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Dani Lorenzo nuevo jugador del ointxe de liga eba

“Vitoria es una ciudad muy complicada para que alguien de aquí sea algo o consiga triunfar”

Hastiado y decepcionado, este vitoriano se ha pasado al baloncesto amateur tras su salida del Araberri. Un cambio que, en contra de lo esperado, supone un soplo de aire fresco

Oscar San Martín José Ramón Gómez - Martes, 31 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Dani Lorenzo, nuevo jugador del Ointxe de liga EBA.

Dani Lorenzo, nuevo jugador del Ointxe de liga EBA. (Foto: José Ramón Gómez)

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Dani Lorenzo, nuevo jugador del Ointxe de liga EBA.

Vitoria-Detrás de lo sueldos millonarios de la Euroliga o incluso el glamour de determinados clubes de la ACB, existe otro tipo de baloncesto más humilde y nada reconocido con sueldos, en muchos casos, precarios. La paciencia de Dani Lorenzo, obligado desde hace años a compatibilizar el deporte con el trabajo para salir adelante, estaba al límite. A partir de la próxima campaña, este base vitoriano de 25 años jugará en un modesto conjunto de Mondragón que, a diferencia de lo que le sucedía en LEB Oro o Plata, le permitirá conciliar su gran pasión por el baloncesto con una responsabilidad laboral. El peaje de bajar uno o dos peldaños de categoría, eso sí, no supone ningún quebranto.

¿Por qué se ha reenganchado al baloncesto en el Ointxe?

-Más o menos, no tenía pensado dejar del todo el basket. Comenté en su día que me retiraba de las competiciones FEB de LEB Oro y Plata, pero dejé abierta la puerta a seguir en EBA. He tenido un montón de ofertas en lo que llevamos de verano y tampoco quería que me estuviesen llamando más equipos. Cuanto antes cerrara algo, si me interesaba la oferta, mejor. La verdad es que se me hace imposible no tener baloncesto en mi vida, eso es una realidad. A pesar de que ya estoy trabajando en el departamento de ventas de Sáenz Horeca y no lo voy a dejar al ser mi prioridad en este instante, quería que el baloncesto siguiera formando parte de mí. Y si es a nivel de EBA, encantado. En el Ointxe se han amoldado a mis horarios.

En enero de este año comunicó a Óscar Vázquez que dejaba el Araberri. ¿Había llegado al límite?

-Por esas fechas cumplía 25 años, una edad en la que ya debo plantearme qué es lo que iba a pasar con mi futuro. Entonces decidí buscar un trabajo porque el baloncesto a mi nivel no te da para ser millonario, solo para vivir lo justo. Me surgió una oferta laboral y al acabar la temporada el 27 de abril todo se aceleró. Le planteé claramente que con ese estilo de vida no podía seguir. Es baloncesto profesional, pero no está remunerado. Tenía muchos proyectos de futuro con mi pareja que no eran compatibles si continuaba en el Araberri.

Detrás de los sueldos millonarios en algunos clubes de la ACB, ¿qué esconde el baloncesto de las categorías más pequeñas?

-Eso es una crueldad. La gran mayoría de los equipos carecen de unos presupuestos grandes. Si hay poco dinero para confeccionar una plantilla, entiendo que se pague poco. Yo conozco gente que ha llegado a cobrar 300 ó 400 euros en ligas LEB. Si estás en un Breogán o Manresa, puedes irte a los 2.000 ó 3.000 euros si eres muy bueno. En los restantes sitios, los sueldos son de 800 para abajo. La verdad es que se hace duro cuando la gente te dice que vives de lo que te gusta o que solo tenemos que entrenar y jugar partidos. Dentro de esta profesión, hay muchísimas cosas como un equipo, un entrenador, una competición... Debes vivir con el dinero que te dan y es una competición muy exigente en la que debes entrenar todos los días. Hay muchos viajes o un montón de cosas que te limitan a solo dedicarte a eso. Cuando llega el final de mes, no ves que puedas seguir viviendo de esto. Es una pelea que va más allá de que un entrenador no quiera sacarte o intentes darlo todo a la semana siguiente para convencerle y no sea suficiente. Son peleas internas que la gente no conoce.

¿También minó su moral que apenas haya jugado las dos últimas temporadas en LEB Oro?

-Seguramente me he quedado con esa espinita clavada de no haber tenido los minutos para demostrar que podía ser útil. Creo que he dado la cara y estaba por algo. No me he sentido importante y en ese sentido sí que estoy decepcionado.

