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Redes sociales, privacidad y seguridad

Por Mikel Ustaran - Lunes, 9 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Los espectaculares escándalos de Facebook, Google, WhatsApp, etc. merecen una reflexión por parte de todos los implicados.

Pulsamos un interruptor y se enciende la luz, funciona un aparato, arranca una máquina… ¡Qué gran descubrimiento la electricidad! Pero pagamos por su uso... Abrimos un grifo y sale agua, la bebemos, nos duchamos, cocinamos, regamos… ¡Qué gran recurso el agua! Pero pagamos por su uso… Marcamos unos números y hablamos y hasta nos vemos con nuestros familiares, amigos, clientes… ¡Qué gran invento el teléfono! Pero pagamos por su uso… Y así podemos pasar revista a todos esos elementos que contribuyen a nuestro bienestar... ¡Qué grandes compañeros! Pero pagamos por su uso…

Hacemos un clic y nos conectamos a las redes sociales, buscamos todo lo que deseamos, preguntamos lo que no sabemos, enviamos y recibimos mensajes, nos descargamos lo que nos place, publicamos lo que se nos antoja, compramos y vendemos, contratamos viajes, hacemos maravillas, en suma. ¡Qué increíbles aplicaciones!...Y no pagamos por su uso. Son gratis… Bueno gratis… ¿Porque, cómo es posible que las empresas que gestionan todas esas maravillosas aplicaciones, no cobren por su uso y tengan ingentes beneficios?

Pues muy sencillo. Cada vez que usamos cualquiera de sus aplicaciones, con total libertad, como si fuese algo natural, sin tener conciencia de su transcendencia…y sin pagar nada por ello, dejamos cantidad de huellas, de datos, que esas empresas comercializan con pingües beneficios. Y este es el quid de la cuestión. Porque queremos privacidad y seguridad en nuestra intimidad, en nuestras actividades, en nuestros datos, disfrutando de todas esas aplicaciones…pero gratis.

Pues algo habrá que pagar -seguramente mucho, dado lo que recibimos- o tendrán que seguir comercializando con nuestros datos. Y aquí viene el dilema. Porque los usuarios tenemos derecho a nuestra privacidad y seguridad. Y las empresas tienen derecho a su negocio y beneficio. Para equilibrar con justicia la balanza, se requiere ética y responsabilidad en ambas partes y en sus respectivas actuaciones.

Como usuario, no se debe ser analfabeto, ignorante, inconsciente o irresponsable. Hay que conocer el instrumento que usamos, saber lo que estamos usando y cómo lo estamos haciendo en cada momento. Y en consecuencia, actuar con ética y responsabilidad. Es un asunto de educación ética individual.

Como empresa, no se debe enfocar el negocio sólo en base al beneficio. Hay que hacerlo con cultura ética y con responsabilidad, conociendo y cumpliendo toda la legislación que garantice la privacidad y seguridad de los usuarios. No por evitar las terribles posibles multas por incumplimientos -que las hay, y muy gordas- sino para, actuando éticamente, evitar escándalos, desprestigios, descapitalizaciones bursátiles, pérdidas económicas, quiebras y hasta la desaparición de la empresa. En suma, predicando, practicando, vendiendo y demostrando seguridad, fiabilidad y confianza total al usuario en cuanto a su privacidad. Es un asunto de cultura ética empresarial.

Ah, y los políticos legislando y controlando el ético uso de las aplicaciones por parte de empresas y usuarios, para garantizar la privacidad y seguridad de estos, junto a la veracidad y respeto de su uso. Y con la agilidad y prontitud necesarias para anticipar y adaptar el desarrollo legislativo al tecnológico. Porque, por ahora, el primero va con retraso respecto al segundo. O dicho de otra manera, “los ingenieros corren más que los abogados”… Los avances tecnológicos han sido inimaginables hace unos años. Y los desarrollos futuros ni nos los figuramos... El desfase tecnológico/legislativo se puede paliar, incorporando expertos técnicos y jurídicos en la materia en los equipos tanto de investigación tecnológica como legislativa, para que ambos desarrollos vayan “de la mano”. Los expertos técnicos y jurídicos en estas materias tienen la responsabilidad y obligación de asesorar y apoyar ética y adecuadamente a políticos, empresas y usuarios para el correcto cumplimiento de las funciones y responsabilidades de cada uno. Una misión transcendente en la vida.

Es un asunto de cultura ética profesional. Como vemos, todos estamos implicados…

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