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Desarme, penúltimo acto

Cerca de 3,5 toneladas de armas y de explosivos. Es el arsenal que se incautó hace un año en los zulos cuya ubicación ETA había trasladado a la sociedad civil. Las autoridades galas dejaron actuar a los voluntarios que impulsaron el proceso

Un reportaje de Javier Núñez - Domingo, 8 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Los voluntarios civiles dieron paso a los agentes de la Policía francesa que se hicieron cargo de los zulos como el que aparece en la imagen, ubicado en Senpere.

Los voluntarios civiles dieron paso a los agentes de la Policía francesa que se hicieron cargo de los zulos como el que aparece en la imagen, ubicado en Senpere. (Foto: Afp)

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Los voluntarios civiles dieron paso a los agentes de la Policía francesa que se hicieron cargo de los zulos como el que aparece en la imagen, ubicado en Senpere.

se cumple hoy justo un año desde que ETA se considera una organización “desarmada”. Tras el cese de su acción violenta, ese fue un segundo paso que tendrá su colofón en la desmovilización o disolución de la banda, que desde su entorno aseguran que se producirá antes del verano.

El 17 de marzo de 2017, y en declaraciones aLe Monde, Txetx Etcheverry, uno de los denominados Artesanos de la Paz, ponía fecha al desarme de ETA. Etcheverry, que aseguró hablar en nombre de la “sociedad civil”, afirmó que la banda les había encargado la “responsabilidad” de liderar el proceso de entrega del armamento y que el 8 de abril se iba a producir el desarme total de la organización. El viernes 7 de abril, ETA envió a la BBC un comunicado, redactado en inglés y español, en el que explicaba que las armas y explosivos que hasta entonces disponía ya no estaban bajo su control, sino en manos de la “sociedad civil”, que había dado “un paso al frente para asumir la responsabilidad política y técnica del desarme”. Se llegaba de este modo a un punto final que había tenido como preludios a esperpénticas entregas de armas como la sucedida en febrero de 2014 o actuaciones policiales que desbarataron intentos más serios, como el que tuvo lugar en Luhuso en diciembre de 2016, cuatro meses antes del desarme total de ETA.

Tras anunciar el final de su actividad armada -el 20 de octubre de 2011- el siguiente paso de ETA debía ser su desarme, algo que debía ser ratificado por la Comisión Internacional de Verificación (CIV) liderada por Ram Manikkalingam. Sin embargo, tuvieron que transcurrir casi tres años para que en febrero de 2014 la banda tratara de evidenciar un primer paso hacia su desarme con la entrega por parte de dos encapuchados a los miembros de la Comisión Ram Manikkalingam y Ronnie Kasrils de apenas cuatro armas de fuego y unos kilos de material para fabricar explosivos. Lo que se pretendía que fuera un acto importante de entrega de material acabó convirtiéndose en una esperpéntica escenificación que decepcionó a los partidos y a las instituciones que habían apostado por el desarme de la organización.

Lo cierto es que hubo de pasar varios años para que, ante la intransigencia de los gobiernos de España y Francia, fuera la denominada sociedad civil la que se implicara en el proceso desarme. Así, un jalón importante tuvo lugar el 16 de diciembre de 2016. La Policía gala detuvo a cinco personas: Béatrice Molle, Michel Bergouignan, Michel Berhokoirigoin, Txetx Etcheverry, y Stéphane Etchegaray Etxe. En un caserío de Luhuso, las fuerzas de seguridad francesas encontraron dos granadas, 29 armas cortas, 9 fusiles de asalto, 12 metralletas, más de 3.000 municiones, gran cantidad de explosivos, material para fabricarlos, detonadores y temporizadores, material que iba a ser destruido. La sociedad civil había intentado dar un paso para abordar el desarme de ETA, un paso abortado por los Gobiernos de Francia y España.

Tras la operación de Luhuso, los Artesanos de la Paz fueron conscientes de la necesidad de colaborar con las instituciones vascas para que el proceso de desarme dispusiera de respaldo institucional y para que las instituciones vascas actuaran como facilitadores del proceso. Así, mantuvieron una comunicación constante con el Gobierno Vasco, el Ejecutivo navarro y la Mancomunidad Vasca en Iparralde. De este modo, previamente al anuncio realizado por Txetx Etcheverry, el lehendakari Iñigo Urkullu se reunió con Mariano Rajoy en La Moncloa para informarle sobre el proceso de desarme y solicitarle que no lo obstaculizara. Simultáneamente, el presidente de la Mancomunidad Vasca, Jean-René Etchegaray, envío una carta al Gobierno francés para que propiciara el desarme de ETA o, al menos, no lo dificultara.

