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Gorka Basterretxea Talka Galería

“Los espacios culturales debemos acercarnos y entre todos ir provocando, proponiendo”

Fue hace poco más de un mes cuando Talka Galería abrió sus puertas en la céntrica plaza Marqués de la Alameda. Tras ese primer momento, Gorka Basterretxea mira hacia el presente y futuro de este nuevo proyecto para Gasteiz

Una entrevista de Carlos González Fotografía Alex Larretxi - Domingo, 8 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Gorka Basterretxea, de Talka Galería

Gorka Basterretxea, de Talka Galería

Galería Noticia

Gorka Basterretxea, de Talka Galería

Vitoria- Después de no pocos años de andadura en Zuloa, Gorka Basterretxea sorprendió a más de uno cuando decidió emprender el proyecto de Talka Galería, máxime en una ciudad como Gasteiz, donde estos espacios se han convertido en casi un milagro. Desde el convencimiento de que sumando entre varios se pueden conseguir muchas cosas en favor del conjunto de la ciudadanía y con la ilusión que genera este nuevo camino, ni el trabajo ni las ideas faltan entre las paredes que cobijan, como primera exposición, al maestro Néstor Basterretxea.

¿Qué primeras sensaciones está teniendo después de este mes de arranque?

-El tiempo ha pasado tan rápido que parece que sólo llevamos una semana. Estoy descubriendo un nuevo camino y en todo nuevo descubrimiento siempre la sorpresa está ahí. Pero bueno, de momento bien (sonríe). Están siendo momentos de muchas propuestas distintas sobre la mesa, de esperar a ver qué se concreta, de ver que lo que pensabas que iba a ser de una manera es de otra, ni buena ni mala...

¿Está todavía en la fase del ‘boom’ inicial o en la de ir normalizando situaciones y rutinas?

-La adrenalina de un principio, de abrir una persiana, está ahí todavía. Eso es inevitable. Llevas mucho tiempo preparando el proyecto y llegas a hacerlo realidad con esa ansia y energía. Es verdad que eso se va calmando con el paso del tiempo. Pero esta galería, tal y como la entiendo yo, no es algo que se establece, se presenta y se pasa luego a un tiempo más tranquilo. Entiendo que siempre hay que estar activo y tener una interrelación con todo lo que hay en la ciudad, con los otros agentes culturales.

¿Ya ha dado pasos en ese sentido?

-Sí, sí. Por ejemplo, el otro día en ARTgia me invitaron a la inauguración de la exposición de Txaro Marañón y ya tuvimos unas primeras conversaciones para intentar hacer alguna cosa. Con Baratza sé que vamos a estar también para hablar. Con Zas nos gustaría... Quiero decir, que no puedes estar en la dinámica de quedarte en lo que estás. Sí, esta propuesta ya está hecha y abierta, pero desde ella buscamos vincularnos con otros espacios, actividades, acciones. Este año andamos muy justos, pero sí nos gustaría, por ejemplo, plantear algo coincidiendo con el Festival de Jazz o el Azkena Rock, algún concierto aquí. Y estamos hablando con Viphoto porque ellos quieren llevar su iniciativa más allá de la sala Amárica y que se sienta en más puntos de la ciudad. A nosotros nos interesa aprovechar ese impulso para hacer una exposición relacionada con la fotografía experimental. Así que estamos reflexionando sobre la posibilidad de llevar a cabo una especie de feria de Navidad en torno a esta cuestión.

Para componer estas redes que está sugiriendo es necesario encontrar cómplices al otro lado, y eso no siempre es sencillo.

-Los estoy encontrando. Lo que pasa es que, con el tiempo que llevo, estoy todavía con un poco de precaución antes de echarme a la piscina. Me da miedo que todo lo que proponga vaya a salir (risas). Por ejemplo, en la inauguración de Talka les propusimos a estudiantes de las ikastolas Armentia y Zabalgana y de las Aulas de la Experiencia una acción creativa jugando con el nombre de la galería. El resultado fue una maravilla. Tiene mucha fuerza y consistencia, y estamos buscando complicidades con Artium, ya que los fines de semana el museo desarrolla su programa pedagógico con los chavales, que es algo que está muy bien. Pues veremos si eso lo podemos desarrollar de alguna manera. O, por ejemplo, ahora se va a celebrar el Open de Ajedrez Vitoria. Pues mi idea es hablar con ellos porque Néstor Basterretxea tiene diseñado un ajedrez moderno, muy interesante, y me gustaría proponerles que alguna partida de exhibición se pueda hacer en la galería con ese ajedrez. Todas estas cosas, al final, son una forma de acercar a la gente a la galería y de acercar el arte a estas personas. Se trata de establecer puentes de ida y vuelta.

Es que intentar caminar en solitario en una ciudad como ésta...

-En Bilbao, por ejemplo, las galerías están asociadas y van proponiendo entre todas una serie de actividades que se desarrollan durante dos meses. Eso activa, desarrolla. El estar unidos, vinculados, relacionados, me parece que es algo muy atractivo y enriquecedor para todos. Debemos acercarnos y entre todos ir provocando, proponiendo.

Llega a la galería después de muchos años dedicado a otro comercio cultural como una librería. ¿Son dos universos muy diferentes?

-Al principio no lo tenía claro, pero me estoy dando cuenta de que sí (risas). Conocía el universo del arte y de las galerías porque familiarmente me ha tocado. Y en Zuloa hacíamos exposiciones y otras actividades, como sucede ahora, pero eso era y es posible en la parte de abajo porque en la de arriba, en la librería, las cosas económicamente funcionan. En Talka, no hay parte de arriba y de abajo. El contenido de la galería es el arte en sí, es el objeto, la obra y es la que tiene que moverse y venderse para que el proyecto siga funcionando.

