Diario de AlavaDiario de Noticias de Alava. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Alava

De la ‘metis’ lotofágica

Por Julio Urdin Elizaga - Lunes, 27 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:03h

si tomásemos como punto de partida para el mundo de las artes las afirmaciones cientificistas basadas en la teoría de la evolución, a sabiendas, tal y como afirmara Michel de Certeau, de que la diferencia entre el punto y la circunferencia tan sólo es una cuestión de dimensión, no tardaríamos en concluir que toda nuestra cultura, civilización y manifestación artística no es sino la excrecencia generada al exterior por el conglomerado de células organizadas en el interior de un saco de piel de la especie mamífera humana. Y por supuesto estaríamos de acuerdo con Robert Aunger, al que debemos semejante descripción, en que la muerte, representada en la mitología griega por Tanatos, consiste en ser principalmente “la descomposición de este compuesto”. Si a semejante definición se le añade la visión platónica del arte bajo sospecha de constituir una actividad por definición engañosa protagonizada por individuos que fundamentalmente tratan de alejarnos de la realidad al carecer de una herramienta que nos asegure la veracidad emanada desde sus propuestas, obtendremos la fórmula magistral del desprecio hacia toda manifestación de índole estética. Más aún, tal y como denota Iris Murdoch, si en ello implicásemos a la figura del poeta como ese maléfico ser corruptor del hombre bueno a través de la inteligente argucia plasmada en la obra, puesto que, como de todos es sabido, “cuanto más sofisticado es el arte, más peligroso resulta”.

Ahora bien, para que esto no fuera así el sentido de la vida, que necesariamente le es inherente a la manifestación artística, vitalidad y expresión, siendo la vida misma algo más que la caracterización como cáncer terminal denunciada por Skolimowski en base a los excesos de la filosofía analítica y ciencia médica especializada, cuenta con una excelente aliada en Metis. Ambas, Metis y Tanatos, son ideas personificadas. Como tales más que seres precisos son hijas de la noche, de la oscuridad y de la subjetividad;la una nacida de un huevo representando “la discreción, el seso y el buen consejo”, mientras la otra, hermana del sueño, adopta la personificación de la muerte. La metis viene a ser descrita por Vernant &Detienne en Las artimañas de la inteligencia como el conocimiento en los “modos de hacer” implicando en ello tanto a artistas como artesanos. Finalmente, Mircea Eliade llama doblemente la atención sobre la antigüedad de Metis, primera esposa de Zeus y diosa de la inteligencia, fagocitada en su embarazo de Atenea por el mismo que habrá de gestar en su interior y dar a luz mediante hachazo craneal de la mano de Hefesto, evitando así una matrilineal sucesión no deseada del dios inmortal, y cuyo tema Walter Otto indicara ser de “carácter arcaico” y “salvaje”. “En efecto -escribirá Eliade sobre la guardiana diosa- la metis, la inteligencia práctica, es su atributo más característico. Atenea no es solamente la protectora de los oficios femeninos, sino que es por encima de toda la politécnica, la inspiradora y maestra de toda clase de artesanos especializados”. En esto debió de salir a la madre. Por ello no es de extrañar que concluya afirmando el que: “Se comprende que, en la época de los filósofos, la diosa de la metis se convirtiera en símbolo de la ciencia divina y de la sabiduría humana”.

A ciencia cierta, por tanto, el poeta local que traslada mediante su escritura la impotencia del Arte ante el Mundo, una especie de Píndaro que decide quién ha de pertenecer a su particular Parnaso, un absolutista en su solipsismo frustrado, debería tomar en consideración una cuestión sustancial del mismo, pues si el arte es inherente al ser mismo del hombre en su evolución, haciéndose a todas luces imprescindible en su naturaleza, poco debería importarle los circunstanciales avatares del oficio de artista salvo en el pertinente aspecto de lo personal. Hecho prontamente referenciado por el filósofo Collingwood cuando considerara el que: “Los artistas muestran sus obras e incluso las venden, pero ninguna de esas acciones constituye un acto estético. El artista no tienen compañía, ni siquiera la suya propia, y aun así no se siente solo. Tiene todo lo que necesita, a saber, el mundo de su imaginación”.

Añade nuestro poliédrico artista -uno cualquiera, puesto que hoy en día todos parecen serlo, que dan de sí para más de un género, y decir poliédrico no implica necesariamente serlo en su faceta diamantina por lo que en ocasiones se nos muestran más maleables que otra cosa- que el arte sirve para la reconciliación, para la autorrealización y para la apreciación y disfrute de la vida misma. Una esfera que tiene la propiedad de ofender por estar al margen de la realidad dando así la razón al recio Platón. Pero tal vez, el arte que así se nos muestra, realmente no ofenda tanto cuanto pueda parecer, pues el artista presente se nos da en el interior de una zona de confort hedonista y para nada promueve el cambio paradigmático que dice defender desconcertado como está ante un mundo ya no cambiante sino radicalmente transformado que no llega a reconocer. Preso de una tupida red de relaciones sociales si el arte requiere de algo, al menos en el proceso de la creatividad, este algo es aquel del hipercrítico y mordicante aislamiento cuyo misterio se rompe en el momento en que muestra y se expone en la obra realizada ante los demás. La creatividad, además, parece surgir de la noche como Metis, como Tánatos y su hermano Hipnos. Recuerda Franco Rella como Kafka escribía de noche y en el silencio, donde para Proust se generan los libros “como si fueran hechos inconfesables y oscuros, en los que se insinúa el mal en el gesto mismo que aísla del mundo, para que se pueda proyectar sobre el mundo la luz o la oscuridad que se han escondido en las palabras”. Lo mismo parece servir para todo artista en general. Pues si el todo, la obra, surge de esa nada incipiente que ya en sí es algo, la idea, ésta última siempre ha sido imaginada como aparecida de la mayor de las oscuridades. Esta iluminación desde el arte es la reclamada revelación, refugio ignoto donde al parecer encuéntrese la espiritualidad del ser, que entre otras corrientes nos muestra aquella de la ecofilosofía.

El humano que prescinde de las artes, de la espiritualidad, es como aquellos lotofágicos personajes que amenazaban a Ulises con arrebatarle la personalidad, “...seres que se alimentan de la flor de loto, alimento que al ser ingerido por un ser humano produce pérdida de la memoria. Al comerlo un hombre olvida todo lo que sabe, no vuelve a recordar su pasado, y pierde su sentido de identidad. Quien come el delicioso loto deja de vivir como hombre, su conciencia se desvanece”. Tal vez, una buena descripción de la sociedad del tecno-consumo en que vivimos y de la paradigmática enfermedad que marca su era, el Alzheimer y la demencia sea senil o no.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Noticias de Álava se reserva el derecho a eliminarlos.

Últimas Noticias Multimedia

    Más sobre ¡Qué mundo!

    ir a ¡Qué mundo! »

    • Avda. Gasteiz 22 bis 1ª Oficina 13 Vitoria - Gasteiz
    • Tel 945 163 100, Fax Administración 945 154 344, Fax Redacción 945 154 346

    • Oficina Comercial: Calle Portal del Rey 24 (Esquina calle Paz), Tel 945 201000, oficinacomercial@noticiasdealava.eus