Ante la determinación de la sociedad civil organizada y la implicación de las instituciones vascas, además del deseo de zanjar definitivamente la cuestión del desarme de ETA, las autoridades francesas flexibilizaron su postura. La decisión de François Hollande de no presentarse a la reelección y la proximidad de los comicios presidenciales -la primera vuelta tuvo lugar el 23 de abril- fueron dos premisas clave. Consciente del carácter delicado de la operación, técnica y políticamente, que se iba a realizar el 8 de abril, Hollande puso al frente del proceso a tres personas de su máxima confianza: el primer ministro, Bernard Cazeneuve;la senadora Frédérique Espagnac, y el delegado del Gobierno en los Pirineos Atlánticos, Éric Morvan.

Día D, Entrega consumada Y llegó el Día D. El 8 de abril de 2017, la Comisión Internacional de Verificación entregó al fiscal del Tribunal de Gran Instancia de Baiona una lista con la ubicación de los zulos donde se encontraba el armamento de ETA. La lista iba acompañada de documentos en euskera en los que aparecía el supuesto contenido en cada uno de ellos, y que fueron entregados a la Policía Judicial francesa.

172 voluntarios civiles se encargaron de custodiar los zulos hasta que las autoridades galas se hicieron cargo del armamento allí almacenado. En total, se decomisó 120 armas de fuego, tres toneladas de explosivos y varios miles de municiones y detonadores. Es fue la cifra que dejó el desarme. Los inventarios de armas encontrados en cada uno de los ocho zulos -fechados en 2015 y 2016- detallaban el contenido de los arsenales que ETA entregó a las autoridades francesas, enumerando de manera detallada las marcas, los modelos, el número de armas y la cantidad de explosivos y productos químicos como amonal, ácido sulfúrico, nitrometano o polvo de aluminio.

La mayor concentración de explosivos se encontró en el zulo situado en Barkoxe, donde la banda había depositado un total de 769 kilos, seis pistolas y revólveres, 600 balas, además de 65 detonadores y 13 dispositivos. Además, en el depósito de Etxarri se localizaron más de media tonelada de explosivo, 19 armas, 20 dispositivos, 322 detonadores, 516 balas y 35 metros de cable.

Por su parte, el mayor número de armamento entregado se situó en Senpere, donde había 53 pistolas y rifles, además de 156 kilos de explosivos, 1.450 balas y 159 temporizadores. Todo oculto junto a una zona de recreo y a cinco metros de un chalet. Entre las poblaciones de Audaux y Castetbon se encontraron una docena de armas, casi 10.000 balas y municiones para distinto armamento, unos 543 kilos de explosivo, 45 dispositivos y siete manuales de instrucción. Además, en el depósito de Lahontan se hallaron ayer más de 326 kilos de diversos tipos de explosivos y 128 dispositivos diferentes, mientras que en Araujuzon había 31,5 kilos, alrededor de 3.500 balas y municiones, 211 temporizadores, cuatro dispositivos para fabricar bombas lapa, cerca de media docena de armas y 100 placas para vehículos. Las otras dos localizaciones facilitadas por la banda se ubicaban en los alrededores de Maslaq y Viellenave de Navarrenx. Se encontraron media docena de armas de fuego en cada uno de ellas.

Un día después, la Comisión Internacional de Verificación daba por finalizada una labor iniciada hacía más de cinco años, en septiembre de 2011. Ram Manikkalingam, líder de los verificadores, aseguró que ETA estaba desarmada y había puesto bajo control de las autoridades judiciales francesas los zulos con las armas que disponía. “Esto es el desarme de ETA. En la siguiente fase la CIV no estará involucrada”, afirmó.

