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El refugio del teatro

El Principal cierra con buen balance musical un Jazz del Siglo XXI que, sin embargo, no ha contado con tanto público

Carlos González - Domingo, 22 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Nardin y Bosso cerraron ayer el ciclo.

Nardin y Bosso cerraron ayer el ciclo.

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Nardin y Bosso cerraron ayer el ciclo.

Vitoria- Un año más, el Principal ha acogido la sección Jazz del Siglo XXI, presentando un cartel interesante, completo y variado, aunque, como sucedió en la pasada edición del Festival de Jazz de Gasteiz, ha faltado alguna propuesta más vanguardista y arriesgada, alguna rareza. Aún así, los protagonistas han cumplido con creces, más allá de que las tablas de la calle San Prudencio han roto esta vez la tendencia al alza vivida en los últimos años en cuanto a la asistencia se refiere.

Le tocó abrir, como se ha convertido ya en tradición, a la Konexioa, que este año unió al pianista gasteiztarra David Cid y su trío (completado por una acertada Rakel Arbeloa y Xurxo Estévez) con el saxofonista Joel Frahm. En un concierto corto pero bien armado, que se sustentó en varias composiciones del norteamericano pero también en guiños a figuras como Monk, el de Wisconsin demostró maestría, clase y saber hacer, ofreciendo los mejores momentos de la tarde y convirtiéndose en el líder del escenario.

Junto a él, tanto Cid como Arbeloa y Estévez supieron estar a la altura, aunque es evidente que a los tres, por separado, les queda todavía camino por delante para poder llegar a alcanzar a su compañero de recital. Eso sí, aún asumiendo esto, no fueron meros acompañantes, sino que supieron y quisieron tener su papel ante un Principal con algo menos de media entrada. Un trío a seguir, sin duda.

Tras ellos, el miércoles llegó el turno para uno de los más esperados este año, el trompetista Avishai Cohen, muy bien acompañado por Yonatan Albalak, Uzi Ramirez, Aviv Cohen y Ziv Ravitz, músicos que se multiplicaron, sabiendo usar a la perfección las herramientas que la electrónica y la tecnología permiten.

Del rock al bebop, Cohen se sirvió de todo lo que se puso a mano para construir un concierto interesante de principio a fin, en el que el caos, la delicadeza, la energía, la furia... se fueron dando la mano, coincidiendo en ocasiones. Es de esperar que ésta sea la primera de muchas otras visitas futuras.

Otra que dejó muy buenas sensaciones el jueves fue Camila Meza. De hecho, sería bueno que el festival no perdiera su pista. Sobre todo a la guitarra pero también a la voz, la chilena, afincada en Estados Unidos, supo construir un concierto redondo, cálido, delicado en muchas ocasiones, emocional y en el que también sus tres compañeros de escenario tuvieron un papel protagonista. Sobre todo, cabe destacar el papel del pianista Shai Maestro, que tuvo algunos de los momentos más brillantes de la tarde.

Además, Meza supo acompañar el buen tono de la actuación (con una particular versión de Cucurrucucú paloma y un homenaje a Víctor Jara que fue de lo mejor de la cita) derrochando cercanía y simpatía con el público, lo cual siempre es de agradecer. Eso sí, la interpretación de Luchín (“los jóvenes músicos chilenos tenemos que recuperar a quienes fueron silenciados”, dijo) estuvo a punto de costarle un problema puesto que la emoción del momento hizo acto de presencia.

Se llegó así a un viernes en el que se presentaba en la capital alavesa el colectivo noruego Bridges, una apuesta de sus componentes por colaborar con músicos de otros países que, en este caso, ha contado con la colaboración del saxofonista canadiense, aunque reside en Nueva York, Seamus Blake. De hecho, siguiendo el camino del disco que editaron el año pasado, en el Principal desgranaron varios de sus temas, dejando momentos de brillantez, aunque el recital no terminó de redondearse del todo.

Con todo, la tarde fue provechosa, sobre todo gracias a la labor del pianista Espen Berg y del contrabajista Jesper Bodilsen, que supieron conducir la propuesta pero también tener momentos de solo de gran calidad. Tampoco fue desdeñable la labor de Blake, sobre todo en el inicio de uno de los temas, mano a mano con Berg. Sin duda, el proyecto y la idea de Bridges resulta un acierto y habrá que ver qué desarrollo tiene en el futuro.

Pero lo mejor estaba por llegar. Ayer era el turno para Fred Nardin Trio en colaboración especial con Fabrizio Bosso. En principio, los músicos no tienen previsto dar más recitales juntos, lo cual sería un error porque el regalo que le hicieron a la capital alavesa fue espectacular desde el principio (los dos primeros temas fueron solo con el trío) hasta el bis, todo transcurrió mucho mejor de lo esperado.

Tanto el joven pianista francés como el trompetista italiano estuvieron a gran nivel, aunque hay que destacar el trabajo de Leon Parker, impresionante todo el recital a la batería y sublime cuando la dejó y convirtió su pecho y su voz en sus instrumentos.

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