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Un hombre corriente

Jonatan Hernández / Puntista

Viernes, 5 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:05h

Desde 2009, el puntista ‘Duke’ Hernández también ejerce como modelo.

Desde 2009, el puntista ‘Duke’ Hernández también ejerce como modelo. (Foto: DNA)

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Desde 2009, el puntista ‘Duke’ Hernández también ejerce como modelo.

es un chaval como otro cualquiera pero diferente a todos. Sofisticado si le miras de una parte y simple si le observas de otra. Muy de aquí pero, a la vez, muy de mundo. Americano, más latino que yanqui. Un vasco internacional, que es ese vasco cercano pero abierto, de raíz bien reconocible pero permeable, accesible “y mente muy abierta”, de ahí que aproveche “todo lo bueno que hay por ahí”. Multicultural y común. Aunque, si te lo cruzas por la acera, llama la atención y le echas una miradita o un vistazo. Depende. Un tipo corriente y de los que no hay. “¿Sabes algo de electricidad?” me preguntó una vez. “No”, le contesté yo. “Y tú crees que esto es corriente?” concluyó elevando ambos brazos en ángulo, con puño cerrado cual forzudo de circo y reventando las medias mangas de la camisa con tanto bíceps suelto, mientras esbozaba una sonrisa de lado a lado de la cara, y una risotada después, haciéndote cómplice de su orgullo y gracia. Jonatan Hernández Guijas es un niño de 37 años. Un mocetón a la última, moderno pero clásico, colorista sin estridencia, afable y sonriente al que la vida le ha ido trayendo y llevando, como a todos, hasta encontrar su sitio. Y ahí está. Feliz.

Junto a Ekhi y las chicas de la paleta argentina María Sáez y Nagore Martín, se presentará este mismo viernes, en la capital del reino, con el resto de pelotaris de la Selección Española que intervendrá en el Mundial de Barcelona a partir del 14 de octubre. Una manera perfecta para ir cerrando una etapa. Toda una vida dedicada a la pelota. En Barcelona deberá pelear con Ekhi y Aldazabal por un puesto entre las dos parejas titulares del mundial. Tres zagueros para dos puestos. Para pelear por los dos de delante, ahí están, Goikoetxea- el mito-, Erkiaga y Hormaetxea. Una guinda perfecta para casi cerrar un ciclo que, desde 2016, se le ha hecho especialmente duro por culpa de un accidente de coche del que salió ileso después de varias vueltas de campana, aunque con secuelas varias. Primero una clavícula, luego una hernia discal, más tarde el menisco. Todo ello como consecuencia del golpe. Una montaña rusa de recuperaciones y recaídas y dos años sin parar de purgar en el infierno. La meditación, el yoga, el ejercicio físico y una “especial conexión espiritual con el yo y el ser -algo zen, sin duda- me han librado por fin”. Este año jugó poco en Miami, donde fichó en 2013, pero, ya recuperado, el verano a este lado del océano “me ha ido mucho mejor. He estado muy a gusto y he jugado bien. He podido entrenar mucho y sin problemas”. El mundial de 2018 con los mejores, con los profesionales en liza, pondrá broche áureo a su carrera. Como aquel sub 22 de Palencia junto a Iker Foronda, compañero en tantos partidos;“un despertar y un comienzo”, recuerda. La pareja de vitorianos -el Duke tenía 19 años- ganó la final al dúo francés donde destacaba el delantero Olha. La medalla se la colgó en abril y un mes después ya estaba en Dania jugando “y aprendiendo la profesión” junto a Otxoa, que le hizo de cicerone. Por entonces ya había puntistas alaveses en EEUU: José Mari Compañón, Endika, Larrea, Leo y Solozabal

Un brusco cambio de vida al que hubo de hacerse por sí mismo, poco a poco, alucinando primero y, como un camaleón, adaptándose al modo de vida americano a marchas forzadas. Jugó en Dania hasta 2008. Al año siguiente divide la temporada entre América y Europa y, en 2013, ficha por Miami . Ya es uno de ellos. Al principio echaba de menos a la familia y amigos pero se hizo enseguida a la vida americana. Coge la vida según viene y reacciona conforme le dicta el corazón. Se casó a los 22 con una “bellezón mejicano” de la que se separa ocho años después. A los 30 vuelve a ser un alma libre. Con 37 mira la vida de frente. Acaba de graduarse en Administración de Empresas, en la rama de marketing, y espera ejercer su profesión formando parte de la estructura profesional de un gran equipo. Da igual el club. Da igual el deporte. El Jai Alai es un extra después de esto, y el mundial, un gran regalo.

Alto, atlético, guapetón y extrovertido. Amante del sol, de la playa y de su perrita. Asiduo de las redes sociales y fotogénico. Desde 2009, por mediación de una amiga fotógrafa, realiza trabajos de modelo de ropa, complementos y productos de belleza para hombre. La sonrisa, fotogenia y un cuerpo esculpido por el sol, la sal y el ejercicio se lo pusieron “a huevo”. Cesta y abdominales comparten desde entonces más de una instantánea. Lo normal. Lo corriente.

Hasta aquí la historia de un chaval que se inició a los nueve años pero que, desde los tres, acompañaba al padre cuando éste jugaba a pala con los amigos de Michelin. Andrés le preguntó si quería jugar y “me decidí por la cesta”, junto a los Ibarra y Muro, Salterain, Bikandi, Foronda y Leo. Jugó de delantero hasta los 14, muchas veces con Endika atrás. Junto a Solozabal vencería el San Fausto de Durango con 15 recién cumplidos y con Salterain disputaría varias finales de GRAVN y Liga Vasca. Lo mejor le llegó jugando por detrás de Iker Foronda, justo antes del mundial, imponiéndose en el Internacional de Burdeos a las mejores parejas a ambos lados de la muga.

Katxin Uriarte fue su referencia en la niñez. Patrick Cuvet, con quien coincidiría al llegar a Dania, con Atain, Iru, Osa, Oiarbide, Enbil … tímido al principio y en las mejores quinielas luego -en 2008 ganó la dupla de zagueros-, “era un pelotari tremendo, con un golpeo espectacular. El más potente que he visto”. Admiró a Atain “porque siempre estaba en el sitio y tiraba bolas con intención” y de los de ahora a López, que está “un escalón por encima del resto. Sin mezclar épocas, es un grande. El más fuerte, no falla, tiene rebote, le pega duro y se complementa con todo tipo de delanteros”.

Jonatan, el Duke, Hernández es ciudadano americano. Vive como un americano -de sangre y modos latino, mejicano y gringo- y, un día, cobrará la jubilación americana. De lo demás, de lo que la vida le depare, se ocupará cuando le venga o llegue. Ha vivido y vive al segundo. Feliz. Tranquilo. Confiado. Un americano del estado de Florida normal y corriente. Y eléctrico.

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