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De pinganillos y calcetines

El exciclista Imanol Murga, los directores Juan Fernández y Johan Bruyneel, el antiguo manager Pablo Antón y el periodista Alipio Núñez rememoran sus experiencias

Txema Sierra José Ramón Gómez - Martes, 22 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Imanol Murga, Alipio Núñez, Johan Bruyneel, Ángel Toña, Juan Fernández y Pablo Durán durante el coloquio que tuvo lugar el pasado jueves en el Palacio de Villa Suso.

Imanol Murga, Alipio Núñez, Johan Bruyneel, Ángel Toña, Juan Fernández y Pablo Durán durante el coloquio que tuvo lugar el pasado jueves en el Palacio de Villa Suso.

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Imanol Murga, Alipio Núñez, Johan Bruyneel, Ángel Toña, Juan Fernández y Pablo Durán durante el coloquio que tuvo lugar el pasado jueves en el Palacio de Villa Suso.

Vitoria- El Giro de Italia acaba de estrenar su última semana y restan menos de dos meses para que el Tour de Francia, sin duda la prueba reina del ciclismo, viva una nueva edición. Pues bien, algunos de los que han sido grandes protagonistas de estas citas -entre otras- estuvieron la pasada semana en Vitoria para conversas sobre sus muchas experiencias con la bicicleta como gran protagonista y ofrecer sus recuerdos y opiniones al numeroso público asistente a la charla-coloquio que tuvo lugar en el Palacio de Villa Suso. Con la presentación de la Orbea Gran Fondo que se disputará este sábado por carreteras alavesas como excusa, el exciclista profesional vitoriano Imanol Murga, los antiguos corredores y posteriormente directores Juan Fernández y Johan Bruyneel, el que fuera manager del inolvidable equipo Once Pablo Durán y el veterano periodista deportivo Alipio Núñez se sentaron a la misma mesa con el que fuera consejero del Gobierno Vasco Ángel Toña (gran aficionado a la bicicleta) como moderador.

Como en las etapas que tantas veces vivieron en la carretera, apenas hizo falta cortar la cinta protocolaria que suponía la salida neutralizada para que se desataran las hostilidades. En este caso amistosas y con el único objetivo de disfrutar de un rato agradable entre anécdotas y recuerdos imborrables.

Como no podía ser de otra manera, el Tour de Francia, la carrera de las carreras, se convirtió rápidamente en el eje sobre el que giró la tertulia. Entre otros motivos, porque sentada a la mesa estaba la persona que en más ocasiones lo ha conquistado. Nada menos que nueve como director. Antes de eso, Johan Bruyneel fue ciclista del equipo Once, donde compartió disciplina con Pablo Antón, manager de la escuadra que dirigía Manolo Saiz. “Nosotros la verdad es que al comienzo de nuestra trayectoria no éramos muy proclives al Tour, pero la realidad te va demostrando que tienes que aprender a convivir con él. Allí es donde se decide gran parte de lo que sucede dentro del ciclismo y todo tiene una repercusión enorme, muchísimo más que en cualquier otra competición”, explicó el directivo.

Un punto de vista compartido por todos los presentes. “Yo he conocido la época en la que para correr allí tenías que pagar y los equipos tenían que rascarse de lo lindo los bolsillos si querían participar. Además, ellos tenían sus propias normas y te obligaban a cambiar absolutamente todo”, recordaba Fernández.

Y esa fue precisamente una de las primeras batallas libradas por el combativo grupo de la Once. “Poco a poco conseguimos que los equipos pudiéramos llevar nuestro propio material, que no hubiera que cambiar de coche ni de marca de ropa, se firmó el convenio colectivo, un seguro de accidentes universal para todos los corredores... Muchos avances que fueron posibles debido a que se negoció por ellos en el Tour”, explicó Antón.

Tras este claro reconocimiento de la enorme trascendencia que tiene la Grande boucle para todos los que se mueven dentro del mundo de las dos ruedas, la conversación derivó hacia otro de los grandes temas de controversia de los últimos años, el pinganillo. Y, en ese punto, el acuerdo entre los protagonistas se tornó imposible. “Ha acabado con la esencia del ciclismo”, sentenció el veterano periodista deportivo Alipio Núñez, con infinidad de grandes vueltas a sus espaldas. Una afirmación a la que rápidamente respondió Bruyneel. “El pinganillo hoy en día es una herramienta fundamental. Es una fuente de información enorme, sobre todo para el propio corredor, y no resta espectáculo en absoluto. Porque al final, por mucho que te estén diciendo desde el coche, las piernas son las que mandan y si no estás bien da lo mismo que lleves pinganillo que no”, rebatió el que fuera director del U.S. Postal.

