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Con la venia

¡Más madera!

Por Pablo Muñoz - Domingo, 9 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Diada del pasado año.

Diada del pasado año. (Foto: Efe)

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Diada del pasado año.

El president, Quim Torra, con su aspecto de profesor despistado y su fama de monaguillo de Puigdemont, eligió para hacer pública la declaración de principios de su Govern la fecha hábil más próxima a la Diada. Lleva casi cuatro meses en el cargo, pero ha preferido asomar sus cartas cuando el terreno es propicio para la siembra. Había expectación ante su discurso, y hay que reconocer que no ha defraudado. Cualquiera que se haya asomado a los editoriales de la caverna mediática habrá podido comprobar que Torra es especialista en ponerles de los nervios. Como una especie de Puigdemont, pero sin exilio y de cuerpo presente.

La interpretación que los opinadores de la derecha española dieron a su discurso de inicio de curso político fue la de “más madera”, en la misma línea de los líderes de la derecha extrema, tanto PP como Ciudadanos. De repente, como si no hubieran menospreciado durante todo el procès el valor de las decisiones tomadas en sede parlamentaria, se escandalizan de que el discurso no se hubiera pronunciado en el Parlament sino en el Teatro Nacional de Catalunya. Se echan las manos a la cabeza por el hecho lógico de que se apelase a la movilización en defensa de los principios que partiendo del referéndum del 1-O llevaron a la declaración de independencia y a buena parte de sus dirigentes a la cárcel o al exilio. ¿Qué esperaban, a poco más de una semana de la Diada?

A decir verdad, Quim Torra no dijo nada nuevo, aunque lo dijese de manera solemne y en un escenario majestuoso. La validez del referéndum en la proximidad de su primer aniversario, el cumplimiento del mandato recibido en aquella consulta que llevó a la proclamación unilateral de independencia, son pasos ya dados a los que el president no iba a renunciar en un discurso con sentido evidente de movilización. Sólo faltaba, que Torra dijera otra cosa que la que dijo ante la previsible sentencia condenatoria que vaya a dictarse contra los dirigentes independentistas procesados, teniendo en cuenta además que entre los encausados están los Jordis, históricamente impulsores y esencia de la Diada de los últimos años como presidentes de la Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural. “No aceptaré ninguna sentencia que no sea la absolución”, dijo Torra, y los arrebatados defensores del cumplimiento de la ley se rasgan las vestiduras escandalizados: “No acata la sentencia, es un enfrentamiento directo con el Estado”, protestan. ¿Qué esperaban? ¿Qué otra cosa puede decir quien considera un atropello el procesamiento de sus compañeros?

Por supuesto, las reiteradas apelaciones al diálogo pronunciadas por Quim Torra han sido obviadas, cuando no despreciadas. Más madera, ha sido la interpretación unívoca del discurso, una interpretación que no ha tenido en cuenta la urgencia y la inmediatez de movilización ante la primera Diada tras el referéndum, la primera Diada tras el 155, la primera Diada tras un procès cortado en seco y una penosa caída por el abismo del autogobierno arrebatado. El discurso de Torra, sin duda, ha pretendido que la Diada del próximo martes sea lo más parecido a un referéndum, de ahí las reiteradas llamadas a la movilización para que la nueva etapa, que anuncia como reanudación de la ya vivida, esté respaldada de forma multitudinaria en la jornada del día 11.

Hace más de un año Juan Luis Cebrián dijo que sería conveniente detener a los líderes independentistas, porque así las movilizaciones que se produjeran tendrían como objeto la libertad de sus presos relegando la reivindicación de la independencia. Independientemente de la desfachatez de esta sugerencia -por cierto, atendida por los poderes del Estado-, hay que constatar que la frenética actividad de los sectores más dinámicos del independentismo ha mantenido viva la llama a pesar del descalabro del procès. De hecho, el discurso de Quim Torra ha calentado la calle con los mismos argumentos de independencia previos al 155, añadiéndole además su objeción de conciencia a la condena de los presos políticos si es que se produce.

Puigdemont, Torra y el intento de reunificación independentista que pretende la Crida necesitan una Diada multitudinaria, intensa, reivindicativa como nunca antes, especialmente ahora que las encuestas parecen serles menos propicias. La Diada está encima y el aniversario del referéndum también. Rivera y sus ciudadanos buscan jaleo y nuevas levas de guardiaciviles vuelven a arrear estopa a Catalunya. Vienen jornadas para darlo todo, y Quim Torra ha aportado también a ello más madera. En esa onda estuvo su discurso de apertura de curso político, que ha vuelto a escandalizar a la caverna a pesar de que el president no concretó nada y de que sigue abierta la vía del dialogo. De momento, claro.

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