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Así éramos en Pipaón

Domingo, 26 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Foto de familia ayer en la recreación vecinal de Pipaón.

Foto de familia ayer en la recreación vecinal de Pipaón.

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Foto de familia ayer en la recreación vecinal de Pipaón.

Pocos faltaron a la convocatoria. Después de 22 años recordando a los visitantes como se vivía antaño en pueblos como Pipaón, los vecinos salieron una vez más, ataviados como hace décadas, para escenificar esa forma de vida y evitar que las nuevas generaciones pierdan la memoria del pasado más reciente. Se trata de la XXII Jornada de Etnografía Viva, que organiza la asociación Usatxi, con el apoyo de la Diputación y que desde las diez y media de la mañana llenó de actividad y gentes las calles de esta localidad de Montaña Alavesa.

Como es tradicional, los vecinos fueron llegando a la plaza vestidos con sus trajes de oficios. No faltaban ni el cura y sus monaguillos, ni los segadores y agricultores. Y lo primero que se llevó a cabo fue una vuelta por la localidad para disfrutar de sus cuidadas calles, sus edificios bien conservados y sus rincones acogedores. En ese recorrido se pudo contemplar la impresionante parroquia de la Exaltación de la Santa Cruz, un edificio del siglo XVI que guarda algunas joyas, como su retablo rococó, un precioso púlpito y los retablos laterales de los siglos XVI al XVIII;o las antiguas escuelas, hoy sede de la asociación.

Tras el desfile por las calles, acompañados por los gaiteros y dantzaris, los protagonistas de la evocación rural se concentraron en la plaza. Primero para hacerse la foto de familia y después para escuchar el pregón de este año, que corrió a cargo de Miren Arenaza, una vecina de Pipaón, que rememoró la vida en los pueblos, la forma de mantenerse con la agricultura, la ganadería o la preparación de productos básicos como el carbón y el pan. Recordó que hace más de 50 años los críos jugaban la tarde del domingo y poco más y el resto del tiempo, además de ir a la escuela, lo dedicaban a las labores de la casa, como dar de comer al ganado, ayudar en las tareas del campo, cuidar de los hermanos más pequeños o realizar labores que les encomendaban.

Tras sus palabras comenzó el recorrido por la escenificación de los oficios en diversos lugares del pueblo: el amasado del pan para dejarlo en condiciones de ser horneado y que quede mullido por dentro y crujiente por fuera. La molienda del grano en el pequeño molino eléctrico que miman en un local donde, por cierto, van guardando los fósiles que aparecen por el término municipal. Los trabajos de la trilla del grano para separar la cáscara del grano, una tarea que se realizaba en el tiempo más tórrido de calor y que dejó muchos recuerdos de críos subidos en el trillo mientras jaleaban al mulo -al macho, se decía antiguamente- para que diera vueltas por la era sobre el cereal.

En otros lugares, otras personas mostraron cómo se lavaba la ropa, la tradicional colada, con sus tablas de madera para poder refrotar bien la ropa con los jabones que se usaban y que se fabricaban en las casas con los aceites usados y sosa apagada. El recorrido llevó también a la carbonera, donde se explicó cómo se preparaba y lo importante que era para poder obtener el carbón que se gastaba en casa o se vendía en otros pueblos, incluso al otro lado de la Sierra, en Laguardia

Tras los recorridos, el grupo de danzas de Pipaón realizó una exhibición de las antiguas danzas y con ello se dio paso a la comida popular. Entre los vecinos se encontraba Pilar Alonso, la alondra de Pipaón, creadora de la asociación y también recuperadora del grupo de danzas, quien comentó que “las bailaba mi abuelo, pero en 1904 se dejaron de bailar y hasta 1979, que vinieron por aquí Garamendi, Lauzuria y otras personas interesadas en recuperar las tradiciones no se habló de nuevo. Me preguntaron por el grupo y nos pusimos a recuperar el grupo que siempre estuvo integrado por adultos, no por niños, porque cuando dependíamos de Peñacerrada, el conde, cuando pedía las danzas, quería gente mayor y con responsabilidad”. Añade que “en 1982 presentamos al grupo en Vitoria, en el teatro Florida. Desde entonces, hemos ido a la feria de turismo de Madrid, al teatro Arriaga de Bilbao, a San Sebastián… a bastantes sitios”.

Junto a las danzas y las escenificaciones, la jornada contó con varios puestos de artesanos, tanto de txalaparta, como de piezas de madera de boj, bisutería y la degustación de tortilla de patatas que prepararon los vecinos.

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