Manikkalingam señaló que el paso dado por ETA suponía “la victoria de la democracia sobre la violencia” porque se constata el desarme de la última organización armada que quedaba en Europa. Además, tuvo palabras de especial agradecimiento al lehendakari Urkullu “por su apoyo todos estos años” y a aquellos con los que la Comisión había “trabajado estrechamente”, en referencia a partidos políticos, sindicatos, patronal y la Iglesia católica vasca. Manikkalingam se entrevistó personalmente con Urkullu y en la rueda de prensa que ofreció posteriormente junto al lehendakari en Donostia, resaltó el paso histórico del desarme como eje básico que “ayude a consolidar la paz y la convivencia”.

Francia y EspañaPor su parte, el primer ministro francés, Bernard Cazeneuve, aseguró que la entrega de armas suponía “una etapa decisiva hacia el fin del terrorismo independentista vasco”, y subrayó que la cooperación policial y judicial con España es lo que había permitido acabar con “esa deriva”. Cazeneuve precisó que el desarme formalizado se realizó bajo el mandato de la justicia, “como lo exigen el Estado de Derecho y los principios republicanos”. Por su parte, la Justicia francesa mostró su total disposición a colaborar con las autoridades españolas.

Tras la operación policial de Luhuso en diciembre de 2016, las autoridades galas decidieron dejar hacer en abril del pasado año cuando ETA dio el paso del desarme

Los ‘Artesanos de la Paz’ eran conscientes de la necesidad de implicar a las inst

El Gobierno español, que en este último estadio del proceso de desarme decidió ponerse de lado y dejar actuar a las autoridades galas, emitió un comunicado el mismo 8 de abril en el que señalaba que el desarme no era más que “la consecuencia de la derrota definitiva de ETA por la democracia española, con las armas de la ley, la unidad política y la cooperación internacional, así como por la eficacia y entrega de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado”.

El círculo de las armas de ETA comenzó a cerrarse el 5 y 6 de febrero de este año 2018 cuando las autoridades galas entregaron a España más de 300 armas, que serán objeto de estudios balísticos para cotejarlas con atentados sin esclarecer cometidos en el Estado español.

algunos Antecedentes

Según explicó Ram Manikkalingam, líder de la Comisión Internacional de Verificación (CIV), en esa fecha, enero de 2014, ETA dio el primer paso para su desarme con el sellado de una cantidad específica de armas.

La CIV presentó en Bilbao un inventario de armas que apenas ocupaba folio y medio, que la banda había dejado “fuera de uso”. ETA inutilizó apenas cuatro armas de fuego y 16,5 kilos de material para fabricar explosivos.

La operación se saldó con cinco detenidos y fue el primer paso de la sociedad civil. Se incautó 29 armas cortas, 9 fusiles de asalto, 12 metralletas, 3.000 municiones y gran cantidad de explosivos, material que iba a ser destruido.

Los zulos descubiertos

Barkoxe. En este zulo es donde se encontraron más explosivos. Fue donde la banda había depositado un total de 769 kilos, además de seis pistolas y revólveres, 600 balas, además de 65 detonadores y 13 dispositivos.

Etxarri. Otro de los zulos donde se encontró abundante material. Se localizaron más de media tonelada de explosivo, 19 armas, 20 dispositivos, 322 detonadores, 516 balas y 35 metros de cable.

Senpere. Lo que ocultaba este zulo se encontraba ubicado junto a una zona de recreo y a apenas cinco metros de un chalet. Fue un zulo donde había abundante armamento. En concreto, el zulo ocultaba 53 pistolas y rifles, además de 156 kilos de explosivos, más de 1.450 balas y 159 temporizadores.

Audaux. En el zulo de Audaux se encontró una docena de armas, casi 10.000 balas y municiones para distinto armamento, unos 543 kilos de explosivo, 45 dispositivos y manuales de instrucción.

Castetbon. Era un zulo similar al de Audaux y en el se encontró una decena de armas, un millar de balas y municiones para distinto armamento, media tonelada de explosivo, 45 dispositivos y siete manuales de instrucción.

Lahontan. Había más de 326 kilos de diversos tipos de explosivos y 128 dispositivos diferentes.

Araujuzon. En el zulo había 31,5 kilos, 3.500 balas y municiones, 211 temporizadores, cuatro dispositivos para fabricar bombas lapa, media docena de armas y 100 placas para vehículos.

Maslacq y Viellenave. Había media docena de armas de fuego en cada uno de estos zulos.

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