En este sentido, en una ciudad que ha perdido casi todas sus galerías, ¿nadie le preguntó si se lo había pensado bien?

-Sí, sí. ¿A dónde vas? ¿Estás loco?... pero también ha habido gente, personas muy vinculadas al mundo del arte contemporáneo, que me animó. La realidad es dura. Vale. Pero es que cuando me metí en Zuloa también había muchos que me decían: ¿a dónde vas?. Pero ya te digo que personas con peso específico en el arte contemporáneo me dijeron todo lo contrario y además me animaron, más allá de que no puedes descuidar el trabajo en Internet, a tener un espacio físico. Es el corazón de la idea. Desde aquí puedo vincularme con los otros pequeños corazones culturales de la ciudad para entre todos, hacer.

Es evidente que arrancar la andadura con la exposición de Néstor Basterretxea es un reclamo muy importante. Pero, ¿y después?

-Hay cuestiones de la programación que ya están cerradas. Después de esta muestra, propondremos otra con Carmelo Ortiz de Elgea, Juan Mieg y el escultor navarro Jose Ramón Anda. Creo que va a ser una exposición muy atractiva y con gente de mucho peso específico. Después, parece, como te comentaba antes, que está tomando forma esa idea de hacer una feria navideña con la cuestión de la fotografía. Eso, además, nos puede dar otro cambio de rumbo, que siempre está bien, acercándonos a gente emergente. Es algo que me parece muy interesante.

¿Qué se le puede decir a esa persona que, incluso aunque tenga interés por el arte, no acude a una galería, sobre todo porque piensa que no puede afrontar ninguna compra?

-Debemos perder el miedo a ir a las galerías. El arte también puede ser muy asequible. Depende el caso. Pero a las galerías no hay que venir a comprar. Puedes ir a disfrutar. Una galería te ofrece un universo de sensaciones. Si vas y disfrutas, vuelves. Tal vez lo hagas, además, acompañado con amigos o con tus hijos, a los que también vas a meter en este mundo. Y eso es independiente de si compras o no. Hay que ir a los museos, galerías, librerías, salas de conciertos, centros donde se activa la cultura... hay que moverse. Lo que no puede ser es que todo esté en mi móvil, en la red y que nadie se mueva, se relacione. Parece que nos han apoltronado. Vale, pues habrá que recuperar ese espíritu del movimiento, de juntarnos, de disfrutar la calle, de estar ahí, de ir... si no, ¿no es todo muy triste?

Hablaba antes de la necesidad de contar con un espacio, una sede física para la galería. ¿Vio muchas posibilidades? ¿Tenía claro que debía estar en el Casco?

-Le di muchas vueltas. Pero sí tenía claro que quería estar en la parte vieja. Al final, es el alma de la ciudad. Si algo es Vitoria es porque está aquí el Casco. De hecho, todos los vitorianos han salido de él. Es una pena que no se cuide y potencie más. Vamos de vacaciones y a cualquier ciudad o pueblo al que acudes, siempre visitas la parte vieja de ese sitio, donde está su historia. Aquí tienes a gente que no ha pisado la calle Correría hace 20 años. Así que sí, quería estar en el Casco. Además, el local me pareció atractivo. También por el hecho de estar en una plaza, que te da mucha energía, luz y posibilidades de hacer cosas con el beneplácito del Ayuntamiento, claro. Nos gustaría poder hacer cosas de música, danza... Eso sí, hay quien dice que el espacio es grande y los que opinan que pequeño. No sé. Ideas nos dan muchas, también para hacer micro-exposiciones, muestras de menor duración en paralelo a otras exposiciones más largas. La verdad es que es un local que nos permite diferentes posibilidades.

Uno de los objetivos de la galería es apostar, como decía antes, por los artistas emergentes. Aunque emergente no significa, a la fuerza, que sean creadores jóvenes, ¿entiende que hay relevo?

-El arte siempre tiene relevo. El creador está vinculado a una realidad social, al mundo en el que vive, y responde a eso proponiendo rupturas y valores distintos. El románico está ahí porque proponía un universo totalmente diferente a lo que existía, no le interesaba para nada ni lo visigodo ni lo romano... Lo que tienes que hacer como creador es hacer frente a tus problemas desde tu identidad, no ir copiando lo anterior. ¿Hay relevo? Sí, claro.

Hemos hablado de artistas, de otros espacios culturales, del público... ¿algún político ha cruzado ya la puerta de Talka o ha hecho alguna llamada?

-Con esta exposición de Néstor Basterretxea, alguno ya me ha dicho que esto o lo otro quedaría muy bien en algún que otro hall (risas), pero por ahora no, ningún político ha entrado por esa puerta. Sí han estado personas que trabajan en lo público y en el arte, como Dani Castillejo. De hecho, hay una obra en concreto que le gustó mucho, una escultura que, de hecho, es la que está en el cartel anunciador de la muestra. La verdad es que quedaría muy bien en la entrada del museo. O fuera, al lado de Oteiza, que era un buen amigo. Pero bueno, esa ya es otra batalla (risas).

Por cierto, ¿le preocupa o le ocupa el relevo en Artium?

-Me interesa, por supuesto. Artium es un pedazo de museo, un proyecto que ha tenido una línea muy coherente y positiva, atrevida y difícil. La actitud y la orientación que ha tenido hasta ahora el museo, en lo que son las apuestas en cuanto a exposiciones, trabajo pedagógico, la labor de la biblioteca y demás, me parece muy interesante. En ese contexto, por supuesto habrá que estar muy atentos para ver quién ocupa ese puesto de dirección.

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