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El hielo tenía usos medicinales

Agurain rescata los neveros, una actividad perdida en las montañas

El etnográfo Kepa Ruiz de Eguino recuperó la historia de los elurzulos en una charla en esta localidad alavesa

El hielo, además de enfriar alimentos, tenía usos medicinales

Eva San Pedro E. San Pedro - Lunes, 28 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

En la imagen, instante de la charla sobre los neveros o elurzulos que la pasada semana ofreció el etnófrafo Kepa Ruiz de Eguino en la localidad alavesa de Agurain, de la que también es vecino.

En la imagen, instante de la charla sobre los neveros o elurzulos que la pasada semana ofreció el etnófrafo Kepa Ruiz de Eguino en la localidad alavesa de Agurain, de la que también es vecino.

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En la imagen, instante de la charla sobre los neveros o elurzulos que la pasada semana ofreció el etnófrafo Kepa Ruiz de Eguino en la localidad alavesa de Agurain, de la que también es vecino.

agurain- A lo largo de la historia, la nieve y el hielo han sido utilizados para la conservación de los alimentos, preparación de bebidas frías y helados, además de para usos medicinales. Kepa Ruiz de Eguino, etnógrafo y vecino de Agurain, ha impartido esta semana una charla en el club de jubilados de la localidad alavesa de Agurain para dar a conocer la historia de los neveros o elurzulos del entorno cuya desaparición llegó con el nacimiento de los actuales frigoríficos.

Ante una treintena de personas Ruiz de Eguino hizo un repaso de la historia de los neveros de la sierra de Entzia y Urbasa y se acercó a la realidad de las tiendas de nieve de los pueblos. Además, lo asistentes contemplaron la proyección de un vídeo grabado con motivo de la recuperación de la Nevera de Larregoiko en la sierra de Urbasa.

En la segunda mitad del siglo XVI, se produce un uso generalizado del consumo de hielo y este hecho impulsó a los municipios a la construcción de pozos de nieve para almacenamiento y distribución de la misma. Existían dos tipos de nevera, por un lado estaban las de producción: en las que tenía lugar el proceso de obtención del hielo, generalmente situadas en zonas de montaña donde eran seguras las nevadas abundantes durante el invierno. Por otro lado, estaban las neveras de almacenaje y distribución, ubicadas en centros urbanos, donde se acumulaba el hielo procedente de las neveras de producción y se suministraba a los usuarios.

En la mayoría de las neveras o elurzulos del entorno se llevó a cabo el proceso de elaboración de hielo hasta principios del siglo XX. Las abundantes nevadas que se producían durante el invierno se convertían en una fuente de aprovisionamiento de la materia prima para la fabricación del hielo. Generalmente las neveras de producción eran de propiedad municipal y se las arrendaban al mejor postor, quien se comprometía al aprovisionamiento.

Con las primeras nevadas se formaban una primera capa en el fondo, que en principio no tendría utilidad porque el hielo que aquí se formaba tenía muchas impurezas. Una vez formada la base con la nieve primera, se continuaban preparando sucesivas capas de un espesor aproximado de 20-30 centímetros, separados entre sí por otra capa de helechos u hojas que facilitaba el corte y la separación de los bloques. Estas capas eran compactadas al mismo tiempo que se van formando para convertirse la nieve en hielo, al igual que ocurre de forma natural en los glaciares.

La compactación de estas capas se realizaba con el pisón. La nieve acumulada en el exterior de la nevera se echaba con palas al fondo y se iba compactando con los pisones. La nieve que se encontraba algo más distante, se llevaba hasta la nevera formando unas bolas que se iban formando al rodarlas sobre la nieve hasta alcanzar importantes dimensiones.

Cada precipitación de nieve se aprovechaba para llenar el pozo, de este modo el nivel interior iba aumentando en función de la intensidad y la cantidad de nevadas que se producían ese invierno.

Al final del llenado se cubría la nevera con una capa de ramas y helechos que protegía el interior de la radiación solar directa y lo aislaba en buena medida de la temperatura exterior.


Distribución El hielo quedaba así almacenado hasta que llegaba el momento de su distribución al final de la primavera, principios de verano. Se retiraba la capa de helechos y se procedía al cortado de las capas en bloques mediante herramientas como el serrón, las layas, el rascador. Estos bloques se introducían en sacos con hoja que permitía conservar el bloque durante el transporte. Este proceso se llevaba a cabo al atardecer y el transporte se realizaba en carros durante la noche para aprovechar las temperaturas bajas del día. El hielo era depositado en la nevera municipal para su distribución.

Hay en Álava muchos sitios que en una época sirvieron para conservar hielo. En la obra Toponimia alavesa (1989), Gerardo López de Guereñu, al referirse a “La Nevera” o “Las Neveras” dice: “Término muy corriente en toda la provincia”. También se empleó esta palabra en euskera y se han conservado términos como “Neberapea” (Debajo de la nevera) en Zuazo de Vitoria. En otros lugares se ha empleado la voz más genuina “elurzulo” (literalmente “agujero de nieve”).

En Agurain existe El Alto de la Nevera u Oriamendi, una colina no lejos del centro de la villa. Allí había antiguamente una hoya circular de algo de más de seis metros de diámetro y cuatro de profundidad, de forma cónica. La construcción de los depósitos de agua para suministro trajo que desapareciera esa hoya.

al detalle

La charla. Ante una treintena de personas, Ruiz de Eguino hizo en Agurain un repaso de la historia de los neveros de la sierra de Entzia y Urbasa y se acercó a la realidad de las tiendas de nieve de los pueblos. Además, lo asistentes a su charla contemplaron la proyección de un vídeo grabado con motivo de la recuperación de la Nevera de Larregoiko en la sierra de Urbasa.

Historia de los neveros. En la segunda mitad del siglo XVI, se produce un uso generalizado del consumo de hielo y este hecho impulsó a los municipios a la construcción de pozos de nieve para almacenamiento y distribución de la misma. Existían dos tipos de nevera, por un lado estaban las de producción: en las que tenía lugar el proceso de obtención del hielo, generalmente situadas en zonas de montaña donde eran seguras las nevadas abundantes. Por otro lado, estaban las neveras de almacenaje y distribución, ubicadas en centros urbanos, donde se acumulaba el hielo procedente de las neveras de producción y se suministraba a los usuarios.

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