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Los cimientos de la catedral

Por Félix Placer Ugarte - Jueves, 21 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:04h

La restauración, abierta por obras, de la catedral de Vitoria-Gasteiz, admirada y valorada a nivel internacional, ha descubierto importantes aspectos de su historia medieval. Llaman la atención de sus numerosos visitantes, guiados en sus intrincables vericuetos por competentes guías, los descubrimientos históricos que este templo encierra y han sido puestos a la luz gracias al trabajo investigador de arquitectos, arqueólogos, historiadores. Responden a muchos interrogantes sobre las raíces de Gastehiz y de su amurallada villa, Nova Victoria, fundada por Sancho VI el Sabio de Navarra.

Pero también suscitan otras preguntas sobre las motivaciones y razones que impulsaron -después del asedio e invasión castellana de esta villa navarra por el rey Alfonso VIII, a pesar de la heroica defensa en 1199 de la población vitoriana acaudillada por Martin Ttipia- esta construcción y sus sucesivas planificaciones que, a lo largo de la Baja Edad Media, realizaron los siguientes reyes castellanos, en especial Alfonso X.

¿Por qué ese templo y para qué? ¿Qué intereses movieron a estos monarcas para proyectar su esbelto diseño gótico y luego su prolongada y costosa edificación? ¿Qué razones estratégicas, políticas, culturales y, por supuesto, religiosas fundamentaban la empresa del templo de Santa María en aquella época medieval y con sus específicas características góticas?

Muchas razones han sido expuestas con solvencia científica por historiadores y arqueólogos. Por ejemplo, su carácter defensivo como iglesia-fortaleza ya en la anterior construcción románica explica sus murallas que destacan por su altura y amplitud. Destruida por un incendio, la nueva construcción gótica quedó reforzada con esos imponentes muros. También fueron determinantes el auge de la ciudad, que de simple aldea rural había evolucionado a animada villa de oficios, con tres mercados semanales y, por supuesto, el interés estratégico y proyectos políticos desde la conquista castellana y, tal vez, aspiraciones a sede catedralicia.

Pero cabe aportar además otras razones de carácter cultural, político e ideológico que se enmarcan en el contexto de la cristiandad europea medieval, en su evolución artística religiosa y en su proceso político. Precisamente un importante trabajo emprendido en cuatro volúmenes por Francisco Letamendia, profesor emérito de la Universidad del País Vasco, y titulado en Cultura política en Occidente. Arte, Religión y Ciencia ofrece referencias que son clave para descubrirlas. El primero publicado tiene como subtítulo: Antigüedad: Grecia, Roma, Cristianismo y Antigüedad Tardía, Edad Media (EHU/UPV, 2018). Aporta lecturas importantes que ayudan, a mi entender, a contextualizar esta obra local y otras, realizadas durante esta misma época en Euskal Herria, aunque no las cite: concretamente las catedrales de Pamplona y Baiona o el templo de Santiago -hoy catedral- de Bilbao (las cuatro construcciones estuvieron precedidas por templos románicos que quedaron en ruinas por incendios o derrumbamientos).

La perspectiva histórica que este trabajo aporta sitúa la evolución de las ideas y pensamiento global que contextualizan este proyecto y su realización desde el punto de vista religioso-teológico, artístico y político y dan razón del título de cimientos de la catedral de Vitoria.

No deja de sorprender que en una pequeña villa (Vitoria fue declarada ciudad en 1431 por Juan II de Castilla), aunque comercial y estratégica, que no era sede de diócesis, se construyera este monumental templo gótico

En efecto, no deja de sorprender que en una pequeña villa(Vitoria fue declarada ciudad en 1431 por Juan II de Castilla), aunque comercial y estratégica, que no era sede de diócesis (Álava con Vizcaya pertenecían a la diócesis de Calahorra, una vez suprimido el obispado con sede en Armentia en el s. XI), se construyera este monumental templo gótico.

Como indica Lucia Lahoz (Arte Gotikoa Araban/El arte Gótico en Álava, DFA, 1999), el inicio de este arte está ligado al fenómeno urbano y así en Álava los focos del gótico aparecen en poblaciones en desarrollo (Vitoria, Laguardia, Salvatierra, Sta. Cruz de Campezo), mientras el románico es propio de los pequeños pueblos del contexto rural. El neoplatonismo agustiniano se introduce en el arte con Suger, abad de Saint Denis en Francia, y se desarrolla con admirable esplendor en catedrales como la de Chartres. De la austeridad cisterciense del románico se pasa a la luminosidad del gótico guiados por una teología escolástica, cuyas catedrales y templos son imagen de la Ciudad de Dios y de la Iglesia triunfante que transfiguran la materia con sus arcos apuntados, bóvedas nervadas, ventanales de luz y color.

En su documentado estudio, hace notar Letamendia que el arte es, en esta época, “instrumento de comunicación y socialización de las ideas y sentimientos religiosos” y también, como muestra su investigación, constructor de una cultura política que implica y conlleva muchos y diversos componentes: ideas filosóficas neoplatónicas, intereses políticos y económicos, relaciones sociales, conquistas territoriales y, por supuesto, concepciones religioso-teológicas escolásticas.

En el templo de Santa María quedan reflejados esos motivos que la impulsan y son cimientos que la sostienen, respondiendo, como señala Lahoz, al esfuerzo de una “obra comunal” en la villa gótica de Vitoria.

En la “imposible disociación de religión y política en el bajo medievo”, que analiza Letamendia, el proyecto y construcción del templo gótico de Santa María de Vitoria, como de otros lugares de Euskal Herria, está cimentado, por tanto, en las convicciones de una época de cristiandad y en su consiguiente dominio religioso-político que, en nuestro caso, el rey castellano invasor impuso y fue continuado por sus sucesores en la cristiandad cultural y política.

Siete siglos más tarde se emprendía la construcción de la anacrónica Catedral nueva neogótica, con asistencia para la colocación de su primera piedra del rey Alfonso XIII en 1914. A duras penas se prosiguió su costosa edificación, detenida varios años y emprendida con subvenciones provinciales y del Gobierno español, a pesar de las razonadas protestas de un sector del clero alavés. La inauguró Franco en 1969, quien también, por cierto, había presidido la restauración, mal proyectada y fallida, de la Catedral de Santa María. Fue recuperada para el pueblo vitoriano en el funeral por las víctimas del 3 de marzo de 1976.

Tenemos, por tanto, en nuestra ciudad una Catedral vieja y una Catedral nueva de épocas y de culturas políticas y cimientos diferentes. Para interpretar el significado de la primera, la obra de Francisco Letamendia resulta una referencia importante: respondía a la época cultural europea religiosa y política de su tiempo, sin olvidar, por supuesto los intereses políticos castellanos. La segunda significaba (lo comprobaremos en sus próximos tomos), contra las innovadoras corrientes de la modernidad, un retroceso al pasado conservador que algunos intentan recuperar también hoy en el contexto laico y plural de Vitoria-Gasteiz.

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