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Philippe Cohen Director del Ballet du Grand théatre de Genève

“Si los proyectos son sólidos y con buenos bailarines, el público siempre responde”

El Ballet du Grand Théatre de Genève, bajo la dirección de Philippe Cohen, acude este jueves al Principal para presentar su adaptación de ‘Tristán e Isolda’.

Carlos González Cedida - Lunes, 14 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Philippe Cohen, director del Ballet du Grand théatre de Genève.

Philippe Cohen, director del Ballet du Grand théatre de Genève.

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Philippe Cohen, director del Ballet du Grand théatre de Genève.

Vitoria-Desde 2003, Philippe Cohen dirige los designios del Ballet du Grand Théâtre de Genève, una compañía referencial dentro de la escena europea que pasa por Gasteiz antes de seguir camino en su actual tour internacional por Francia antes de volver a Suiza. En este caso, presenta al público vitoriano, con coreografía de Joëlle Bouvier, Tristán e Isolda.

El público va a ver...

-Espero que la gente se encuentre con la originalidad de un Tristán e Isolda que es único puesto que es la primera vez que se ha hecho un ballet basado en la ópera Tristan und Isolde de Richard Wagner. Es verdad que ha habido coreógrafos en otros momentos y montajes que han utilizado la primera parte de la ópera de Wagner, pero no han trabajado sobre la ópera en su conjunto. Ésta es la primera vez que se ha hecho y es lo que va a encontrarse el público.

Pero la ópera son unas cuatro horas de propuesta y este montaje que ustedes traen dura algo menos de hora y media. ¿Cómo se hace para resumir o concentrar la historia?

-Ahí ha estado el verdadero reto, lo más complicado para la coreógrafa Joëlle Bouvier. En realidad, podemos decir que Joëlle ha tenido dos desafíos que afrontar con esta propuesta. Por un lado, reducir o intentar llevar lo que relata una ópera de cuatro horas a un espectáculo de danza de una hora y veinte minutos. Y por otro, no crear una coreografía basada de manera directa o exclusiva en la ópera de Wagner. Todas las óperas, las de Wagner o las de cualquier otro compositor de este tipo, tienen un momento en el que ocurre algo y la historia se para. Lo más conocido de la ópera de Wagner es precisamente que todo está ensamblado, que la historia no tiene partes, trozos y es complicado afrontarla. Ese ha sido el mayor de los retos, afrontar ese todo.

La obra se estrenó en 2015. ¿Ha cambiado, evolucionado a lo largo de estos años?

-No, no, la obra no ha cambiado, no ha evolucionado en el sentido de transformar algo. Lógicamente, casi la hemos representado en unas 70 ocasiones en el mundo y claro, los bailarines han crecido en cada uno de sus personajes.

Ahora que lo menciona, ¿en diferentes países encuentra distintas recepciones o formas de entender la propuesta?

-No puedo valorar las diferencias de interpretación o de recepción que se pueden dar entre las actuaciones en distintos países. No me siento capaz. Lo que sí puedo decirte es que hemos estado con este espectáculo en sitios, no sé, como Tailandia, y casi siempre nos hemos encontrado con una reacción parecida. Lo que ha conseguido Joëlle es crear una pieza muy concreta en la que no hay ningún momento de dispersión. Joëlle ha guardado en el espectáculo lo esencial de la historia y eso el público que conoce la ópera de Wagner, su duración y densidad, lo está sabiendo valorar y apreciar. Y eso es algo se está percibiendo en diferentes países.

Al final, además, el amor, como la danza, es un lenguaje universal.

-Por supuesto.

En Vitoria terminan esta nueva gira por la península, aunque a la compañía le espera una agenda apretada el resto del año. Después de más de medio siglo de andadura, ¿cómo ve el futuro de su ballet?

-Soy optimista. Lo más importante, siempre, es conservar la excelencia de la compañía y hacer que los proyectos siempre sean interesantes. Quizá una de las ventajas que tiene la compañía es que yo no soy coreógrafo y eso hace que tenga el tiempo suficiente para ver y conocer, para encontrar coreógrafos, para interesarme por el trabajo y las propuestas de otros grupos. Eso me permite saber dónde estamos y por dónde ir y no ir.

Aquí la danza, en particular, y la cultura, en general, no están valoradas, una situación muy diferente a la de Ginebra y otros países, ¿verdad?

-Yo lo que veo, más allá de nuestro país, es el reconocimiento que hay hacia nuestro trabajo, con las salas llenas, y eso es algo que también nos pasa en España. Hace una semana estuvimos en Nueva York y estaba el escenario lleno. Si se muestran proyectos y coreografías sólidas, interesantes, bien hechas y con buenos bailarines, el público siempre responde.

Un día en Nueva York, otro en Vitoria, otro en Ginebra... ¿alguna vez se ha despertado sin saber muy bien dónde estaba?

-Me ha pasado más de una vez (risas). Cuando llegamos a Valladolid el otro día, veníamos de otro viaje y no sabía dónde estaba. De hecho, entre el 5 de abril y el 10 de mayo, he tomado 19 aviones.

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