¿Se le pasó por la cabeza dejar el baloncesto?

-Según dejé el Araberri, los amigos empezaron a escribirme que volviese a jugar con ellos en Calasanz en Primera senior, aunque fuera para quitarme el gusanillo. Tampoco estaba preparado para asumir ese cambio de pasar de los mejores pabellones, las mayores comodidades y los mejores balones a estar en un pabellón de colegio con frío y badenes gastados. No sabía si disfrutaría del baloncesto a esos niveles. Me propuse escuchar las propuestas que recibiría de EBA. Creo que en el proyecto de Ointxe cuentan con dos entrenadores que ya me han dirigido, me conocen y me llevo muy bien. Eso me ha ayudado y, además, también se viene conmigo otro compañero del Araberri en los últimos años. Estoy ilusionado y, sobre todo, con ganas de disfrutar del basket.

Tras esta cruel realidad que está describiendo, ¿qué consejo le daría a algún joven vitoriano que quiera mantener la ilusión de triunfar en el baloncesto?

-No voy a engañar a nadie. Más allá de que Vitoria sea una ciudad de baloncesto, es muy complicada para poder llegar a algo. No hay más que ver cuántos alaveses han jugado en el Baskonia o cuánta gente de aquí triunfa. No han sido muchos. Les diría que, mientras sean jóvenes y les guste el deporte, les invito a que sigan practicando el deporte y no se agobien pensando en lo que vendrá. En mi caso, nunca pensé que, aunque poco, podría cobrar de esto. Cuando te dan los primeros 200 euros, luego se convierte en una especie de obsesión el poder seguir ganando dinero. Es verdad que, a medida que vas cumpliendo años, adquieres otras responsabilidades. Mientras te lo permita tu edad y no te encuentres en la obligación de trabajar en otra cosa para hacer dinero, lo ideal sería que peleen por el deporte que les apasiona.

Usted representa mejor que nadie la condición de jugador modesto obligado a trabajar de lo que sea. Lo bueno es que lo ha asumido con naturalidad, ¿verdad?

-Es un clásico, pero me ha tocado ser camarero. La EBA y, a veces, la LEB Plata son competiciones que sí te abren la puerta a emplearte en otras cosas. No es una vida saludable tener que trabajar de noche y al día siguiente jugar un partido, pero es lo que me ha tocado hacer para complementar mi actividad de baloncesto. Durante mi etapa en LEB Oro, el Araberri no me dejó compaginar ambas cosas porque los entrenamientos eran mañana y tarde y no tenía la opción de sacar tiempo libre.

¿Pediría entonces un convenio para los jugadores de las categorías inferiores o qué solución da para mejorar la situación?

-Las bases de la Federación están mal redactadas y hay algo que falla. Lo único de lo que se preocupa bajo mi punto de vista es de la selección española. No se puede ser una liga profesional si no hay unas bases profesionales y unos salarios mínimos o unas condiciones para que el jugador solo tenga que preocuparse del baloncesto. El día que se dediquen a reconducir esto, seguramente vaya todo mejor. Ahora mismo americanos que terminan en su país el último año de la universidad vienen aquí por 300-400 euros y una casa. Esto de alguna manera estropea un poco el mercado. Si puedo traer a un americano por ese dinero, ¿por qué le voy a pagar a un nacional 1.000? Estoy convencido de que Jorge Garbajosa detecta que están mal las cosas, pero igual no le apetece resolverlas o le parece un marrón.

Al ser base, ¿qué opina sobre la posibilidad de que Huertas, Granger y Vildoza repitan en la dirección del Baskonia para el próximo curso?

-A Marcelinho le he querido y le quiero mucho, pero no está para que el Kirolbet alcance una Final Four. Granger ha sido a ratos una decepción y a ratos el jugador que esperaba, así que no sé qué versión de él nos vamos a encontrar este año. En principio, nos lo podríamos quedar, pero Huertas fuera. En cuanto a Vildoza, es un base que está bien, toma decisiones y no se corta, pero no sé si es para el Baskonia. Ahora mismo, no es un jugador para llegar a la Final a Cuatro. No sé con qué nos van a ilusionar.

las claves

“Con mi estilo de vida en el Araberri no podía seguir;es baloncesto profesional, pero no está remunerado”

“Se hace duro que la gente te diga que vives de lo que te gusta cuando en LEB se cobra 300 ó 400 euros”

“No es una vida saludable tener que trabajar por la noche de camarero y al día siguiente jugar un partido”

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