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Maite Ruiz de Austri Directora, productora y guionista

“Hay gente muy interesante en Álava que está a punto de dar el paso del corto al largometraje”

No para. Sus próximos proyectos reclaman tiempo, pero también la Academia de Cine y la Asociación de Productores Audiovisuales de Álava. “Aquí hay y siempre ha habido mucha creatividad”, dice Maite Ruiz de Austri

Una entrevista de Carlos González Fotografía José Ramón Gómez - Domingo, 29 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Maite Ruiz de Austri, directora, productora y guionista.

Maite Ruiz de Austri, directora, productora y guionista.

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Maite Ruiz de Austri, directora, productora y guionista.

Vitoria- Con los Goya -que ella ha ganado en dos ocasiones- viajando hacia Sevilla en su próxima edición, Maite Ruiz de Austri sonríe imaginando la gala en Gasteiz. “Me gustaría tanto que pudiera hacerse aquí...”. Pero falta un auditorio de entre 2.000 y 3.000 butacas. De momento, ella lleva unas cuantas semanas viajando entre Madrid y Gasteiz ya que sus obligaciones como nueva vocal de la Junta Directiva de la Academia de Cine así lo reclaman.

¿Cómo debe actuar la Academia de Cine para ser útil para el sector y para la sociedad?

-Cada vez la Academia va definiendo mejor sus objetivos. Es una reunión de profesionales muy amplia, que representa a todo el sector y su papel debe ser de representación y promoción del cine. Eso es lo que tenemos ahora como objetivo. Con el cambio de directiva, se ha visto la conveniencia de abrir la Academia a la sociedad y los profesionales en general. Por ejemplo, ahora está colaborando y acompañando actividades en las que no está sólo como organizadora. Una muestra de ello es lo que se hará en noviembre en Madrid que se llamará Todos los Cines del Mundo y que se traducirá en una serie de eventos que tienen que ver con el cine y a los que podrá acudir cualquier cinéfilo. Otro ejemplo de esa nueva etapa es el hecho de llevar los Goya a Sevilla. Y hay más ciudades que han mostrado interés por acogerlos. Es voluntad de la Academia que eso se pueda producir más veces. Cualquier ciudad que tenga un auditorio para entre 2.000 y 3.000 butacas puede recibir la gala.

Vamos, que hay que descartar a Vitoria...

-Me gustaría tanto que pudiera hacerse aquí... haría lo que fuera porque eso pasase. Pero es complicado. En Sevilla se va a hacer en un auditorio de 3.000 butacas. Hace falta una infraestructura así. Pero la Academia no es sólo los Goya. Durante el año hace muchas cosas. De hecho, la Academia está totalmente abierta a descentralizar.

Dentro de la nueva estructura, usted ha entrado como vocal de la Junta Directiva, como representante de la comisión de animación. ¿Con qué objetivos afronta el puesto?

-Lo que me he propuesto, de manera fundamental, es abrir la especialidad porque la realidad es que, en nuestro campo, hay muy pocos académicos. No sé si es que no hay más porque la gente no quiere o porque en un momento determinado se les ha dicho que no. Es verdad que ha habido momentos en los que las normas para acceder han sido muy restrictivas. Quiero abrir eso, sobre todo, a las mujeres. Estamos tres o cuatro y casi todas vascas, por cierto.

Ahora que menciona esta cuestión, ¿se están dando pasos reales y efectivos para, en el campo del cine, la mujer (actriz, directora, productora, guionista, técnica...) sea de verdad visible?

-Aún no. La foto, en estos momentos, no es la de la visibilidad. Eso hay que reconocerlo. No es una opinión, sólo tienes que acudir a las estadísticas. Pero cada vez va a ser más difícil mantener esta situación. Ahora mismo se está hablando de esto. Y, por lo menos, se está considerando como un problema algo de lo que antes ni siquiera se hablaba. Pero va a costar, no se va a hacer de la noche a la mañana. Entre otras cosas porque hay una carencia de referentes importante. Es muy difícil decirle a alguien: tú puedes, no hay problema. ¿Cómo que no hay problema? ¿Quién lo ha conseguido antes?

