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hace 40 años

Y los sanfermines se suspendieron

Entre hoy y el día 13 se cumplen 40 años de los graves altercados de Iruñea, Donostia y Errenteria en los que Germán Rodríguez y Joseba Barandiaran murieron tiroteados por la Policía Armada.

Un reportaje de Jurdan Arretxe - Domingo, 8 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Dos agentes saquean una pastelería de Errenteria el 13 de julio.

Dos agentes saquean una pastelería de Errenteria el 13 de julio. (Foto: Punto y Hora)

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Dos agentes saquean una pastelería de Errenteria el 13 de julio.Entrada de la policía en la Plaza de Toros en los Sanfermines del 78.Calle San Bartolomé de Donostia, donde cayó Barandiaran.Germán Rodríguez.Joseba Barandiaran.
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La sucesión de estos acontecimientos empezó en la capital navarra el sábado 8 de julio. Camino de las 21.00 horas del tercer día de los sanfermines, la corrida de toros había terminado y algunos mozos saltaron al ruedo para comenzar la bajada de la Plaza, llena con cerca de 20.000 personas. Un grupo desplegó una pancarta a favor de la amnistía de los presos. Parte del tendido de sombra protestó contra la reivindicación. En esos instantes, irrumpió por primera vez la Policía Armada, que vació el coso.

“Cuando se apacigua el primer incidente, el que origina la participación de la Policía, vuelve a entrar un cuerpo especial de la Policía, la compañía de reserva enviada desde Logroño para esos días”, explica Chueca, uno de los autores del informe que nueve expertos presentaron hace un mes por encargo del Ayuntamiento de Iruñea. “Había una acumulación de fuerzas policiales en torno a la Plaza de Toros, no surge repentinamente por una pancarta”, asegura antes de conceder que “igual el nivel, la gravedad y las dimensiones de la agresión no fue decidida previamente, pero existía una Junta de Orden Público que se reunió varias veces para diseñar el dispositivo”.

Preparó el despliegue de seguridad para unas fiestas que, lejos de los números de hoy, esperaban acoger entre 150.000 y 200.000 foráneos. Chueca recuerda a los principales responsables de aquella Junta: “Estaban el comisario jefe Miguel Rubio y el gobernador civil, Ignacio Llano, entre otros. El operativo, en el marco de una política especial de orden público que se preparó para Navarra también en fechas como el Primero de Mayo -que fue disuelto-, tenía el visto bueno de las autoridades políticas al máximo nivel. Esto se intenta excluir del relato”.

Chueca habla del relato, en singular: “La constancia gráfica de esta agresión es extraordinaria. No pudo haber diferentes relatos. Tanto en el caso de Germán como en el de Joseba hubo un pequeño atisbo por parte de altos cargos policiales de intentar vender la versión de que habían sido muertos por comandos, no por la Policía. Los hechos y los testigos desmintieron la versión”.

Los altercados dejaron numerosos daños materiales en el Ensanche de la capital navarra. Una hora después de la salida caótica de la Plaza de Toros fue abatido el militante de LKI de 27 años Germán Rodríguez. “Más que de manifestación, Germán estaba con un grupo celebrando esa retirada de la Policía. Lo cuenta Patxi Lauzirika, que estaba con él: Estábamos contentos porque parecía que se retiraban cuando de repente empiezan a sonar disparos”.

El ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, reconoció que durante las seis primeras horas se efectuaron más de 6.000 tiros de material antidisturbios y 130 de bala. “A Germán lo matan con fuego real cuando disparan con (fusiles de asalto) cetmes y pistola en la avenida Roncesvalles”, describe Chueca al tiempo que rechaza la teoría de que “en un momento la Policía se siente totalmente hostigada pierde los papeles y dispara. Dos días y medio más tarde lo vuelven a hacer en San Sebastián”.

El informe sobre los sanfermines de 1978 hecho público hace un mes evidencia que los sucesos -que además de la muerte de Rodríguez supusieron diez heridos de bala y decenas de víctimas más- cayeron en un limbo jurídico. La causa, que Chueca entiende que debió ser una sola, se dividió en cinco: “Creo recordar que hubo siete jueces que intervinieron en los pocos años de recorrido judicial, cinco fiscales, cinco sumarios… y ninguno avanzó mínimamente, y las pruebas que se pidieron nunca fueron efectuadas. Ni pruebas balísticas, ni comparecencias de policías… Nada”.

