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castores en el Zadorra, Baias, Ega y Zirauntza-Arakil

Un regreso monitorizado

Dos ejemplares de castor europeo fueron atropellados en la comarca de Montaña Alavesa, aunque la buena noticia es que se ha detectado la presencia de esta especie en los cauces de los ríos Zadorra, Baias, Ega y Zirauntza-Arakil

Pablo José Pérez - Lunes, 16 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:04h

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Un ejemplar de castor europeo fotografiado en libertad en el cauce de un río. En el recuadro de la parte inferior, uno de los dos ejemplares que fallecieron atropellados en una carretera de la comarca alavesa de la Montaña Alavesa.

Un ejemplar de castor europeo fotografiado en libertad en el cauce de un río. En el recuadro de la parte inferior, uno de los dos ejemplares que fallecieron atropellados en una carretera de la comarca alavesa de la Montaña Alavesa.

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  • Un ejemplar de castor europeo fotografiado en libertad en el cauce de un río. En el recuadro de la parte inferior, uno de los dos ejemplares que fallecieron atropellados en una carretera de la comarca alavesa de la Montaña Alavesa.

Vitoria- El Departamento de Medio Ambiente de la Diputación Foral de Álava viene realizando desde hace años un seguimiento de la presencia del castor europeo en el territorio histórico así como de la incidencia que ocasiona en el medio natural donde se ha detectado algún ejemplar, aunque ésta -de momento- ha sido irrelevante.

Esta especie, que fue autóctona en el país, aunque desapareció a causa de su caza para obtener su piel ha vuelto a ponerse de actualidad, porque en febrero se produjeron dos atropellos de otros tantos ejemplares en carreteras de la comarca de Montaña Alavesa. Precisamente esa región es uno de los pasos naturales desde territorio navarro de estos animales, donde existe una cifra importante. Y, aunque a nivel nacional no existe un criterio sobre qué hacer con los castores, lo cierto es que este país en el único de la Unión Europea que considera el castor como un animal exótico e invasivo. En el resto de Europa, está protegido.

En Álava, según confirma el Departamento de Medio Ambiente, la Diputación Foral comenzó el seguimiento en el año 2011 tras detectarse un ejemplar en Logroño. Tras un barrido por las diferentes cuencas fluviales de Álava, no se constató presencia en el territorio. En los años posteriores y hasta la actualidad, la Diputación ha continuado haciendo un seguimiento al castor y gracias a esos controles se confirma que, a partir del año 2014, se ha detectado su presencia en Álava. En concreto, se ha expandido desde el río Ebro por Rioja Alavesa hasta llegar a La Puebla de Arganzón por el río Zadorra y hasta Ribabellosa por el río Baias. Dos años después, en 2016, se detectó su presencia en el río Ega, más allá de Santa Cruz de Campezo, y en 2017 se encontraron rastros en el Zirauntza-Arakil, lo que evidenció su entrada desde Navarra. En el último año, ya se constata su presencia en zonas cercanas a localidades como Maeztu y Araia.

Los encargados de buscar las evidencias encuentran, principalmente, evidencias de su presencia, como huellas, restos de ramas comidas -que son la base de su manutención-, marcas en troncos de choperas e, incluso, la presencia de ejemplares en vivo mediante fotografía y vídeo en una balsa de la piscifactoría de Santa Cruz de Campezo. A estas evidencias se añaden, lamentablemente, los dos ejemplares, que aparecieron tras ser atropellados en la carretera A-132 en la comarca de Montaña Alavesa. Como conclusión, el Departamento foral de Medio Ambiente confirma que los datos indican que la especie se está expandiendo por el río Ebro y sus afluentes en el ámbito mediterráneo. Sin embargo, todavía no se ha constatado el asentamiento de grupos familiares en Álava. Es por ello que, hasta que el Ministerio y la Comisión Europea no resuelvan una decisión definitiva a este respecto, la Diputación Foral de Álava ha decidido no establecer medidas específicas de gestión, salvo el seguimiento de la evolución de la especie y de su interacción con el medio natural y social.

Suelta en 2003Como se señalaba anteriormente, el castor existió en este país anteriormente, incluso desde la prehistoria, pero desapareció a causa de la caza. Sin embargo, en el año 2003 un grupo de activistas centroeuropeos, procedentes de Baviera, introdujeron en nuestro país un total de 18 ejemplares, en un punto de tramo navarro del río Ebro. Esta repoblación se hizo, como se ha realizado con otras especies invasivas, sin permisos, ni estudios previos o controles de ningún tipo.