Entre ser mujer y dedicarse a la animación, ¿ha sentido una doble barrera para su desarrollo profesional a pesar de sus Goya, de los premios internacionales, de todo lo conseguido?

-Sí. Si eres la única en 20 años que te dedicas a la animación, eso es la pera. Independientemente de si eres hombre o mujer, y es una de las cosas que tenemos que hacer en la Academia, hay que dignificar a la animación. Todavía no se considera del todo cine. Hace 20 años, yo pedí el ingreso en la Academia. Había dirigido ya una película. Por reglamento, tenía derecho a ingresar. Me dijeron que no, que lo que había hecho era una película de animación. ¿Qué ocurrió? Que ese año le dieron a El regreso del viento del norte el Goya y, automáticamente y por reglamento, si ganabas, entrabas en la Academia. Es decir, que entré por ganar un premio, no por ser directora de una película.

Es un ejemplo que dice mucho.

-Hay más. Antes, tenías que en la gala de los Goya, el premio de animación al mejor largometraje se daba de los primeros, junto con otros considerados menores, entre comillas. ¿Qué pasó? Que cuando Trueba produjo y dirigió una película de animación, de repente la categoría se cambió de lugar y tratamiento. Otra de las peleas es que la animación se considera como un género en sí. No lo es. Es una técnica y en la animación también vas a tener ficción, documental o cualquier otro género. Hay mucho por andar y reconocer. También en lo que se refiere a la venta de las producciones. Cuando vas a las salas, te encuentras con que los horarios son diferentes. Parece que sólo se puede programar en fines de semana y en determinados horarios si es para niños. Todo eso hace que la horquilla de oportunidades sea más pequeña. Todo hace que el camino sea más complicado. Si a eso le unes el hecho de ser mujer... es muy, muy difícil.

Su último proyecto, como productora y guionista, ha sido ‘La bola dorada’. ¿Balance satisfactorio?

-Ha estado muy bien. Es una película pequeña con la que nos lo hemos pasado muy bien. Nos han pasado cosas muy chulas con ella. Tocaba un tema muy a flor de piel como la cuestión de los abusos en el colegio, no tanto relacionado con el bullying sino con el atropello al diferente. Es una película que se ha utilizado mucho en centros educativos y en un colegio, todo un curso, tras ver el filme, se presentó al día siguiente en clase con los alumnos vestidos con una zapatilla de cada color, que es algo que si ves la historia, entiendes al instante, porque eso pasa en la pantalla. Ahí es cuando dices: vale, el mensaje ha llegado y ha dado directo en la diana. Algo estaremos haciendo bien. Por eso también haces cine, te gusta, de alguna manera, influir en la sociedad y ayudar a que las cosas vayan mejor.

Como no tiene suficiente ocupaciones, es usted también presidenta de Apika (Asociación de Productores Audiovisuales de Álava). ¿Qué debe ser la entidad, un instrumento de cara a las instituciones, una herramienta de cara al sector en el territorio...?

-Fundamentalmente es un instrumento para el sector en Álava. Es su razón de ser. Promocionar, promover, ayudar a que el sector salga adelante para que haya oportunidades. Ahí está su labor. Es una llamada, una lucha para que tengamos oportunidad en Álava de sacar adelante este sector. Aquí hay y siempre ha habido mucha creatividad. Y hay gente muy válida. Pero, cuando nació Apika, consideramos que Álava no estaba teniendo las mismas oportunidades que otros territorios históricos. Era una sensación. Y hablamos con el Gobierno Vasco, con el que quedamos en hacer un mapeo para ver cuál era la fotografía real en Álava. Lo hicimos y la foto que salió era que, por ejemplo, en el montante de las ayudas había una diferencia muy grande de lo que iba a Gipuzkoa, Bizkaia y Álava. También, sabiendo que en todas las partes donde hay una televisión autonómica, ésta es el tractor del sector audiovisual, vimos que no hay empresas de Álava trabajando para EiTB. Hemos estado hablando sobre todo ello. Además, vimos que en Álava partíamos de una posición peor con respecto a otros territorios porque tanto en Gipuzkoa como en Bizkaia sus diputaciones y sus ayuntamientos sí han tenido y tienen líneas de apoyo al sector audiovisual. Por eso empezamos a hablar tanto con el Ayuntamiento de Vitoria como con la Diputación Foral de Álava. Y estamos muy contentos porque eso se ha puesto en marcha. Existe una apuesta importante por su parte en este sentido y estamos muy agradecidos por lo que están haciendo. No sólo por la ayuda en sí, sino también porque permite a los proyectos presentarse a las ayudas del Gobierno Vasco con un plan de financiación que ya tiene un primer impulso, lo que te ayuda en el proceso de puntuación.

