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Incondicional y fiel al deportivo alaves

La afición, el gran factor diferencial

El apoyo de la grada en los peores momentos, clave para la resurrección de este curso

Borja Mallo José Ramón Gómez - Lunes, 14 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

El Deportivo Alavés se llevó el derbi ante un Athletic Club sin pegada y regaló un triunfo a su afición en el último choque de la temporada en Mendizorroza, con goles de John Guidetti, Munir El Haddadi e Ibai Gómez, mientras que Iker Muniain fue el golead

El Deportivo Alavés se llevó el derbi ante un Athletic Club sin pegada y regaló un triunfo a su afición en el último choque de la temporada en Mendizorroza, con goles de John Guidetti, Munir El Haddadi e Ibai Gómez, mientras que Iker Muniain fue el goleador visitante. (JOSÉ RAMÓN GÓMEZ)

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El Deportivo Alavés se llevó el derbi ante un Athletic Club sin pegada y regaló un triunfo a su afición en el último choque de la temporada en Mendizorroza, con goles de John Guidetti, Munir El Haddadi e Ibai Gómez, mientras que Iker Muniain fue el golead

Vitoria- El Deportivo Alavés por sí mismo puede ser uno más de entre los clubes que pueblan la Primera División, pero en estos momentos cuenta con un factor diferencial que le hace distinto al resto y que supone un elemento que a la hora de la verdad se convierte en determinante. Una afición como la que disfruta El Glorioso en estos momentos es un patrimonio con el que absolutamente nadie más cuenta en la máxima categoría y al que hay que señalar como elemento decisivo en los éxitos de las últimas temporadas. Animar cuando todo va rodado es algo al alcance de cualquiera, pero persistir en el apoyo cuando vienen mal dadas es una cuestión del todo inusual. Y, precisamente, que este equipo se haya conseguido levantar de la comprometida situación en la que se encontraba es mérito, en gran parte, a ese aliento incondicional que desde las gradas se ha ofrecido. Y especial relevancia en este sentido se le debe otorgar, con todo merecimiento, a Iraultza 1921, el motor anímico del alavesismo que con sus iniciativas lleva los últimos años empujando siempre al Alavés para convertirse en la máxima referencia en cuanto a animación en estos momentos en el panorama estatal.

Como los propios protagonistas se encargaron de rememorar en el homenaje al equipo albiazul que ascendió a la máxima categoría en 1998, aquella temporada arrancó con poco más de cuatro millares de abonados cuando se venía de rondar prácticamente el doble. En el dorado año del subcampeonato continental, el estadio del Paseo de Cervantes rebasaba con dificultades la media entrada a pesar de los éxitos sobre el césped. “Hace unos años ganábamos y nos silbaban, sobre todo a mí”. Entre la broma y la realidad, Pablo Gómez expresaba a la perfección la paradoja. “Iraultza tiene gran parte de culpa del gran ambiente que vemos ahora en Mendizorroza, siempre apoyando al equipo pase lo que pase”, continuó el vitoriano.

Hace poco más de un lustro, el cemento era el elemento más visible del estadio. Hoy en día hacerse con un abono se hace una cuestión cada vez más complicada e imposible ya en algunas zonas como el Fondo de Polideportivo. Según los datos ofrecidos por el club, 358.057 espectadores han pasado esta campaña por las gradas de Mendizorroza, lo que supone una asistencia media en la competición liguera de 18.845 personas por partido. Prácticamente, un 95 % de ocupación, que supone el porcentaje más elevado de toda la Primera División, y eso a pesar de que cinco de esos encuentros se han disputado entre semana -uno en lunes, tres en jueves y otro más en viernes- y eso supone una reducción bastante significativa en los registros de asistencia al campo.

Pero, más allá de las cifras absolutas, lo relevante es la actitud con la que se va al estadio. Y Mendizorroza se ha convertido en una fiesta bulliciosa como ninguna otra. Aficionados y representantes de medios de comunicación que llevaban años sin pisar la capital alavesa por el deambular alavesista por otras categorías de los últimos años se sorprenden con el cambio ambiental que se ha producido en los últimos tiempos y no dudan en señalar que es el campo donde en estos momentos más se nota la influencia de la grada en lo que ocurre sobre el terreno de juego.

Se trata de una cuestión que los propios futbolistas también se encargan de alabar y destacar. Las palabras de Pablo Gómez reseñando el gran cambio que se ha producido en este sentido son compartidas por muchos otros. La comunión existente en estos momentos entre grada y equipo se valora muy altamente dentro del vestuario, que sabe que tiene desde fuera un apoyo incansable y que existe la obligación de responder sobre el césped a ese compromiso poniendo todo el esfuerzo del mundo.

‘Iraultza 1921’, el motorLa clave para entender este cambio que en los últimos años se ha producido en Mendizorroza radica en la aparición de Iraultza 1921 y su crecimiento en el tiempo. Mendizorroza ya era una gran fiesta en los tiempos de la antigua General, pero la ampliación del estadio, los problemas de cohesión entre las muchas peñas que antes existían y el período negro que prosiguió al cierre de la etapa dorada del club en el cambio de milenio condujeron a que las gradas se fuesen deshabitando. En la última etapa en Segunda División B, en muchos partidos era complicado alcanzar un cuarto del aforo.

La nueva peña, en la que se agrupan la mayoría de las existentes anteriormente, vio la luz en marzo de 2012, aunque hasta 2014 no alcanzó la oficialidad. Partiendo de un núcleo muy reducido, la idea era seguir el camino de otros grupos de animación a nivel europeo -el Muro Amarillo del Borussia Dortmund es la referencia de cabecera- y convertir el Fondo de Polideportivo en una fiesta permanente en cada partido en Mendizorroza, sin dejar de animar durante los noventa minutos y ofreciendo el apoyo constante al equipo independientemente del resultado, con canciones, gritos, banderas, bufandas, pancartas o tifos, además de acompañamiento siempre en los desplazamientos.

Con unos años de bonanza deportiva, en el estadio vitoriano el ambiente y la asistencia al campo han ido mejorando cada temporada con Iraultza ejerciendo de locomotora que tira del resto del alavesismo. El ejemplo más patente se encuentra en este último derbi. La peña se encargó de organizar y sufragar el homenaje a la plantilla que consiguió el ascenso en 1998 -gastos pagados a los jugadores que tuvieron que desplazarse y sus familiares, detalles de conmemoración, invitación a la comida...-, confeccionó un espectacular tifo conmemorativo de dicho hito y también preparó unas cuantas pancartas -No estábamos muertos, estábamos de parranda o El Glorioso nunca se rinde, por poner un par de ejemplos- para festejar la permanencia. Un trabajo excepcional -altruista y con coste para sus propios bolsillos- que habla bien a las claras del factor diferencial que, dentro de una afición sensacional, supone Iraultza a la hora de apoyar al equipo.

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