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Una Palma de Oro luminosa

Cannes sigue siendo Cannes. Un festival cuya fuerza parece asentarse en su famoso Marché du Film, que con más de 12.000 acreditados en cada edición determina el futuro del cine mundial.

Un reportaje de Juan Arteaga Villar Fotografía Efe - Martes, 22 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Foto de familia de los ganadores en la ya pasada edición 2018 del Festival de Cannes.

Foto de familia de los ganadores en la ya pasada edición 2018 del Festival de Cannes.

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Foto de familia de los ganadores en la ya pasada edición 2018 del Festival de Cannes.

Al inicio, Cannes parecía un festival en la encrucijada con varios frentes abiertos. Por un lado estallaba la polémica con Netflix por la no la selección de sus películas, algunas muy ansiadas por el resto de festivales al estar dirigidas por grandes directores e interpretadas por estrellas de Hollywood;por otro, la nueva línea programática de la Competición al dar entrada a nuevos directores menos conocidos planteaba también muchas dudas entre la crítica sobre la calidad a priori de algunas de las propuestas seleccionadas. Así, con titulares como “Cannes pierde influencia” o “Cannes capea el temporal” revistas tan poderosas en la industria del cine como Variety o The Hollywood Reporter daban la bienvenida al festival más mediático del mundo haciéndose eco de un malestar que afectaba sobre todo al cine de Hollywood y trataban del colocar al festival en una posición de debilidad.

Tampoco la organización tenía al resto de la prensa de su lado. El cambio de horarios de los pases de prensa con el fin de no condicionar con críticas despiadadas en Twitter los pases de gala -Sean Penn todavía estará acordándose del pase de The Last Face en 2016-, abrió una seria trinchera que Thierry Frémaux trató de superar invitando a destacados periodistas de cada país a una cena como gesto de buena voluntad. Y es que casi 5.000 periodistas acreditados es mucha prensa como para tenerla enfadada y ponerle trabas.

Como contexto, la denuncia de los abusos sexuales y reivindicación del lugar de la mujer en mundo del cine en un festival que solo ha premiado a una directora con la Palma de Oro en toda su historia justo en un año con mayoría femenina en el jurado, -aunque solo 3 competían-, lo que hizo aumentar las esperanzas de una Palma femenina que finalmente no ocurrió. ¡Paridad ya!

Aunque es claramente un festival en evolución y cambio, doce días después se puede decir que Cannes sigue siendo Cannes al despejar y superar muchas de las dudas planteadas al inicio del festival. Una fuerza que parece asentarse en gran parte en su famoso Marché du Film que con más de 12.000 acreditados cada edición determina el futuro del cine mundial desde los sótanos del Palais des Festivals.

De menos a másCon estos condicionantes empezó la competición. Pronto se vio que estaba muy medida y pensada para ir de menos a más, con una recta final de vértigo, y atravesada por películas con temáticas y opciones estéticas y éticas que dan una determinada visión de la vida, la sociedad y el mundo con los cines orientales a la cabeza.

La Palma de Oro al japonés Kore-eda va en este sentido.Shoplifters es una película humanista y luminosa, sin obviar la crítica social, sobre una heterodoxa familia que para sobrevivir se dedica a robar en pequeñas tiendas en los suburbios de Tokio. Kore-eda refleja esta realidad con dignidad y propone el cuidado y la protección mutua como formas de relación más allá de los parentescos de sangre. La película será distribuida en todo el país por Golem, la séptima Palma de Oro que distribuyen desde el año 2000.

Sin premio oficial se quedó injustamente Burning, del coreano Lee Chang-dong, que lideró las apuestas de los críticos que le reconocieron con el premio de la Fipresci. Basada en un relato de Murakami, refleja mediante un profundo estudio psicológico de los personajes y puesta en escena impresionante una historia de amor a tres condicionada por la clase social de los protagonistas.

La italiana Alice Rohrwacher fue durante la mayor parte del festival la gran favorita para la Palma de Oro por su Lazzaro felice al aunar todos los elementos contextuales que envolvían esta edición. Su película, asombrosa y bellísima, envuelve la crueldad en un tono de fábula y además tiene un alcance político, social y espiritual. Será, sin duda, una de las grandes películas del año. Supo a muy poco el premio al mejor guion compartido con Three faces, de Jafar Panahi, que retenido en su país no pudo acudir a Cannes. Rodada en clandestinidad, la película del iraní muestra las diferencias entre el mundo urbano y el rural por medio de un viaje al interior del país en un tono personal e introspectivo.

