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Ministerio de Inteligencia Artificial

Por Alex Rayón - Lunes, 23 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h

En España ya se ha conformado Gobierno. No se ha creado un Ministerio de Inteligencia Artificial. No lo digo con ironía o en clave futurista. El pasado octubre, Emiratos Árabes Unidos (EAU), tras una reestructuración del gabinete, se convirtió en el primer país del mundo en tener un ministro de Inteligencia Artificial: Omar bin Sultan al Olama, de 27 años. Esto no dejaría de ser un elemento pintoresco si no fuera una materia que comienza a entrar en las agendas ministeriales. Francia publicó en abril su estrategia nacional de Inteligencia Artificial (IA). En EEUU, han creado un grupo de expertos para la definición de una normativa sobre la que desarrollar la IA. China quiere liderar este campo de la economía para 2030. En Reino Unido han creado un centro ético para el uso de datos y la innovación. Además, están planteando ya seguir los pasos de EAU y crear un ministerio.

La creación de un ministerio suele buscar ordenar y controlar un cierto sector de la actividad social que merece una especial atención de los estados. La IA hace tiempo que ya ha trascendido el plano técnico y comienza a ocupar espacios de reflexión en torno a su impacto no solo en la economía sino también en diferentes planos sociales. Concretamente, en los Emiratos Árabes Unidos se ha creado este ministerio por la afección de la IA en campos tan diversos como transporte, salud, energía, educación, medio ambiente, movilidad, etc. En la UE todavía no existe una política común sobre la materia. Sí que hemos armonizado, con el Reglamento General de Protección de Datos, muchos asuntos relacionados con el uso de datos en sí mismo y la protección de los ciudadanos y ciudadanas. Pero seguimos carentes de una estrategia común en materia de los retos que introducen los programas de inteligencia artificial. ¿Es necesaria? Yo creo que sí.

La IA detecta patrones de comportamiento y puede diferenciarlos por diferentes variables (perfil de riesgo, clases sociales, género, capacidad adquisitiva, etc.). Por ello, puede hacer discriminaciones. ¿Qué pasaría si un algoritmo decide que a un paciente es mejor no medicarle? ¿O a un estudiante no renovarle su matrícula por su patrón de comportamiento? ¿Qué pasaría si sugiere no defender una causa como abogado por las pocas probabilidades de éxito que hay? ¿O no cubrir con una póliza de seguro a una persona con muchas probabilidades de fallecer? ¿Podría el Ministerio de Economía y Hacienda revisar nuestras declaraciones de impuestos para conocernos y entendernos mejor? ¿Deberíamos cotizar más a la Seguridad Social porque un algoritmo nos indica que viviremos muchos más años que la media? Son todo situaciones que pueden producirse si se introduce la Inteligencia Artificial en nuestro día a día sin un marco normativo y ético que limite su ámbito de actuación. Con estos retos éticos y legales encima de la mesa, supongo que os estaréis preguntando qué soluciones existen. Jack Balkin, profesor de la Facultad de Derecho de Yale, sugiere que los programas que traten con datos personales y de comportamiento humano deberían tener un carácter de fiduciarios de información. Algo similar a lo que ya hacen los doctores y los abogados, que obtienen información sensible de sus pacientes y clientes, pero que no pueden utilizarlos para otros propósitos que no sean la defensa de sus intereses y necesidades.

La intencionalidad del ser humano es inherente a lo que hacemos. Actuamos en base a incentivos y deseos. Disponer de tecnologías que permiten hacer de manera automatizada un razonamiento como sujetos morales (simulando a un humano), sin que esto esté de alguna manera regulado, al menos, genera dudas. Máxime, cuando las reglas que gobiernan esos razonamientos, no las conocemos. Es lo que se conocen como algoritmos de inteligencia artificial de caja negra. Son de los que Frank Pasquale habla en su libro: The Black Box Society: The Secret Algorithms That Control Money and Information. En él, el autor propone crear programas de inteligencia artificial considerando tres dimensiones: 1. Que los resultados a obtener deban satisfacer una serie de reglas, políticas, principios, etc.;2. Valorar las consecuencias de los resultados que obtienen esos algoritmos;3. Considerar de manera explícita e implícita los valores compartidos en la sociedad en la que se introducirán. Estas dimensiones podrían ser incorporadas en futuras leyes estatales.

Como ven, no es éste un ejercicio de regular tecnologías. Sino lo que los humanos podemos llegar a hacer con ella. Todavía ningún país tiene una Ley de Inteligencia Artificial. Sí muchas agendas y planes. ¿Quién dará el siguiente paso tras los Emiratos Árabes Unidos?

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