gipuzkoa a desplazarse hasta el Atlántico para faenar a la pesca de chicharro frente a las costas de Galicia. El resto espera con impaciencia la aparición de sardina en aguas de la plataforma continental francesa. “Hemos salido un par de noches a faenar cerca de nuestra costa y no hemos encontrado nada”, explica el patrón de un cerquero vizcaíno. “Solo nos queda esperar a que aparezca la sardina en aguas francesas y poder trabajar durante las próximas semanas”.

En las ultimas semanas varias embarcaciones se han desplazado hasta la zona donde habitualmente se pesca sardina en el último trimestre del año pero sólo han encontrado anchoa joven y chicharrillo. “A ver si entran un par de borrascas para remover y enfriar el agua de la mar y aparece por fin la sardina”.

La pesquería de sardina ocupa un lugar secundario en la economía del sector de bajura pero durante los últimos años se ha revelado como un buen complemento a los ingresos obtenidos en las campañas de verdel, anchoa y bonito. El año pasado los puertos vascos registraron la entrada de 7 millones de kilos de sardina con un valor en primera venta superior a los 5,3 millones de euros. El año 2014 la costera de bonito arrojó los peores resultados de la historia con menos de 3.000 toneladas descargadas en los puertos vascos y los arrantzales consiguieron equilibrar sus cuentas gracias a una excelente campaña de sardina. Así, las cofradías de Bizkaia y Gipuzkoa subastaron más de 15.000 tn de esta especie cuyo valor en primera venta alcanzó los 11,3 millones de euros, superando los 10 millones contabilizados durante la campaña de bonito. “Si la sardina responde sería una buena manera de redondear el año”, aseguran desde el sector.

Mientras parte de la flota espera la aparición de la sardina, otro grupo de embarcaciones trata de ganarse el pan con la pesca de especies demersales como la merluza mediante el empleo de palangres y artes de enmalle de fondo. Pero la ausencia de pescado y la escasa cuota disponible desilusionan a los arrantzales. “No sé lo que pasará en los próximos meses pero en este momento no merece la pena salir a la mar porque no hay pescado”, asegura Josu, el patrón de un pesquero bermeano de artes menores. Otro grupo de pesqueros se prepara para faenar a la pesca de rape con redes de enmalle. “Ahora mismo estamos parados y no saldremos a pescar hasta finales de noviembre para seguir trabajando hasta que comience la campaña de verdel en marzo”, explica el patrón de un pesquero vizcaino.

en puerto hasta marzoLa situación más delicada es la que presentan las embarcaciones que dirigen su actividad sólo a la pesca de verdel y bonito. Y es que estos pesqueros amarraron en puerto el 23 de agosto y no volverán a hacerse a la mar hasta marzo con el inicio de la pesquería de verdel. “En los últimos años nuestra situación se ha complicado bastante. La cuota de verdel es cada vez menor y empezamos más tarde. Con el cierre prematuro de la campaña de bonito nos obligan a amarrar mucho antes”, asegura entre enfadado y resignado un patrón.

A pesar de la delicada situación de la flota de cara al último trimestre del año, 2018 ha arrojado excelentes resultados en bonito y anchoa. “Ojalá pudiéramos pescar así todos los años”, reconocía un arrantzale y armador vasco. Así, los puertos vascos registraron la entrada de 8.430 toneladas de bonito con un valor en primera venta de 30,5 millones. Estos datos suponen un incremento del 32% en el capítulo de descargas, en tanto que la cantidad obtenida con la venta del pescado ha aumentado un 20%. “Si hubiéramos seguido pescando bonito la campaña hubiera sido histórica. Nunca he visto tanto bonito en la mar”, asevera un veterano arrantzale.

Destaca el volumen de capturas registrado en julio. La pesquería de bonito quedó clausurada el 23 de agosto privando a los arrantzales de faenar en septiembre y octubre. “Lo peor de permanecer en puerto es la impotencia que provoca el hecho de que te obliguen a dejar de pescar cuando sigue habiendo pescado en nuestras aguas. Los arrantzales sólo pedimos que nos dejen pescar”, sentencia un arrantzale bermeano.

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