El medio era adecuado para su supervivencia, así que fue prosperando por el valle del Ebro ocupando franjas no solo de Navarra sino también de las comunidades autónomas de La Rioja y Aragón. En La Rioja se han capturado unos 150 ejemplares entre Logroño y Alfaro;en Aragón se han observado rastros por todo el curso del Ebro, de Novillas a El Burgo, además del río Onsella. En Navarra se calcula que existen entre 500 y 600 animales. En el caso de La Rioja, la manera de controlarlos es mediante la colocación de trampas para capturarlos con vida ya que posteriormente se envían a lugares donde pueden acogerlos y cuidarlos situados en Asturias y Cantabria.

Con la suelta de castores hace más de tres lustros en el río Ebro este roedor de grandes dimensiones regresa a una tierra que ya habitó en el pasado, aunque no se trate de la especie autóctona que las excavaciones arqueológicas han demostrado que existió. La Universidad de Zaragoza ha sido quien ha profundizado más en el estudio de este animal y gracias a la paleontóloga Gloria Cuenca Bescós, del grupo Aragosaurus del Instituto Universitario de Ciencias Ambientales (IUCA) de la Universidad de Zaragoza, miembro además del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA), ha demostrado que el castor europeo, Castor fiber, vivió en Atapuerca hace 1,4 millones de años.

Se ha tratado de averiguar si aquellos neandertales lo cazaron para comer o usar su piel, ya que han aparecido abundantes fósiles de esa época en las regiones cántabra, las dos Castillas, Madrid y Valencia y, del periodo del Homo sapiens, en Navarra, Aragón, Cataluña, Andalucía y Portugal.

No se ha podido verificar, pero a través de otros documentos sí se ha comprobado que los europeos de la Edad Media sí los cazaban con ese fin y también para aprovechar la substancia procedente de una glándula llamada castóreo, usada en la farmacia antigua. Lo que sí parece claro es que los castores desaparecieron de la península ibérica entre los siglos IV y VI, aunque algunos investigadores mantienen que hubo ejemplares hasta mediado el siglo XIX, pero se han mantenido en el norte europeo, donde se calcula una población de entre 600.000 y 700.000 ejemplares, según algunas organizaciones ecologistas.

Tras ser detectados los castores introducidos ilegalmente en el Ebro, los gobiernos riojano y navarro realizaron una consulta en el año 2007 a la Comisión Europea sobré si se podían erradicar. Llama la atención de los colectivos que aunque el castor europeo es una especie protegida en Europa, la Unión no se opuso a su erradicación del territorio que habían ocupado, por lo que esas administraciones y la aragonesa, suelen capturar ejemplares vivos todos los años.

Paraíso de la diversidad

vitoria- La presencia de castores en Montaña Alavesa es una muestra de la calidad del medio natural de una zona en la que siempre hubo una rica diversidad de fauna, aunque ésta fuera perseguida y sus cazadores recompensados.

Según recuerda un estudio del historiador Gerardo López de Guereñu, en Montaña Alavesa hubo una rica muestra de animales dañinos, como los calificó la historia. Abundaron los gatos nirvales, los tigres, que fueron muy perseguidos entre los siglos XVI al XIX. Supuestamente, en 1907 se capturó el último. También había lobos, en buena medida procedentes de Urbasa, hasta el punto de que, la Junta de Santa Catalina del 18 de noviembre de 1818, destinó 75.000 reales para premiar su caza. El último fue capturado en Lagrán en 1886. En esa localidad se conserva un lugar llamado La pieza del lobo, donde al parecer un animal mató a una mujer. Por último, también abundaron los osos, que fueron eliminados alrededor de 1700. Según el único censo reconocido, entre 1552 y 1700 se cazaron 94 osos adultos y se capturaron 22 oseznos.

En la actualidad, y gracias a los esfuerzos conservacionistas, Montaña Alavesa ha mostrado su idoneidad para reintroducir las águilas Bonelli en la zona de Antoñana y en Izki, además de superar las 100 especies diferentes de mariposas, entre ellas la rara Apolo, se mantiene la mayor población del Estado del ave pico mediano, un colorido pájaro carpintero, entre otra numerosa fauna. De ello da buena fe la presencia en la comarca de alimoches, abejeros comunes, alcotanes, azores, águila culebrera y gato montés, además de jabalíes, corzos y ciervos. - P.J.P.

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