Sin menospreciar al sector del cortometraje, ¿hasta qué punto el hecho de que en estos años se estén desarrollando tantos largometrajes en el territorio ayuda a ‘vender’, de cara a las instituciones y a la sociedad, la necesidad de este acompañamiento al sector?

-Es importante, claro. El corto, de todas formas, es fundamental. Igual no vende tanto, como dices, no es tan mediático, pero estratégico. No sólo los directores, los equipos audiovisuales se hacen en el cortometraje. En citas como Cortada y Korterraza ves qué está haciendo la gente de aquí y en varios casos, piensas: qué poco les falta para dar el paso al largometraje. Ves que hay madurez, sentido... no sé cómo definirlo. De hecho, creo que vamos a tener varias sorpresas pronto porque hay gente muy interesante que está a punto de dar el paso en Álava. No sólo en la parte de la dirección, sino en todo lo que tiene que ver con los equipos técnicos. Pero, efectivamente, que se hagan largos es muy interesante. Eso sí, siempre debemos tener presente lo que a cada una de esas películas le ha costado llevarse a cabo. Un largo es muchísimo tiempo de trabajo.

A pesar de lo que cuesta llevar a cabo un proyecto, como dice, buena parte de la sociedad critica o muestra su rechazo a que se ayude, desde lo público, al sector cinematográfico. ¿Por qué sí se puede invertir en un sector como el automovilístico, por poner un ejemplo, y no al suyo?

-Seguramente ahí es necesario hacer una labor de pedagogía importante. No hay muchas cosas que no estén subvencionadas en nuestra vida. El pan que compramos todos los días, si el trigo no tuviera una subvención, sería mucho más caro. Cuando compras un coche, tienes planes como el Renove, y te dan 2.000 euros de ayuda, por ejemplo. Y así, con mil historias. Cualquier empresa de cualquier tipo, en un momento dado, cuenta con ayudas. La parte pública que apoya la cultura es una manera de preservar la independencia del creador. Hay películas que son de entretenimiento puro y duro que sabes que van a funcionar. Pero hay otro tipo de cine que no es fácil y, sin embargo, hay que hacerlo. Ahí también incluyo al cine para niños. Me parece fundamental que lo cuidemos, que es algo que hacen muy bien los nórdicos. Eso es una responsabilidad de quienes nos gobiernan. Eso se hace apoyando la creación.

Se supone que ésta es la era de lo audiovisual. ¿Sabemos ver, leer y hacer, estamos educados para ello?

-No y dudo que interese que nos eduquemos. Cuanto menos educados estemos, más fácil manipularnos, máxime en un momento en el que la opinión de la gente casi se basa en leer un tuit. Una de las cosas que ha visto la Academia es que existe una desesperada necesidad de formar a las personas en el lenguaje audiovisual. Nunca la gente ha usado tanto la imagen, la pantalla. La Academia quiere llegar a un acuerdo con el mundo de la educación para poner a su disposición una serie de películas para que se puedan usar en los centros escolares para aprender tanto a ver la imagen y lo que eso conlleva, como a utilizarla, ya que ahora con un móvil puedes hacer de todo.

Por cierto, ¿en que está usted ahora entre tanta obligación?

-Estoy en varios proyectos pero de momento no puedo decir mucho más. Espero que dentro de poco pueda dar más detalles.

A alguien que está empezando le diría...

-Este tipo de trabajo es muy vocacional. Ante eso, no le puedes decir nada, sólo transmitir que esto es muy duro y complicado. El talento es importante, como para todo, pero el trabajo es fundamental.

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