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UNA SAGA BODEGUERA

El empeño por lo bien hecho

Hay nombres que trascienden de su entorno. Luis Cañas, el bodeguero de Villabuena, cumple 90 años mostrando su amor a la tierra y su capacidad para no rendirse ante las adversidades.

Un reportaje de Pablo José Pérez. Fotografías P. J. P. / Cedidas - Domingo, 9 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Bodegas Luis Cañas aglutina cuatro generaciones de vitivinicultores: Carlos, Luis, Juan Luis y Jon son los nombres que más suenan al frente de este potente grupo que ya ha ampliado sus dominios a otra denominación como la de Ribera de Duero donde disfruta

Bodegas Luis Cañas aglutina cuatro generaciones de vitivinicultores: Carlos, Luis, Juan Luis y Jon son los nombres que más suenan al frente de este potente grupo que ya ha ampliado sus dominios a otra denominación como la de Ribera de Duero donde disfrutar de su pasión por el vino.

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Bodegas Luis Cañas aglutina cuatro generaciones de vitivinicultores: Carlos, Luis, Juan Luis y Jon son los nombres que más suenan al frente de este potente grupo que ya ha ampliado sus dominios a otra denominación como la de Ribera de Duero donde disfruta

El amor a la tierra, la confianza en sus capacidades, la ambición por la perfección… Esos titulares definen como pocos a la familia Cañas, a Carlos padre de Luis, a éste, a Juan Luis y a Jon, cuatro generaciones de vitivinicultores. Una familia cuyos méritos empresariales en forma de grupo bodeguero miran a Luis Cañas, que es quien da nombre a la bodega y que cumplió 90 años hace pocos días, y a Juan Luis, que puso la bodega en la autopista del futuro. Luis Cañas nació el 19 de agosto de 1928, en Villabuena de Álava y era el menor de los tres hijos del matrimonio Cañas-Herrera. Como otras muchas familias de los pueblos de Rioja Alavesa la forma de vida se asentaba en los vinos. De hecho, Carlos Cañas comerciaba con ellos y los transportaba a otros lugares de Euskadi en carros tirados por mulas.

Y aquello tenía su mérito porque el camino natural era subir el duro puerto de Herrera y se debía hacer con una recua de seis mulas, dos de las cuales volvían a Villabuena una vez superadas las cuestas más difíciles. Así se tenía que viajar en las primeras décadas del siglo XX si se quería llegar con la mercancía a Vitoria o Elgoibar, que era el destino habitual final de esos trayectos. Afortunadamente, en la década de los cuarenta, se comenzó a extender el uso de los camiones y aquello fue un cambio radical para el transporte de los vinos.

La infancia de Luis, como la de la gente de su generación, estuvo marcada por la Guerra Civil y las carencias. Por faltar, faltaban hasta medios para estudiar y eso que un maestro jubilado de Elciego tuvo la valentía y el empeño de andar todos los días de la semana hasta Villabuena y allí trataba de enseñar a leer y escribir a las niñas y niños todos juntos, aunque la costumbre de la época era tenerlos separados.

Como era normal, sus primeros años de adolescencia y juventud, igual que sus hermanos, estuvieron dedicados a ayudar en casa, trabajando en lo que salía como peones o cuidando las viñas y el vino de la familia. Luego llegó el fantasma de los planes de desarrollo y la emigración de los pueblos a las ciudades para tratar de encontrar trabajos mejor pagados que dieran para vivir. Los dos hermanos mayores eligieron esa senda en los años cincuenta, pero Luis Cañas prefirió quedarse en Villabuena para dedicarse a la viña y al vino con la confianza de que pudiera vivir de ello.

Fue entonces, en 1954, cuando se casó con Ángeles y los dos se dedicaron a trabajar los campos que le habían quedado como herencia de sus padres. En total, alrededor de 60 obradas, alrededor de unas cuatro hectáreas, una superficie que le ocupaba solo una parte de su tiempo. Por esa razón, en aquellos años trabajó en otras actividades, bien como albañil o en las labores del campo de algunas de las familias más acomodadas de la localidad.

Pero Luis tenía muy claro que el futuro estaba en las uvas y en el vino. Por eso dedicó uno de los calados que había heredado de su padre en la Cueva de los Curas para la elaboración de vino. Esta cueva, que había sido propiedad de la parroquia y era el lugar donde se cobraban los diezmos -alrededor del 10% de las producciones de cada familia-, había sido liberada tras la Desamortización de Mendizábal en 1837. Como era tan grande, ya que tiene numerosos calados conectados entre sí, el Gobierno se lo vendió a un grupo de personas, cosecheros, de Villabuena, y aún hoy sigue teniendo varios propietarios. Y uno de ellos era Carlos Cañas, que se la transmitió a su hijo, Luis.

En aquel lugar Luis Cañas comenzó a vender su vino en garrafas, que colocaba a la entrada. En 1964, año de una vendimia extraordinaria, Luis cató el vino de uno de los dueños del calado y le gustó tanto que se le cruzó en la cabeza el comprarlo y venderlo embotellado. Y así fue. Con aquella iniciativa Luis Cañas se convirtió en uno de los primeros cosecheros de Rioja Alavesa en vender el vino embotellado.

