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programa de voluntariado del IFBS

Mayores que cuidan de mayores

El programa de voluntariado del IFBS hace posible que decenas de personas que viven en residencias forales, en su mayoría viudas o con una delicada salud, puedan mitigar su soledad gracias a la compañía de otras iguales. Iluminada y José Antonio son dos de ellas.

Un reportaje de Carlos Mtz. Orduna. Fotos E.P. / Josu Chavarri - Domingo, 8 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Las personas voluntarias pasan con los mayores cerca de una hora al día, uno o dos a la semana, y llevan a cabo dos tipos de acompañamientos: Uno de carácter individual, en el que cada voluntario se ocupa del residente que se le haya asignado -conversa co

Las personas voluntarias pasan con los mayores cerca de una hora al día, uno o dos a la semana, y llevan a cabo dos tipos de acompañamientos: Uno de carácter individual, en el que cada voluntario se ocupa del residente que se le haya asignado -conversa con él, le pasea...-, y otro de tipo grupal.

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Las personas voluntarias pasan con los mayores cerca de una hora al día, uno o dos a la semana, y llevan a cabo dos tipos de acompañamientos: Uno de carácter individual, en el que cada voluntario se ocupa del residente que se le haya asignado -conversa coIluminada y José Antonio son dos de las personas mayores que se dedican a cuidar a otros mayores dentro del programa del IFBS

“A ciencia cierta no sé decir por qué me animé... Para mí es un compromiso personal” “A mí esta labor me lo aporta todo. Tengo que repartir la energía que he ido recibiendo gratis”

Uno de los acompañantes más difíciles que cualquier persona mayor puede tener es precisamente la falta de compañía. Un hándicap que, por desgracia, no es exclusivo de unos pocos. De hecho, el Ayuntamiento de Gasteiz comprobó en un estudio reciente que más de 1.200 personas de 75 años o más vivían solas en la ciudad y que además lo hacían fuera del radar de los servicios sociales públicos, lo que motivó el inicio de una campaña para acercarse a ellas desde instancias municipales. Sin embargo, no son las únicas. Decenas de mayores institucionalizados más, aquéllos que viven en residencias públicas, sufren también en sus carnes esa misma soledad y, además, se encuentran en muchos casos en unas condiciones bastante peores que las primeras.

Por suerte, gracias a iniciativas como el programa de voluntariado del Instituto Foral de Bienestar Social (IFBS), un buen número de ellas pueden tener a su lado a otras decenas de personas, también mayores, que de forma altruista las acompañan en varios momentos de su día a día. José Antonio Cristóbal e Iluminada Martínez de la Pera son sólo dos de los 82 vecinos que integran este proyecto solidario, enraizado a día de hoy en cuatro residencias gasteiztarras de la red foral -Ajuria, Zadorra, Txagorritxu y Lakua-, así como en las de Amurrio -San Antón de Armuru- y Laudio -San Roque-. Un voluntario más colabora también en Oion.

Ambos se han reunido con este periódico para compartir algunas de sus vivencias y motivaciones. Cristóbal las resume bien: “A mí esta labor me lo aporta todo. A lo largo de mi vida he recibido gratis una energía muy grande que ahora tengo que repartir a los demás”, expone este vitoriano de 81 años, que en su frenético día a día ejerce también como presidente del Teléfono de la Esperanza y recientemente ha concluido su duodécimo Camino de Santiago, además con un tobillo maltrecho. Cristóbal ejerce como voluntario en la residencia Zadorra de Abetxuko. Martínez de la Pera, entretanto, lo hace en la de Lakua. “Son residencias donde la soledad es muy acusada. Donde hay personas viudas, con enfermedades... Los voluntarios hacen una labor importantísima, de un calado social muy grande”, elogia por su parte Alberto Susilla, técnico del área foral de Personas Mayores y responsable de este programa.

En el caso de Martínez de la Pera, su labor altruista viene también de lejos, “igual desde hace 35 años”, cuando empezó como voluntaria en la parroquia de Arana, su barrio, visitando a personas mayores en sus domicilios. Posteriormente, su labor de acompañamiento se trasladó a los residentes de la extinta residencia del mismo distrito, hasta que hace siete años abrió sus puertas el geriátrico de Lakua. “¿Que qué me animó? A ciencia cierta no lo sé decir... Para mí es un compromiso personal. Voy los miércoles por la mañana y eso lo acoplo con lo que tenga ese día. Gimnasia, informática...”, enumera. La mayoría de las personas voluntarias que participan en este programa proceden de colectivos como Cruz Roja, Nagusilan y Las Cuatro Torres y 64 de ellas son mujeres, la inmensa mayoría.

A lo largo del año, los voluntarios realizan numerosas actividades que ayudan a mitigar la soledad de las personas que viven en las residencias y les ofrecen, por encima de todo, grandes dosis de cariño y afecto. Generalmente pasan con ellas alrededor de una hora al día, una o dos jornadas a la semana, y llevan a cabo dos tipos de acompañamientos: Uno de carácter individual, en el que cada persona voluntaria se ocupa de otra residente -conversa con ella, la pasea...- y otro grupal, que tiene entre sus actividades las partidas de bingo o de naipes, las sesiones de lectura común o todo tipo de celebraciones, como la barbacoa que se celebró el pasado 28 de junio en el geriátrico de Abetxuko y a la que precisamente asistió Cristóbal.

Una vez al mes, los voluntarios reciben en Aldabe charlas de formación en torno a variados temas, que sirven para mejorar tanto su relación con las personas a las que acompañan, como también a su autocuidado. Quien desee incorporarse a este programa, que nunca estará sobrado de personas voluntarias, puede poner en contacto con el área de Personas Mayores del IFBS en el número de teléfono 945151015.

dificultad A pesar de que es habitual recibir mensajes de apoyo y admiración de numerosas personas por la labor que realizan, Martínez de la Pera y Cristóbal lamentan que a la hora de la verdad son muy pocos los que dan el paso de sumarse a este programa. “He estado también mucho tiempo de voluntario en Cruz Roja y recuerdo cuando íbamos a buscar a más gente entre los jubilados que suelen estar sentados en algún banco. Casi siempre me decían qué labor más buena hacéis, pero yo no soy capaz”, expone. “Eso también pasa ahora. Te dicen qué buen trabajo hacéis, pero luego...”, añade Martínez de la Pera. El primero anima a las instituciones y a las entidades sociales a que lancen campañas de sensibilización entre las personas más jóvenes, por ejemplo en los colegios, para que poco a poco se vayan “concienciando” e “involucrando” en esta labor. “El cariño que recibes lo compensa todo”, apunta.

La necesidad de que el censo de personas voluntarias vaya renovándose es un hecho tomando como referencia sólo un dato: en la actualidad, sus edades están comprendidas fundamentalmente entre los 65 y los 80 años de edad y algunas, incluso, llegan a los 85. Tanto Cristóbal como Martínez de la Pera tienen cuerda para rato, pero son conscientes de que “aquí lo que marca es la salud”, tal y como confiesa ella. “Yo mientras pueda seguiré encantado. Si yo fuese un banco de cuatro patas, quitarme esto sería como perder dos”, define gráficamente él.

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