Avances tecnológicos En terrenos intermedios se quedaron los otros tertulianos. “En mi época de corredor no existía pero las órdenes desde los coches nos llegaban igual. Llegaba por detrás Txomis (Perurena) tocando la bocina del coche y gritando y te enterabas perfectamente de lo que quería”, bromeó el alavés Imanol Murga.

“Nosotros fuimos de los primeros que empezamos a utilizar hace muchos años algo parecido a lo que es el sistema actual. Se lo habíamos visto a un equipo junior de Estados Unidos y tratamos de copiarlo pegando la petaca a la parte posterior del casco. Los enormes avances de la tecnología en todos los ámbitos es probablemente la principal diferencia entre el ciclismo actual y el de hace unos años. Ahora ves desde el coche todos los puntos de la carrera, las bicicletas son espectaculares, los cambios van por wifi...”, contribuyó Antón.

Dentro de los muchos avances, el apartado de la comunicación merece un capítulo especial. “Antes de los pinganillos estaban las emisoras que hacían una función parecida, pero se había llegado a un punto bestial de espionaje. Todos teníamos escáneres para escuchar a los rivales”, desveló Juan Fernández. Sin embargo, para Alipio Núñez este camino iniciado debe ser el que explore más profundamente el ciclismo del futuro para conseguir un mayor acercamiento con los aficionados. “A mí no me gusta pero reconozco que el pinganillo no tiene vuelta atrás, como no se puede volver a las etapas de 300 kilómetros a las carreteras en mal estado por las que se corría antes. En mi opinión, ya que existe, se debería aprovechar más y hacer algo parecido a lo que se puede ver en las retransmisiones de Fórmula 1, en las que se escuchan las conversaciones de los pilotos con su equipo”, apuntó. Algo que, para sorpresa de casi todos los presentes, ya se intentó hace mucho tiempo. “José María García estaba empeñado en que le dejáramos pinchar nuestra emisora en directo para que pudiera emitir en la radio lo que se decía desde el coche a los ciclistas pero no le dejamos. Como idea era buenísima pero no creo que se vea nunca porque hay cosas que deben quedar entre el director y sus corredores”, descubrió Antón.

Últimas risas Casi sin darse cuenta, esta particular etapa ciclista llegó a sus últimos kilómetros y ahí el protagonismo recayó en el alavés Murga, hizo las delicias de los asistentes con un par de anécdotas. “En una contrarreloj del Tour yo llegué a meta un poco mosqueado porque me había pillado el que salía detrás de mí cuando yo pensaba que lo estaba haciendo bastante bien y cuando el auxiliar me indicó el camino del hotel no le hice mucho caso. Seguí pedaleando y, cuando me di cuenta, había pasado ya casi una hora estaba cayendo una tormenta de la leche y no había ni rastro del hotel. En esto que vi en la carretera de al lado un cartel que indicaba hacia la dirección de la ciudad en la que había acabado la etapa y, ni corto ni perezoso, salté la valla y me puso a dar pedales a tope. El problema era que era una autovía y al poco me pararon los gendarmes. Yo trataba de explicarles que estaba corriendo el Tour pero, claro, no me creían. Hasta que por fin vieron mi nombre en la lista de participantes. Me subieron en la furgoneta y me llevaron hasta el hotel. Yo quería que me dejaran un poco antes para que no me vieran los del equipo pero me llevaron hasta la puerta y os podéis imaginar las coñas de todos los demás”, relató Imanol entre las carcajadas de los presentes.

Y, por último, el exprofesional alavés lanzó una reivindicación a los que le han tomado en la actualidad el relevo en el pelotón. “Los avances están muy bien y hay cosas que han mejorado mucho. Nosotros por ejemplo muchas veces usábamos a Marino Lejarreta para dar las órdenes en euskera para que el resto no se enterara y hoy en día está el pinganillo, pero hay otras cosas que no tienen sentido. Como por ejemplo los calcetines hasta la rodilla que se han puesto de moda porque empezó a usarlos Froome. En bicicleta toda la vida se ha ido con calcetín corto. Llevarlo largo es lo más antiestético que puede existir y no sirve para nada”, zanjó Murga.

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