El entonces senador conservador Jaime Ignacio del Burgo -que en plenos incidentes acogió en su casa al entonces secretario general del PSN, Gabriel Urralburu- ha avisado esta semana en Diario de Navarra que “con arreglo a nuestro Derecho, si hubo hechos delictivos, están más que prescritos”.


Sanfermines convulsos

Aquellos sanfermines arrancaron con el txupinazo desde el balcón del primer piso y no del segundo, donde continuaba el encierro de familiares y amigos de cinco presos por su vinculación con el acuchillamiento de un guardia civil de paisano -que falleció una semana después- durante el intento de asalto de grupos extremistas a la sede de LKI el 10 de mayo, horas después de que ETA matara a un guardia civil en la capital navarra.

Aquellos meses el comandante de la Policía Armada responsable de las actuaciones del 8-J, Fernando Ávila, solicitó su traslado desde Fuerteventura -desde el tercio Juan de Austria, tercero de la Legión-, a Pamplona después de que ETA asesinara a finales del 77 al comandante Joaquín Imaz.

Aquellos sanfermines, los terceros tras morir Francisco Franco y a meses del referéndum constitucional del 6 de diciembre, acabaron a las horas de la muerte de Germán Rodríguez y dejaron también la célebre grabación de las conversaciones de radio sin codificar entre las patrullas de la Policía que registró el que fuera dirigente de HB y después presidente del PNV navarro José Antonio Urbiola.

Chueca explica que, aunque el imaginario popular vincule ese diálogo con la primera tarde, “no es del calentón y de la sorpresa de los incidentes que han ocurrido de forma inesperada el día 8 y ante los que la Policía puede verse desbordada, sino de 24 horas más tarde, cuando en teoría la Policía debería estar en una actitud de más moderación”. Así hablaron los responsables de dos unidades:

-Dad la vuelta a la plaza (del Castillo, porque el 9 de julio no hubo corrida), preparad todas las bocachas y tirad con todas las energías. Lo más fuerte que podáis, no os importe matar. Adelante. Cambio.

-Vamos a ver, Vulcano 2, refrena el vocabulario, habla lo estrictamente indispensable y no te pases. Cambio.

-Y repeler lo que nos están haciendo estos 200 o 300 hijos de la gran puta que están aquí. Repeledlo con los procedimientos que tenéis. Adelante, 207. Cambio.

-Contenga el vocabulario y limítese a como se ordena.

Las protestas por las actuaciones policiales se extendieron en la CAV y en Nafarroa. “Los mismos policías que intervienen en Pamplona los días 8 y 9 están interviniendo en San Sebastián, igual refrescados de efectivos, pero son las mismas compañías”, une Chueca dos escenarios que acabaron teñidos de muerte.

En Donostia, una manifestación atraviesa la calle Urbieta, “se colocan algunas barricadas en la calle San Bartolomé, y cuando bajan policías de la cuesta de Aldapeta, donde estaba el cuartel, aparte de disparar pelotas, disparan con fuego real”. Un balazo acaba con la vida del astigartarra de 19 años Joseba Barandiaran.

“En los reportajes fotográficos que se hacen de la Policía interviniendo desde la cuesta y en la calle San Bartolomé vemos que coinciden algunas de las furgonetas que intervinieron en Pamplona”, asegura el profesor de la UPV/EHU: “Las matrículas son identificables”.

No acabó allí. Las escenas en Errenteria serían similares, aunque con mayor fortuna en cuanto a las vidas se refiere, según recoge la memoria de vulneraciones de derechos humanos que publicó el Consistorio de la villa. El 11 y el 12 de julio se registraron dos heridos de bala, el joven de 17 años Julián Hernández en el barrio de Beraun y José Luis Jiménez.


Daños en Errenteria

El 13 de julio, convocatoria de huelga general mediante, “tras una mañana de enfrentamientos y cuando las calles se encuentran vacías, varias compañías de la Policía Armada asaltan la localidad sin que mediara provocación alguna y arremeten contra vehículos, escaparates, ventanas, porteros automáticos de inmuebles…”.

Un día después, el diario ABC recoge las denuncias de los comerciantes: “Dos docenas de gafas, varias cámaras fotográficas, cañas de pescar, bombones y chocolates por valor de unas 3.000 pesetas, innumerables cristales rotos, porteros automáticos de varias viviendas destrozados, disparos contra ikurriñas con crespones negros, la ikurriña del Ayuntamiento hecha jirones, etc”.

