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Historias de antaño y de hogaño

La muerte del aeronauta

En el siglo XIX, Vitoria y Álava disfrutaban con espectáculos que, para la época, se salían de lo normal

Un reportaje de Julio Corral. Ilustración Marian Tarazona - Lunes, 2 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Recreación del espectáculo aeronáutico que acabó en tragedia en la capital alavesa.

Recreación del espectáculo aeronáutico que acabó en tragedia en la capital alavesa.

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Recreación del espectáculo aeronáutico que acabó en tragedia en la capital alavesa.

En el siglo XIX, cualquier evento fuera de lo normal se convertía en una fiesta para toda la provincia de Álava. Y así ocurrió cuando “la compañía gimnástica, acrobática y aeronáutica del Sr. Latur” presentó su espectáculo en Vitoria.

Quizás hoy en día, y en nuestra ciudad, se haya olvidado por completo quién era aquel capitán Latur, pero en su momento fue un personaje de reconocido prestigio. Todos los periódicos se hacían eco de sus hazañas aeronáuticas, y enviaban a sus corresponsales a seguir las actuaciones. Algo que puede darnos una idea de la importancia que tuvo en el mundo del espectáculo, es que en la autobiografía del famoso payaso Charlie Rivel, hay una mención especial al paso de su propio abuelo por aquel circo.

Antonio Martínez, pues este era su verdadero nombre, inició su andadura en el espectáculo circense de Joan Milá (de ahí el apodo Milá hijo, con el que también se le conocía) y, rápidamente, el éxito cosechado con su número, que tenía como punto álgido las ascensiones en globo, le permitió al poco tiempo poder crear su propia compañía.

El domingo 16 de junio de 1889 comenzó su actuación en Vitoria. La asistencia de público no fue muy numerosa, pues el frío y la lluvia hizo que muchos prefirieran permanecer en sus hogares. Aquella no era la primera vez que venía a Vitoria. El año anterior también lo había hecho, siendo recordado especialmente un incidente en el que una ternera que había colocado bajo el trapecio de la barquilla, cayó en el tendido de sol. Por fortuna no hirió a nadie, y acabó sorteándose el animal entre los asistentes a la función, siendo el agraciado un soldado de Artillería.

Pese al fuerte viento del norte, el aclamado aeronauta decidió no defraudar a quienes habían acudido, e inició la ascensión. Las miradas fueron siguiéndolo, y un murmullo de desilusión envolvió la plaza cuando el globo El milagro se alejó sin que realizara ninguna acrobacia. Un miembro de la troupe informó que debido a las inclemencias meteorológicas, no había podido realizarse el número programado, y el espectáculo continuó con el resto de los ejercicios previstos en el programa.

Ya estaba a punto de terminar la función, cuando alguien irrumpió a caballo en el coso. Los espectadores empezaron a notar cierto revuelo entre los miembros del circo y el rumor de que el globo se había estrellado entre los pueblos de Castillo y Gardélegui corrió como la pólvora. Acróbatas y público se encaminaron rápidamente hacia el lugar.

Cuando el globo comenzó la ascensión, uno de los alambres utilizados para hinchar el aparato se enredó en la pierna derecha del hombre, tensándose hasta que prácticamente le seccionó el muslo. Al no percatarse nadie del incidente, fue desangrándose mientras el aerostato fue a la deriva hasta caer sin control tras quince minutos de vuelo.

Una pareja de la Guardia Civil que se hallaba en las inmediaciones acudió a atenderle, y pese a que le encontraron aún con vida, nada pudieron hacer y falleció poco después. A las doce de la noche, una vez dieron permiso las autoridades judiciales, fue trasladado al depósito del cementerio para practicarle la autopsia. El por entonces capellán del cementerio, don Raimundo, se encargó de atender a los numerosos curiosos que se acercaban al lugar, improvisándose rezos y plegarias por el alma del interfecto. Posteriormente, el cadáver se trasladó a un domicilio del número 3 de la antigua plaza de Bilbao.

La ciudad quedó conmocionada. Inmediatamente hubo grupos de personas que se ofrecieron a realizar una cuestación en beneficio de la familia del difunto, oferta que fue rechazada por los miembros del circo, los cuales prefirieron realizar una actuación benéfica con el mismo objetivo.

Durante esa actuación, un grupo de jóvenes hicieron entrega de una corona de flores, y se sortearon fotografías y objetos cuya recaudación fue entregada a los familiares. Incluso el empresario que gestionaba la Plaza de Toros, renunció al alquiler de aquel día.

Casino Vitoriano A las cuatro de la tarde del día 19, una inmensa comitiva acompañó el féretro, que a hombros de cuatro miembros del Casino Vitoriano regresó al cementerio de Santa Isabel. La banda militar del Regimiento Llerena interpretaba marchas fúnebres, mientras el silencio se adueñaba de las calles a su paso. Cerraba el cortejo la Junta Directiva del Casino Artista Vitoriano.

Fue enterrado en el panteón que cedió una familia vitoriana, el cual paso con el tiempo a ser propiedad de las Hermanas de la Caridad. En la lápida, un lacónico Antonio Martínez 16-06-1889, apenas visible por las enredaderas, es el único recuerdo que queda de este hombre.

Su hermano, Raimundo, continuó realizando espectáculos con un globo aerostático que bautizó con el nombre de Ciudad de Vitoria, igual que el resto de los miembros de la compañía… Todos menos Jaime Pascual. El día 2 de agosto de aquel mismo año, en la iglesia de San Miguel, se casó con la vitoriana Carmen Amenábar y se instaló en la capital alavesa, donde dirigió el Veloz Club.

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