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Antonio C. Guijosa Director de escena

“Pararse un rato y pensar, e incluso perder el tiempo, es algo muy necesario”

Este jueves, el escenario del Jesús Ibáñez de Matauco recibe a María Hervás, dando vida a ‘Iphigenia en Vallecas’ bajo la dirección de Antonio C. Guijosa.

Carlos González Cedida - Lunes, 16 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Antonio C. Guijosa, director de orquesta.

Antonio C. Guijosa, director de orquesta.

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Antonio C. Guijosa, director de orquesta.

Vitoria- Tras la buena acogida en Madrid, esta semana llega a la programación de la Red de Teatros esta adaptación del texto de Gary Owen. La cita con el público en el centro cívico Hegoalde será el jueves a partir de las 20.30 horas, quedando todavía entradas disponibles por un precio único de 15 euros cada una.

María Hervás es la protagonista de un texto que ella misma ha adaptado. ¿Difícil entrar en medio y lidiar con una y otra?

-Desde que conocí a María en un curso, me pareció un monstruo de la naturaleza. Luego tuvimos la suerte de coincidir en algunas historias hasta que llegó un día en el que dijimos: ¿hacemos algo? Ella me comentó que tenía un proyecto que no sabía del todo cómo sacar adelante. A mí me gustó... y aquí estamos. El trabajo con la actriz y con la adaptadora ha sido muy sencillo. Ella tiene una capacidad de trabajo que es brutal y avanzas muy rápido. Todo los pasos que hemos dado han sido acordados, sin necesidad, por así decirlo, de tener que tirar de jerarquías. Además, somos los dos productores, así que tampoco está muy claro quién manda más (risas). Los dos hemos confiado en nuestro trabajo respectivo.

A pesar de la referencia en el título al mito clásico, trasladan al espectador al hoy de un barrio que podría estar ubicado en cualquier punto del Estado.

-Y de muchos más sitios. El texto de Owen está ambientado en Cardiff (Gales) y podría funcionar en cualquier ciudad de Europa donde la crisis ha afectado. Pero también nos podríamos ir a muchos puntos de Latinoamérica y países con menor desarrollo económico. Al final, esta obra habla de los que soportan el peso de las decisiones políticas cuando se hace algo que favorece a unos pocos a costa de otros muchos. En España estamos hablando de las clases medias y bajas, pero no podemos ocultar que Estados Unidos y Europa viven de explotar a Latinoamérica y África.

¿Cómo es su Iphigenia?

-Es una chavala de barrio. De primeras, se nos presenta un estereotipo: una chica maleducada, sin estudios, que coquetea con las drogas... Lo interesante para mí, lo que más me gustaba de ella, es que nosotros, como clase media o media-baja, nos sentimos, de alguna manera, autorizados a despreciarla porque no tiene cierta educación, no tiene unos modales, unas posibilidades económicas... Es decir, no tiene una serie de cosas que a nosotros nos hacen sentirnos seguros y afirmarnos en una entidad. Nos sentimos con derecho a mirarla por encima del hombro. Ese es el personaje que se nos presenta. Lo que pasa es que ese personaje tiene una nobleza y un recorrido que es necesario seguir, y que va a ser el que nos cambie la perspectiva.

Llega un momento en la que intenta cambiar su vida.

-Eso es. Es verdad que es una mujer que, en el plano vital, no tiene rumbo. En un momento dado tiene un encuentro con un tipo que le hace pensar que tiene una misión que cumplir, que tiene un sentido lo que puede hacer. En los dos personajes, pero sobre todo en Iphigenia, es el amor lo que hace que piensen que tienen algo que hacer, que pueden dar una dirección a sus vidas.

¿Sería imposible el personaje principal si fuera hombre?

-No, pero hay condicionantes que lo hacen imposible. Uno es el histórico, el personaje mitológico de Iphigenia. Ella significa el sacrificio individual en pos del colectivo. Es el tema central también de este montaje, en el que se habla de una persona que sacrifica algo en pos de los demás. Iphigenia es una mujer y es bueno que lo sea. Si hacemos un análisis de lo que es nuestra sociedad, la mujer soporta más sacrificios que el hombre y se le exigen muchas más cosas. Nosotros, en este sentido, tenemos una posición de privilegio. Pero en la obra no es algo, el hecho de que ella sea mujer, que se subraye de manera especial.

No sólo se ve en esta obra, así que ¿hasta qué punto referencias a personajes clásicos en montajes actuales como Iphigenia hablan de lo poco que ha cambiado el ser humano en cuanto a las cuestiones básicas de su existencia y comportamiento?

-Hay hechos en nuestra vida que siguen estando ahí: las relaciones familiares, el sacrificio, la relación con la sociedad... Los mitos lo son porque encarnan pulsiones que son comunes a todos. Vamos a ver qué nos depara el futuro. El otro día estaba leyendo a un filósofo argentino que venía a decir que dentro de no mucho, a nivel científico, vamos a poder no morir, si queremos. En ese momento, el ser humano dejará de ser humano, dará un salto que condicionará todo lo que somos. Y, sin embargo, muchos de los asuntos que tratan los mitos, seguirán estando ahí. El quién soy, por mucho que no me vaya a morir, seguirá estando presente.

En este siglo XXI en el que vive su Iphigenia, ¿da tiempo a pararse a reflexionar en estas cosas?

-Desde luego, el modelo que se nos está imponiendo no es para detenerse a pensar. Pero es bueno detenerse. Yo lo hago con el teatro, con el cine... pero cada persona sabe cuál es su camino para ello. Necesitamos encontrar esos momentos de parar, de dejarse ir, de reflexionar sobre otras cuestiones. Son instantes muy necesarios. Pero es verdad que no nos los proponen. El modelo es: haz muchas cosas, se productivo, aprovecha todo el tiempo que tienes para hacer el máximo posible, y serás feliz. No tengo muy claro que sea un modelo acertado. Yo creo que pararse un rato y pensar, e incluso perder el tiempo, es algo muy necesario.

En ese trabajo diario, ¿Iphigenia en Vallecas es, tras su estreno en 2017, su pasado o sigue siendo su presente?

-Como María y yo somos también productores del montaje, sigo pendiente. De hecho, me tocan esas cosas de reservar billetes, hoteles... Hay un montón de estas cosas que a la gente les parecen prosaicas, pero que son importantes y llevan mucho tiempo. Sigo acudiendo a los bolos y para mí es presente y futuro. Así María también puede estar un poco más tranquila en el antes de cada representación, que es algo importante porque está haciendo trabajos para televisión y cine en paralelo.

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