De nuevo, los testimonios gráficos como el que publicó el fotógrafo Luis Mari en la edición especial de la revista Punto y Hora de Euskal Herria recogen las andanzas que, según el pasquín que repartió la “comisión investigadora” de la asamblea Errenderia Errepresioaren Aurka, supusieron robos por unas “25.000 pesetas” y destrozos por valor de “unas 400.000 pesetas en la plaza de Aralar, más de 100.000 pesetas en la calle López de Isasti, alrededor de medio millón entre la avenida de Navarra y la Alameda, y otras 200.000 en el resto de las calles”.

“Es el propio Cuerpo de la Policía Armada el que tiene absoluta conciencia de lo que ha pasado ahí, y si se prueba que lo ha hecho y cómo se ha hecho, es indigno no digo ya de la Policía Armada, sino de cualquier calificación”, declaró el mismo día a RNE el gobernador civil de Gipuzkoa, Antonio Oyarzábal. Chueca repasa “periódicos nada sospechosos de radicalismo como El País, y hablan de vandalismo. Cuando no hay ni barricadas ni gente que reprimir hacen un trabajo de vándalos. Sobre esto no ha habido ninguna clarificación”.

El capitán al mando de aquella unidad desplazada desde Miranda de Ebro (Burgos) fue cesado el mismo día, informó la agencia Efe, “fulminantemente”. No ocurrió lo mismo con los responsables de Iruñea. “Dimitió el gobernador civil y se cambió de comisaría -ni siquiera la dimisión- al comisario Rubio a Valencia y a (comandante Fernando) Ávila, a otro sitio. No hubo ninguna responsabilidad judicial ni política”, lamenta Chueca, quien resume en que “no hubo responsabilidad judicial ni política”.

Hoy, 40 años después, la Plaza Consistorial de Iruñea acogerá por primera vez un acto de recuerdo a Germán Rodríguez, días antes del aniversario por Joseba Barandiaran y de que se cumplan 40 años del paseo policial de Errenteria que la Justicia nunca resolvió. Quizá porque, como zanjó el entonces ministro Martín Villa en plena ofensiva terrorista de ETA, era “necesario que el protagonismo político que claramente tienen los partidos con representación parlamentaria se constituya en un protagonismo eficaz que colabore también con nosotros, que colabore también para la crítica, pero que colabore también con la misma firmeza para contener unas y otras conductas. Al fin y al cabo, lo nuestro serán errores. Lo otro son crímenes”.

Julio de 1978

Atentados de ETA y represión policial. El informe encargado por el Ayuntamiento de Iruñea y que un grupo de expertos entregó hace un mes sobre los sanfermines del 78 analiza el tenso clima de la capital pamplonesa, donde unos meses antes había sido asesinado el comandante de la Policía Armada Joaquín Ímaz y en mayo fueron asesinados dos guardias civiles, por lo que se detuvo a 5 personas.


8 de julio. Al término de la tercera corrida de sanfermines, un grupo despliega una pancarta sobre la amnistía para los presos acusados de asesinar al guardia civil en mayo y la Policía Armada irrumpe en la Plaza. Habrá una nueva carga hasta vaciar el coso, repleto de 20.000 personas. Los incidentes continuarán al menos durante seis horas, en las que según reconoció el ministro Martín Villa, se efectuaron más de 6.000 disparos de material antidisturbio y unos 130 de bala. Uno de ellos mató a Germán Rodríguez al filo de las 22.00 horas en la Avenida Roncesvalles.


9 de julio. Continúan los altercados, que se generalizan en otros puntos de Nafarroa y la CAV. El historiador Josu Chueca explica que es cuando el entonces miembro de HB José Antonio Urbiola graba las conversaciones de radio de la Policía, en las que un policía llama a cargar “lo más fuerte que podáis, no os importe matar”.

Testimonios

3.797


El dossier ‘Así fue’, elaborado por la comisión de peñas, ha resultado muy valioso para los investigadores, aunque tenga una parte pequeña de declaraciones de testigos y de afectados por las cargas policiales (2.549 declaraciones sobre las cargas policiales en la Plaza, y otras 1.248 sobre los hechos producidos fuera de ella).


11 de julio. Las protestas se generalizan y durante la gran manifestación que recorre Donostia, la Policía Armada también dispara con fuego real desde la cuesta de Aldapeta hacia la calle San Bartolomé, donde morirá tiroteado Joseba Barandiaran (Astigarraga, 19 años). En Errenteria, resultarán heridos de bala Julián Hernández y José Luis Jiménez, el día 12.


13 de julio. Una compañía de la Policía Armada irrumpe en Errenteria, donde acabadas las protestas, campa a sus anchas generando numerosos daños materiales en unas acciones que cuentan con la reprobación de las instituciones.

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