El proyecto funcionó, la venta de vino le garantizaba el poder mantener a la familia y en 1965 decidió comprar un solar para construir una pequeña bodega que terminó en 1970. De allí salía el vino embotellado y hasta allí llegaban muchos clientes a los que invitaba a almorzar gracias al respaldo permanente de Ángeles, su mujer.

De aquella época es también la compra de su parcela favorita: Carraquintana, un viñedo que ya tiene medio siglo de existencia y que se encuentra en el Camino de Leza. Allí proyecta ahora, con 90 años, un espacio singular para disfrutar de su calidad medioambiental y de las excelentes uvas que produce, que son el origen de uno de los vinos más emblemáticos de Bodegas Luis Cañas, Hiru 3 Racimos.

A finales de los años ochenta no veía clara la sucesión en la bodega. A su edad se sumaban, también, cinco hernias discales y una potente artrosis, que le dificultaba el movimiento. Pero su hijo Juan Luis era directivo de una multinacional de electrodomésticos y tenía una sólida formación económica y empresarial e importantes perspectivas profesionales. Sin embargo, Luis le planteó la posibilidad de continuar con el negocio familiar, con completa independencia para tomar las decisiones que considerara oportunas. Finalmente, Juan Luis aceptó cambiar de trabajo, dándose un plazo de cinco años para valorar si continuaba o no.

El padre cumplió su compromiso de respetar el trabajo de Juan Luis, aunque algunas veces le cuestionaba procedimientos o inversiones, pero finalmente vieron que el negocio no solo funcionaba bien, sino que además crecía. Por esa razón no hubo necesidad de realizar valoraciones al cabo de los cinco años, porque antes, en 1993, Juan Luis Cañas ya tenía claro que necesitaban una bodega en condiciones y compró los terrenos necesarios en Villabuena. Al año siguiente, con financiación bancaria, acometió las primeras obras de la actual instalación, que recibió una primera ampliación en 2006 para poder criar todo el vino que habían planificado. Esa ampliación se debió a que hubo anteriormente algún año que no hubo espacios suficientes para elaborar todo el vino que podían y hubo que echar mano de otras bodegas y hasta del calado de la Cueva de los Curas. En aquella ocasión, en el año 2000, Luis echó una mano realizando maceraciones carbónicas mostrando mayor pericia, según cuentan, que los técnicos de la bodega.

Sucesión al frente En la actualidad, esas instalaciones ejemplifican el bien hacer de las cosas heredado de su padre. En la bodega no falta una residencia para los trabajadores temporeros, con lo que Juan Luis se convirtió en pionero en esa previsión. Tampoco falta un proyecto enoturístico con un wine bar y con un impresionante balcón sobre un mar de viñedos.

En el año 2004, Juan Luis Cañas comenzó a plantearse el futuro de la bodega. Su hijo Jon estaba planificando su vida profesional hacia actividades que no tenían nada que ver con la vitivinicultura y su hija Beatriz era farmacéutica. Pero la situación se encauzó de la manera más sorprendente, ya que la pareja de Beatriz era el abogado Iñaki Cámara, que aceptó convertirse primero en mano derecha de Juan Luis Cañas y posteriormente en gerente de la bodega. Y más sorprendente fue la decisión de Jon, que apostó por incorporarse a la bodega, pero en el trabajo de campo y con el tiempo en otras responsabilidades en la bodega que confirman la continuidad familiar del negocio.

las claves

La familia Cañas ha expandido el negocio a la Denominación de Origen Ribera del Duero

villabuena de Álava- Con Bodegas Luis Cañas en marcha, el carácter emprendedor de los Cañas se acentuó y Juan Luis puso en marcha dos nuevas iniciativas. Por un lado, junto a Juan José Iribecampos, puso en marcha en 2011, en Ribera de Duero, la bodega Dominio de Cair, construída en el término de La Aguilera, en Aranda de Duero. Según cuenta el propio bodeguero, Dominio de Cair surge de una buena amistad con su socio. Cuentan con 70 hectáreas de viñedo muy viejo, de baja producción, situado en laderas. Son fincas muy pequeñas, de tierras pobres, pero con una óptima orientación. Estos viñedos se sitúan en los municipios burgaleses de La Aguilera, Quintana del Pidio, Gumiel del Mercado, La Aguilera y Moradillo de Roa.

Por otra parte, desde hacía tiempo Juan Luis Cañas quería tener una pequeña bodega en Samaniego, para dedicársela a su madre, fallecida. Y tenía puesto el ojo en una bodega pequeñita donde en el año 1952 se constituyó la primera cooperativa de Rioja Alavesa y en la que se unieron agricultores de tres pueblos: Páganos, Leza y Samaniego y se denominó PA-LE-SA.

Amaren El edificio cambió de manos y en 1988 lo adquirió Javier Fuste, a quien la familia Cañas se lo compró en el año 2014. Fue entonces cuando Juan Luis Cañas la puso el nombre de Amaren, en recuerdo a su madre. Desde el cincuenta y tantos hasta ahora se han realizado varias ampliaciones en el recinto bodeguero y alguna de ellas con una importante carga sentimental para Juan Luis Cañas y para el propio Luis.

“Mi padre, por ejemplo, a los dos años de estar casado, tendría 26 años o así, estuvo trabajando aquí de albañil en una de las ampliaciones”, relata Cañas. Después hubo otras. La última, la más grande, se hizo en 2000/2002. - P.J.P.

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