La película de Kore-eda será distribuida por Golem;la séptima Palma de Oro que distribuyen desde el año 2000

Otro director detenido, y sin premio, fue el ruso Kirill Serebrennikov, autor de Leto, donde refleja por medio de un grupo de jóvenes fascinados por el punk, Talking Heads o Joy Division la escena musical del Leningrado soviético a principios de los años 80 con un uso de un blanco y negro nostálgico. En Cold War, reconocida con el premio al mejor director -Pawel Pawlikowski-, también se usa el blanco y negro para reflejar el pesimismo y la tristeza de una pareja ante la imposibilidad de vivir su historia de amor con plenitud en la Europa de postguerra.

A mitad de festival apareció como un ovni Le libre d’images donde Godard da rienda suelta a su discurso sobre Oriente Medio jugando con el formato, el montaje de imágenes y textos. Historia viva del cine, recibió una Palma de Oro especial en el 50 aniversario de Mayo del 68.

En otra toma de postura casi política, Cannes recuperó a Spike Lee, uno de los grandes directores de las últimas décadas. Su BlacKkKlansman recibió el Gran Premio del Jurado, segundo en importancia, y además de muy divertida supone una bofetada en la cara todo los que conlleva el American first de Trump. El mayor fallo del jurado presidido por Cate Blanchett ha sido el Premio del Jurado aCafarnaúm, donde Nadine Labaki refleja y se recrea en la extrema miseria de Beirut por medio de un punto de vista que no cuestiona en ningún momento el origen político y social de esta realidad.

Como mejores actores fueron elegidos el italiano Marcello Fonte, por su trabajo en Dogman, de Matteo Garrone, donde interpreta a un cuidador de perros en un torno brutal y degradado del sur de Italia, y la kazaja Samal Yeslyamova, por su demoledora interpretación de una inmigrante sin papeles en un Moscú bajo cero en Ayka.

Sin premios pero a tener muy en cuenta el ambicioso intento de David Robert Mittchell de reflejar Los Ángeles en Under the silver lake por medio de una trama tanlynchianacomo hitchcokiana; la expiación y descenso a los infiernos personales de Lars von Trier en The house that Jack built, el recorrido vital y cultural de Christophe Honoré en Plair, aimer et courir vite y la intimista e inmensa, en todos los sentidos, Ahlat Agaci, de Nuri Bilge Ceylan.

Inciertas miradas Este año Un Certain Regard, segunda sección en importancia, no brilló tanto como la oficial. La programación acogió una muestra ecléctica donde destacó Long day’s journey into night, del chino Bi Gan, una de las grandes obras del festival, donde el director juega con el tiempo y el espacio de forma asombrosa para contar una historia de amor entre el sueño y lo imaginario. Estéticamente fastuosa. Pero el premio mayor fue para Grän, una sorprendente película sueca, dirigida por Ali Abbasi, que puede verse desde diferentes claves de lectura. Logra hipnotizar al espectador por medio de una historia que dará que hablar en los próximos meses.

Uno de los descubrimientos de Un Certain Regard fue Girl, que además de ganar la Camera d’Or y la Queer Palm, se llevó el premio al mejor actor de la sección para Victor Polster. Obra del belga Lukas Dhont, cuenta la determinación de una niña transgénero para lograr sus objetivos. A destacar también la brasileña Chuva é Cantoria na aldeia dos mortos, de Joao Salaviza y Renée Nader Messora.

Por su parte, la Quincena de Realizadores, que celebraba también su 50 aniversario, se presentaba potente mezclando nombres conocidos y otros más nuevos. Al final el premio de la sección se lo llevó un conocido de Cannes como Gaspar Noé por Clímax, que con polémica fue una de las sensaciones del festival por medio de la historia de unos jóvenes bailarines urbanos. A destacarPetra, de Jaime Rosales, que tuvo una gran acogida en la prensa internacional;la también española Carmen y Lola, de Arantxa Echevarría y Pájaros de Verano, una mezcla de antropología, western y narcotráfico dirigida por Ciro Guerra y Cristina Gallego.

En la Semana de la Crítica hay que destacar a Diamantino, una sátira política delirante dirigida por Gabriel Abrantes y Daniel Schmitdt, que aborda importantes temas actuales de la mano de un personaje inspirado en Cristiano Ronaldo;la islandesaWoman at War, de Benedikt Erlingsonn, sobre la lucha ecologista de una mujer por preservar la naturaleza del país y la húngara One Day, donde cuenta con precisión y profundidad un día de la vida de una mujer.

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